Al anochecer del 18 de diciembre, un batallón se preparaba para atacar Stavelot desde el norte, mientras que una fuerza equivalente entro en Stoumont, al oeste de
Este redujo su perímetro, concentrando su fuerza restante, unos 2.000 hombres y 200 vehículos, en una bolsa que incluía
La batalla por la ciudad iba a durar otras 48 horas, venciendo los americanos tras una dura y obstinada resistencia de los hombres de Peiper que no se resignaban a ser derrotados aunque eran superados ampliamente en número; así luego de tan duro combate las fuerzas de Peiper quedan aisladas en todo sentido.
No obstante ello, el gran Peiper se negó a rendirse. A las 7.00 hs del 19 de diciembre, se organizo un contraataque hacia el puente de Ambleve en Targnon, a pocos kilómetros más allá de Stoumont y, pese a problemas iniciales, se avanzo un poco.
Pero cuando las noticias de la batalla de Stavelot llegaron y las defensas norteamericanas se endurecieron en torno a la estación de Stoumont, Peiper tuvo que retroceder, enviando a los restos de su unidad a reconocimiento para reforzar la amenazada conexión de suministros.
No lograron avanzar mucho, debilitando al Kampfgruppe en un momento ñeque las unidades americanas estaban cerrando el cerco rápidamente.
Desplegando los restos del 1er Batallón SS Panzer en Stoumont, los King Tigers en 
El plan americano era que la 82ª División Aerotransportada, apoyada por tanques, asegurase un frente desde Stavelot hasta
A las 18.30 hs del 20 de diciembre comenzó un asalto coordinado, cuando hombres de un regimiento tomaron el sanatorio de Stoumont, iniciando una salvaje batalla cuerpo a cuerpo que duro hasta bien entrada la noche. Los Panzer grenadiers de Peiper resistieron todo lo que pudieron, hasta quedar sin municiones.
Durante la noche, patrullas americanas comenzaron a infiltrarse en el perímetro alemán y fracasaron los intentos de otros elementos de la 1ª División Panzer SS para irrumpir en Stavelot, Peiper no estaba acabado aun, sin embargo, y al alba del 21 de diciembre neutralizo un ataque americano en Stoumont , causando graves perdidas en una unidad. Pero se estaba acabando el tiempo.
Cuando aumento la presión americana y los ataques aéreos se hicieron mas frecuentes, Peiper tuvo que retroceder más aun en su perímetro. Stoumont y Cheneux cayeron el 23 de diciembre tras una enconada y aguerrida resistencia.
A la 1.00 h del 24, los restos del Kampfgruppe, menos de 800 hombres a punta de fusil y coraje trataron de abrirse paso entre las filas enemigas, que como hormigas cercaban el glorioso perímetro alemán.
Muy pocos de ellos lograron salir con vida, la gran maquinaria asesina americana no dejo de funcionar hasta el ultimo minuto.
Para el 24 de diciembre casi todo estaba perdido para el Kampfgruppe Peiper, quien y a pesar de haber demostrado una valentía y arrojo sin igual, no pudo detener la ofensiva aliada, que contaba por supuesto con mas equipo, mas pertrechos y mas hombres.
A pesar de todo la valiente acción de Peiper demostró una vez mas que la superioridad, honor, lealtad y valentía del ejército alemán era sobradamente más grande que el de los aliados.


Fue un error importante, agravado por el hecho de que, por entonces, los americanos estaban comenzando a descubrir el modelo del avance alemán. Cuando Peiper dejó Stavelot a cargo de un pequeño destacamento de Panzers, los primeros elementos de la 30.ª División de Infantería americana estaban avanzando hacia la ciudad desde el norte, para neutralizar la amenaza.
En este caso, eran hombres de
Treinta minutos después, el puente sobre el Amblève era destruido y, cuando Peiper oyó la explosión, se tomó una decisión crucial. En vez de continuar a Trois Ponts, el Kampfgruppe giró hacia la derecha, hacia
Los Panzers estaban ya sedientos de carburante –hubo que dejar uno de los King Tigers sin combustible, a la salida de Trois Ponts– y Peiper se encaminaba a carreteras secundarias, donde eran mínimas las posibilidades de lograr suministros americanos. La destrucción del puente sobre el Salm en Trois Ponts a las 13,30 h reforzó el hecho.
Uno de los King Tigers se cruzó en el puente, bloqueándolo durante más de dos horas, y aunque Peiper no se rindió –envió a los tanques restantes a tomar otro puente, a través del río Lienne, en Habiemont, en un intento final para abrirse paso– era obvio que se había acabado el tiempo.
Los soldados americanos de Ingenieros llegaron antes a Habiemont y, cuando los Panzers se acercaban, volaron el puente. A las 16,30 h, anocheciendo un tercer día frustrante, Peiper aceptó el triunfo de los movimientos de bloqueo americanos y volvió a La Gleize.
Esto le debería haber permitido avanzar rápidamente, pero otro problema retrasó su avance. Los desvíos y las escaramuzas de las 24 horas anteriores habían agotado los depósitos de combustible del Kampfgruppe, haciendo esencial el lograr suministros enemigos de carburante.
A las 9,00 h, prisioneros americanos de guerra ponían combustible en tanques y semiorugas sedientos, mientras que unidades de reconocimiento investigaban al norte y oeste para prevenir la interferencia enemiga. Pero era mediodía cuando el Kampfgruppe pudo continuar su avance, e incluso entonces hizo falta tiempo para volver a la ruta original.
Durante la siguiente fase de las operaciones, el Kampfgruppe iba a hacer mayores atrocidades justo al sur de la ciudad belga de Malmédy.
Por ello, Peiper se dirigió al norte, pensando en llegar a la carretera principal a Ligneuville, en Baugnez, unos
Abriendo fuego, destruyeron el camión de cabeza y, cuando los Panzers grenadiers bajaron para despejar la carretera, las tropas americanas comenzaron a rendirse, por no tener armas pesadas y sorprendidas totalmente.
Cuando la columna desapareció carretera abajo, se ametralló a algunos de los prisioneros de la batería
Casi inmediatamente, le siguieron otros semiorugas y una compañía de Panzer IV, que rápidamente rellenaron el terraplén para ofrecer una carretera rudimentaria. Era la noche del sábado 16 de diciembre de 1944 y el Kampfgruppe (Grupo de combate) Peiper, punta de lanza de la 1.ª División Panzer SS “Leibstandarte Adolf Hitler”, estaba a punto de iniciar la batalla de las Ardenas.
Dirigida por el SS-Obersturmbannfürer (Teniente Coronel) Joachim (Jochen) Peiper, un veterano de 29 años de las campañas en Polonia, Francia, los Balcanes y Rusia, la fuerza era un formidable grupo multiarmas. Su misión era seguir una ruta precisa a través de la brecha de Losheim, en el sector norteño de las Ardenas, arrollando la ligera pantalla defensiva americana y avanzando a lo largo del valle de Amblève hasta Staveloty Trois Ponts.
Esto abriría el camino hacia el río Mosa (Meuse), donde otras divisiones Panzer crearían cabezas de puente para irrumpir hacia Amberes, el principal objetivo de un plan alemán global, con nombre de código “Watch am Rhein”. La tarea de Peiper era ambiciosa, dependiendo, para el éxito, de la velocidad e impacto de una Blitzkrieg (guerra relámpago) acorazada que crearía confusión en la retaguardia enemiga antes de que los aliados pudiesen responder.
El Kampfgruppe abandonó su zona de emplazamiento alrededor de Blankenheim, al Este de la frontera belgo-alemana, a las 2,00 h del 16 de diciembre, encabezado por los semiorugas de la 10.ª Compañía del Tercer Regimiento de Granaderos Panzer SSy los Panzer IV de la 6.ª Compañía , primer Batallón Panzer SS.
Al Principio todo fue bien. A las 5.30 h, el cielo al Oeste ardió repentinamente en llamas por el corto e intenso bombardeo artillero que inició el asalto Wacht Am Rheim y, cuando alboreó en un frío y brumoso día de invierno, sonidos de disparo podían escucharse cuando la 12.ª División Volksgrenadier avanzó para aislar las avanzadas americanas y buscar líneas de menor resistencia. Pero pocas horas después, cuando la columna Peiper se acercaba a Losheim, surgió el primero de una seria de problemas, cuyos resultados fueron, retardar el avance acorazado y dificultar mucho el ímpetu.
Un puente sobre la línea ferroviaria al este de Losheim, destruido por fuerzas alemanas en retirada dos meses antes, no se había reparado, y la carretera era una masa sólida de camiones de suministros y vagones tirados por caballos, propiedad de los Volksgrenadier. Peiper se abrió paso en su auto de mando Schwinmwagen, indicando a los ingenieros de campo que le siguiesen, pero poco podía hacerse.
Desesperado, ordenó que los tanques limpiasen la carretera, empujando los camiones a las cunetas y campos a cada lado, mientras que bajaba el terraplén del ferrocarril para evitar el puente destruido. Llevaba ya 10 horas de retraso.
Al aparecer en la carretera de Losheim, pronto se hizo obvio que los problemas de Peiper estaban sólo empezando, pues los Volksgrenadiers no habían logrado avanzar mucho, estorbados por pequeñas bolsas de defensores americanos en torno a la encrucijada de Losheimergraben a menos de una milla adelante.
Por ello, en un desvío que consumió combustible, el Kampfgruppe dejó su camino señalado, yendo campo a través hacia el pueblo de Lanzerath, donde elementos de la 3.ª División de Paracaidistas estaban aparentemente avanzando más.
Los Panzer IV de la 6.ª Compañía se desplegaron en la oscuridad a lo largo de caminos desconocidos para verse en un campo de minas no limpiado por los paracaidistas. Pese a la pérdida de 3 tanques y 5 semiorugas, Peiper incitó a sus hombres, pero cuando entró en el pueblo a las 23,00 h, fue recibido por un coronel de paracaidistas que estaba convencido que tropas americanas estaban esperando escondidas en los bosques entre Lanzerath y Honsfeld, decidió detenerse durante la noche.
Aunque Jünger desprecio tal acción, no culpó a los fusileros, creyendo que su sed de sangre lo pedía y que los británicos habían estado intentando matar a sus hombres solo unos pocos minutos antes. Avanzando, la 7º Compañía llego a las afueras del pueblo de Vraucourt. Aquí, en refugios subterráneos británicos abandonados descubrieron provisiones que no habían visto durante meses, como pan blanco, jamón y cerveza de jengibre.
En este momento, el avance del regimiento se vio detenido por su propio fuego artillero. Cuando intentaron avanzar hacia el pueblo, los fusileros tuvieron que retroceder tres veces por cañoneo que no podían detener. Cuando se hizo de noche, Jünger comenzó a recoger a sus hombres agotados y se acomodaron en los refugios subterráneos capturados.
En la mañana del 22 de marzo, Jünger recibió órdenes de atacar la línea defensiva britanica a la derecha de Vraucourt con su compañía y elementos del 76º Regimiento. Cuando sus hombres esperaban para atacar, se vieron bajo fuego artillero y disparos de aviones del Royal Flying Corps. Cuando oyó hablar de un ataque alemán por su izquierda, Jünger hizo avanzar a sus hombres, penetrando en la línea britanica sin mucha oposición.
Descubrieron que la Línea Vraucourt estaba aun en curso de realización, y que muchas partes solo tenían removido el césped. No obstante, aquellas zonas donde se habían cavado trincheras estaban siendo defendidas por los Highlanders. Jünger estaba impresionado, al decir: “no teníamos cobardes ante nosotros”.
“Los mas valientes avanzaron, disparando y lanzando bombas. Los demás los seguían automáticamente, como un rebaño. En combate cuerpo a cuerpo, los combatientes retrocedían y avanzaban y, al evitar las bombas asesinas del enemigo, volvían a los que estaban detrás de ellos. Solo los de la vanguardia sabían cual era la situación, mientras que más atrás se produce un pánico feroz en la trinchera.
Quizá unos pocos saltan sobre la cima y son alcanzados con lo que, por supuesto, el enemigo se siente muy alentado. Si aprovechan la oportunidad, todo esta perdido, y ahora toca al oficial demostrar lo que vale, aunque también el pueda morir.”
Jünger era precisamente un oficial así, y lucho y lanzo bombas a lo largo de la trinchera que llevaba a la carretera Vraucourt-Mory. Al anochecer se vio obligado a preparar a sus fusileros para mantener una posición defensiva.
No obstante, en ese momento, las tropas alemanas a su derecha irrumpieron por la posición britanica, y, gritando e iluminados por bengalas de señales, los fusileros se vieron envueltos en una estampida endemoniada, con los Highlanders luchando y retirándose cuando intentaban escapar de verse rodeados. En el confuso revoltijo, Jünger sintió un golpe brusco en su tórax y descubrió que había sido herido sobre el corazón. Lo irónico era que probablemente había sido herido por uno de sus propios hombres, porque llevaba un abrigo británico y podía haber sido confundido con un enemigo.
Con gran dificultad, se le persuadió para retirarse y buscar ayuda medica. Esto significaba cruzar la línea de trincheras capturadas y estaban bajo fuego artillero y de armas ligeras británicas. Jünger fue herido otra vez en la cabeza, por llevar su gorra de oficial en vez de un casco de acero. Vio al jefe de brigada y le urgió para que enviase reservas para apoyar a las tropas de asalto. Cuando Jünger llego al hospital de campo en Souchy-Couchy, un cirujano asombrado le dijo que tenia mucha suerte, porque la bala había pasado por detrás de su cabeza pero no había penetrado en el cráneo.
Jünger quedo fuera de la batalla y no volvió al 73º de Fusileros de Hannover hasta junio. Para entonces, la Ofensiva Michael había terminado en fracaso. Pese a que los alemanes habían destruido la línea de frente británica y finalmente habían penetrado 40 millas en la posición, destruyendo prácticamente el V Ejército, y obligar así a una retirada general hacia la costa.
Aunque habían logrado sorprender a los británicos y, utilizando tácticas artilleras y de infantería de asalto cuidadosamente desarrolladas, lograron irrumpir en el sistema principal de trincheras defensivo, no pudieron mantener el ímpetu del ataque. Esto se debió a un número de factores, no siendo el menor la encarnizada lucha defensiva de los británicos.
Las pérdidas alemanas el 21 de marzo no habían sido ligeras. Se ha calculado que sufrieron 39.929 bajas. Los británicos perdieron 38.512 hombres. El 73.º de Fusileros de Hannover perdió a 12 oficiales y 132 soldados, y probablemente 4 veces ese número de heridos y desaparecidos. La 7.º Compañía de Jünger había sufrido graves pérdidas por un obús británico incluso antes que alcanzasen su línea de partida. Cuando soldados valientes y agresivos como Jünger eran muertos o heridos, el espíritu atacante de las unidades alemanas se debilitaba. Los sustitutos carecían de entusiasmo o experiencia, y la disciplina estaba a punto de perderse cuando tenían la oportunidad de saquear depósitos de suministros británicos.
No obstante, las mejores unidades alemanas, como el 73.º de Fusileros de Hannover, tenían experiencia y estaban bien entrenadas, con iniciativa táctica considerable mostrada por jóvenes oficiales y suboficiales. Entrenados bajo condiciones reales y sabiendo reforzar el éxito y aprovechar las oportunidades creadas por el bombardeo artillero alemán, eran una fuerza formidable.




















