domingo, 6 de septiembre de 2009

Los heroicos españoles al servicio del Fuhrer

Tras cinco semanas de entrenamiento en Grafenwöhr, el 20 de agosto de 1941 la división fue considerada adecuadamente preparada y transportada en tren hasta la frontera germano-soviética. Por entonces, la frontera se encontraba a más de 1000 km hacia el este y para alcanzarlo tuvo que marchar a pie. Tras llegar a Esmolensko, donde se suponía que tenían que unirse a la ofensiva del Grupo de Ejército Centro contra Moscú, la División Azul se encontró siendo enviada al norte, hacia Leningrado, donde se convirtió en parte del 16.º Ejército alemán. Los españoles tuvieron su bautismo de fuego el 12 de octubre de 1941, cuando fueron desplegados en la línea entre el lago Ilmen y la orilla oeste del río Volkhov. Cuatro días después comenzó una gran ofensiva alemana contra Leningrado, en donde la gloriosa División Azul da inicio a su leyenda demostrando la grandeza y honor de esos valientes voluntarios de una larga estirpe guerrera. Lamentablemente los duros combates, en los cuales ningún fiero español retrocedía, sino que preferían morir con honor, y el devastador frío, lo único realmente de temer que tenían los comunistas como para poder enfrentar a los alemanes y españoles, pasaron su factura a los combatientes. Muertos, heridos y congelados, redujeron las filas españolas tan seriamente que en Madrid se temió que la división se fuera a desintegrar. Dado que era el honor de España y la lucha contra el despiadado comunista, más que el destino de una división, era lo que estaba en juego, nuevos reemplazos fueron enviados con rapidez al frente. La división sería parte de la fuerza que asediaba Leningrado durante el resto de su estancia en Rusia. En ocasiones, los soviéticos montaban contraofensivas y seguidamente los alemanes lanzaban otro asalto en un intento de penetrar en la ciudad. Los españoles estuvieron siempre en la vanguardia de esas acciones, pero según la situación de la guerra empeoraba para el Eje, los británicos ejercían más presión sobre Franco para que declarara la absoluta neutralidad de España y retirara a sus fuerzas de Rusia. En la primavera de 1943, los españoles comenzaron las negociaciones con los alemanes para la retirada de la División Azul, si bien la orden para no hacerlo no le fue dada al general Emilio Esteban-Infantes hasta el 14 de octubre de 1943 (había reemplazado al general Muñoz Grandes como comandante de la división en diciembre de 1942). Con la repatriación preparada, los oficiales hicieron un llamamiento para conseguir voluntarios con los que crear la División Voluntaria o Legión Azul, como se la conocía extraoficialmente. El ministro español de Asuntos Exteriores y el ministro del Ejército fueron incapaces de ponerse de acuerdo en el tamaño de la legión. Desesperado, Esteban-Infantes envió en avión a Madrid al teniente coronel Díaz de Villegas, donde en la mañana del 4 de noviembre se le concedió audiencia con el general Franco, que tardó 20 minutos en tomar una decisión. Para aplacar el resentimiento de los alemanes y de los propios voluntarios, se anunció que se permitiría una “Legión Española” de entre 1000 y 1500 hombres permanecer y continuar la batalla contra el comunismo. Esto significaba que había voluntarios de más. La legión estuvo a las órdenes del coronel Navarro y se conoció como Legión Española de Voluntarios (LEV), que fue asignada a la 121.ª División del Ejército Alemán. Tras dejar a Díaz de Villegas al mando de los restos de la división, Esteban-Infantes voló a Berlín, el 16 de noviembre, para terminar los acuerdos con el alto mando alemán referentes a la división, la legión y las muchas organizaciones de servicios españolas que había en Rusia. El 20 de noviembre de 1943, mientras continuaba el proceso de repatriación de la División Azul, los 1500 voluntarios de la Legión Azul fueron reunidos en un campamento en Yamberg, en la frontera letona. La legión estaba mandada por el coronel Antonio García Navarro y consistía en miembros del cuartel general y la 1.ª y 2.ª Bandera (batallones) mandadas por los comandantes Ibarra y Navarro, respectivamente. Había una 3.ª Bandera mixta con tres compañías de artillería, armas antitanque, zapadores, señaleros y elementos de reconocimiento al mando del comandante Virgili. Tras las operaciones iniciales contra los partisanos a ambos lados de la carretera de Narva, la legión fue transportada hacia el este, hacia Begolovo, Schapki y Kostovo, donde fue adscrita a la 121.ª División alemana. Al cargo de un frente de 11 km, los españoles rechazaron dos fuertes ataques soviéticos el 24 y el 25 de diciembre, con un terrible clima invernal. Un día antes, el 23 de diciembre, el general Esteban Infantes había volado hasta Madrid, mientras que a la mañana siguiente el teniente coronel Díaz de Villegas se embarcaba en un Junkers Ju 88 en Nikolayevka; era el último soldado de la División Azul en dejar el frente. Si bien la capacidad nominal de la división eran 18.000 hombres, el sistema de rotación regular de la tropa y los reemplazos por las bajas implican que hasta 45.000 heroicos voluntarios españoles formaron filas con sus camaradas alemanes en servicio en la 250ª División de infantería entre junio de 1941 y octubre de 1943. En solo dos años de guerra, la División Azul sufrió un total de 12.726 bajas, (demostrando la ferocidad y el compromiso de los españoles), de ellas 3.934muertos, 8.466 heridos y 326 desaparecidos, junto a muchos evacuados por congelación y los tomados prisioneros por los rusos. A comienzos de 1944, todo el frente norte se estaba viniendo abajo por la incesante presión rusa, que, a diferencia de los germanos, poseía ilimitados recursos humanos para enviar al frente, uno tras otro como carne de cañón, ya que el entrenamiento era ineficaz y nunca comparable a la pericia y prestancia guerrera del ejército del Reich. El cerco de Leningrado fue abandonado y comenzó la retirada general hacia el oeste. El 19 de enero, la legión recibió la orden de retirarse hacia el sur, dando comienzo a una lenta y dura marcha por entre la nieve y un intolerable viento glacial, mientras rechazaban los ataques de los partisanos. Tras pasar Ljuban, Sapolgje y Oredesch, la retirada de la legión continúo hasta llegar a Luga el último día de enero. Desde Luga, la unidad fue enviada en tren hasta la zona de Taps-Aiguidu, en Estonia. Allí, los españoles fueron equipados para defender la costa de Narva contra posibles desembarcos soviéticos, pero no tardaron en saber que los gobiernos español y alemán habían llegado a un acuerdo para repatriar la Legión a España. El 21 de marzo partió en trenes hacia Königsberg, desde donde continuo camino hasta que, el 17 de abril de 1944, cruzo la frontera española. Así terminaba la heroica gesta oficial española en la guerra. En abril, el general Franco cerró la frontera con Francia para impedir que ningún español fuera a alistarse voluntario en las fuerzas armadas alemanas, ya que todo patriota español quería continuar la guerra con el Fuhrer en contra del comunismo salvaje. Incluso después de que España se hubiera declarado neutral, algunos ex miembros de la División Azul y de la Legión Azul no podían olvidad la lucha que sus antiguos compañeros de armas alemanes estaban llevando a cabo en el Este. Por lo tanto, hubo muchos voluntarios, miles de ellos, que continuaron luchando en las consagradas filas del Fuhrer y el Reich alemán. Eran miembros tanto de la L.E.V, que se habían negado a regresar a España tras la retirada oficial de la legión, como nuevos voluntarios que consiguieron cruzar los Pirineos y llegar a Lourdes, en Francia, donde el Sonderstab F, una unidad especial del Ejercito alemán, reclutaba a estos guerreros indómitos y leales y bravos hasta la medula y los incorporaba admirados a las heroicas Waffen-SS. En junio de 1944, los españoles fueron agrupados en una unidad especial en el campamento Stablack, cerca de Königsberg. La unidad tomo el nombre del campamento y se convirtió en la Unidad de Voluntarios Stablack. Por entonces solo era una compañía, pero en marzo de 1945 se formo una segunda compañía española de SS. Las dos unidades fueron llamadas entonces SS Freiwilligen Kompanie 101 (españolas) y SS Freiwilligen Kompanie 102 (españolas). Además, un batallón de voluntarios españoles comandado por el SS-Hauptsturmführer Miguel E. Sánchez, sirvió con orgullo y honor con la Waffen-SS hasta el amargo y doloroso final, tomando parte en la heroica defensa final de Berlín en abril y mayo de 1945. “Cuando la División española regrese un día a su país, no podremos darle a ella y a su valeroso general otro certificado que el del reconocimiento de su fidelidad hasta la muerte”.

Adolf Hitler

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La gloriosa División Azul, o División 250 recibió por orden expresa del Führer multitud de cruces de hierro de primera y segunda clase por sus hazañas, en especial durante la batalla de Krasny Bor en 1943.
En España realmente hubo mas de 20.000 voluntarios, pero El Caudillo redujo su número por motivos diplomáticos como bien se ha dicho.
Tras la repatriación de la División Azul, muchos de sus miembros fueron aceptados en las Waffen-SS (hecho significativo dado que solo se reclutaban alemanes y de probadisima ascendencia aria).
El general Agustín Muñoz Grandes fue destinado a las Islas Canarias tras regresar del frente ruso por el temor de Franco a que éste le hiciera sombra en un posible cambio de gobierno.

Me gustaria agradecer al autor de la página su tiempo y dedicación en favor de la verdad histórica y la honestidad. Es lamentable que nuestros propios gobiernos actuales manipulen y satanicen la historia a su antojo, como es el caso de la Ley de la Memoria Histórica que nos ha impuesto el comunista Jose Luis Ródriguez Zapatero en España, el mismo que nos ha empobrecido hasta niveles insospechados, el mismo que hizo saltar por los aires a 207 personas en los atentados de Atocha en Madrid para ganar las elecciones y el mismo malnacido que permite la destrucción de nuestra sociedad, cultura y credo con sus hordas de invasores.

Desde España, un saludo.

Anónimo dijo...

Anónimo 1,desde Galicia-España no puedo estar más de acuerdo contigo.