viernes, 24 de abril de 2009

La heroica toma del fuerte Eben Emael, los paracaidistas del Reich entran en acción (parte segunda)

De camino hacia Eben Emael, la Sección de Asalto Granite perdió dos de sus planeadores. Uno, con Witzig a bordo, rompió el cable de remolque y su piloto pudo aterrizar con suerte en un campo alemán. El segundo planeador se vio obligado a virar en redondo y aterrizar cerca de Dúren a raíz de que fallase uno de los motores del Ju 52 que lo remolcaba. Debido a estos problemas imprevistos, sólo nueve planeadores de la Sección de Asalto Granite aterrizaron en el macizo de Eben Emael a las 05, 20 horas; además, dos de esos planeadores aterrizaron con problemas y sus paracaidistas no pudieron participar activamente en el ataque. Sin embargo, la guarnición belga fue cogida por sorpresa y permaneció en el estado de considerable confusión durante la batalla, a pesar de que había sido puesta en alerta a las 00,30 debido a informes sobre movimientos de tropas alemanas en la frontera. No obstante, durante el mes anterior se habían producido tres alarmas similares e infundadas, de modo que ahora su respuesta fue lenta. Para empeorar la posición belga, de los 1200 hombres que se suponían de guarnición en Eben Emael, el día del ataque, había sólo 700, pues los restantes estaban de permiso o asignados a localidades próximas. La ausencia de estos 500 hombres fue decisiva para la suerte de los belgas. La guarnición no esperaba un ataque alemán y tardó en responder debido a que consideró que los planeadores eran franceses o británicos. Algunos defensores belgas declararon después que habían creído que los planeadores no eran sino aviones de reconocimiento enemigos averiados. Pero los belgas reconocieron pronto su error y cuando los 55 hombres de Witzig que alcanzaron la fortaleza pusieron pie a tierra se encontraron con un infierno de sirenas, bengalas y trazadoras. En ausencia de Witzig, el Oberfeldwebel (sargento mayor) Helmut Wenzel asumió el mando: es a él a quien debe reconocerse el mérito de dirigir la primera y crucial fase del ataque alemán, puesto que los alemanes ganaron el control del fuerte durante los primeros 20 minutos. Cuando los zapadores atacaron las cúpulas de acero con sus cargas huecas, se sorprendieron con los devastadores efectos de éstas, pues por razones de secreto hasta entonces no habían podido constatar la total efectividad de los ingenios. Un pelotón mandado por el Feldwebel (sargento) Niedermeier atacó la Casamata 18, en el sector meridional de la fortaleza. Con una carga hueca de 50kg, Niedermeier destruyó su cúpula de observación, de acero, mientras que dos hombres fijaban una carga de 12kg. contra una puerta de acero situada debajo de uno de los cañones de 35mm de la casamata. La virulencia de la explosión, los efectos de la onda expansiva y el agujero que quedó en la cúpula sorprendieron a Niedermeier. En el interior, los artilleros belgas habían sido arrancados de sus asientos y aplastados contra las paredes. Niedermeier guió su pelotón a través del boquete y persiguió a los belgas supervivientes, que abandonaron la cúpula y se retiraron a la red de túneles que discurría por debajo de la fortaleza. Por todas partes, otros pelotones alemanes utilizaban sus cargas huecas con efectos devastadores. El Oberfeldwebwl Peter Arent, comandante del 3er Pelotón, fue figura clave en las primeras fases del ataque. Su planeador se posó a menos de 50m de la barbacana de Eben Emael e inmediatamente comenzó a ser tiroteado. Arent y sus hombres, con los paquetes de explosivos, comenzaron a correr al descubierto, seguidos por una mortal barrera de trazadoras, hacia los muros de hormigón y su objetivo asignado. Arent colocó una carga hueca de 50kg en la cúpula, donde explosionó y abrió un gran boquete. Al frente de su pelotón, y disparando su subfusil anuló a los defensores y se preparó para conservar la cúpula conquistada contra un previsible contraataque belga. Sin embargo, Wenzel ordeno a Arent que atacase otro reducto y destruyese dos piezas antiaéreas que amenazaban con echar por tierra el tiempo previsto por los alemanes para reducir la fortaleza. Arent y su pelotón se aproximaron al reducto avanzando pegados a un muro de hormigón que les resguardo del fuego de ametralladora proveniente de las barbacanas superiores. Colocaron dos cargas en la cúpula que albergaba dos ametralladoras y la explosión subsiguiente destruyo la posición. El mayor Jottrand, comandante de Eben Emael, había perdido la iniciativa durante la primera fase del asalto alemán y era incapaz de organizar una resistencia coordinada. Aunque podía ordenar que las baterías de campaña situadas en las proximidades batiesen el propio fuerte en un intento desesperado de desvertebrar la acción alemana, no imaginaba el potencial exacto del enemigo y se descorazono ante la súbita perdida de tantos reductos clave. Desde su central de mando en el centro del fuerte, el fragor y las ondas expansivas de las cargas huecas debían parecerle terroríficas, sentimiento agravado por su creencia de que la fortaleza era capaz de soportar la detonación de cualquier carga explosiva convencional.