sábado, 8 de agosto de 2009

La evolución de la armadura medieval

Algunos historiadores han propuesto que los torneos produjeron cambios en las armaduras, sobre todo la incorporación de placas de hierro o acero a la cota de malla y la subsiguiente aparición de las armaduras completas. Indudablemente, aquellos que tomaban parte con frecuencia en torneos y en justas buscaban medios más fuertes para protegerse. Sin embargo, la mayor parte de los cambios en las armaduras parecen haberse producido después del apogeo de los torneos. En realidad, la aparición de la armadura completa puede haber sido consecuencia de los avances técnicos y tácticos producidos durante los siglos XIII y XIV en la guerra medieval. Los soldados del siglo XIV continuaron utilizando la cota de malla, pero en cuanto arcos y ballestas mas potentes comenzaron a poder atravesar los anillos y penetrar la armadura, se necesito una defensa mas fuerte. Esto termino llevando a la aparición de la armadura completa, un cambio iniciado en el siglo XIII y comienzos del XIV y que perduro hasta bien entrado el siglo XVI. Hasta comienzos-mediados del siglo XIII no se poseen pruebas de las primeras armaduras completas. Las fuentes, tanto escritas como artísticas, mencionan la introducción de la armadura completa por estas fechas. Por ejemplo, un cronista, Guillaume le Breton (circa 1225) relata una lucha entre el joven Ricardo Corazón de León (por ese entonces solo conde de Poitou) y William de Barres. Guillaume describe a cada uno de los contendientes como vestidos con “placas moldeadas de hierro” como protección extra bajo la cota de malla hauberk. La armadura vestida por Ricardo y William de Barres no era la protección primaria sino la secundaria, pero nos sirve para ver la evolución que produjo la primera armadura completa, donde la armadura se fabricaba con piezas de metal añadidas a la cota de malla o armadura de cuero como protección añadida. Un manifiesto escrito por el emperador alemán Federico II al rey Enrique III de Inglaterra en 1241 también menciona una armadura de cuero reforzada con placas de hierro cosidas a ella. Las fuentes artísticas añaden pruebas sobre placas de metal cosidas a otras partes de las ropas acorazadas de un soldado del siglo XIII. En torno al 1350, la cota de malla del torso fue reemplazada por un pectoral independiente. Este se fabricaba a partir de una sólida pieza de metal que se moldeaba para cubrir en pecho, por detrás, por delante y por los lados hasta la parte superior del diafragma, mientras el resto del torso –estomago, cintura y muslos- quedaba protegido por una flexible cota de malla cosida a una tela. A finales del siglo XIV, el pectoral independiente se había convertido en la pieza principal de la armadura, y la utilizaban los jinetes y los infantes. Para proteger al jinete, a este pectoral se le hicieron dos añadidos que no hicieron sino aumentar su aceptación popular. En primer lugar, en el lado derecho del pecho se le añadió un soporte metálico para descansar la lanza cuando se cargaba con ella. Segundo, un borde en forma de V justo debajo del cuello, con la intención de evitar que las armas del enemigo resbalaran hacia arriba por la armadura hasta el cuello. Estas innovaciones se conocen como “ristre” y “alpartaz”, y se convirtieron en rasgos destacados del peto de los caballeros durante el siglo XV. A finales del siglo XIV, ya se había desarrollado por completo la armadura que protegía las extremidades: musiera, para los muslos; rodilleras, para las rodillas; esquinelas, para las espinillas; escarpes, para los pies; alpartaz, para el cuello; sobrecodales, para los codos; hombreras, para los hombros; guardabrazos, para los brazos, y guanteletes, para las manos. Una armadura completa incluía todas esas piezas juntas, además de un yelmo y, al menos inicialmente, un escudo, que desaparecería a mediados del siglo XV.
El peso de semejante armadura era inmenso. Se ha calculado que una armadura completa de batalla podía pesar entre 23 kg y 28 kg, mientras que las armaduras completas de justa, que tenían lugar en momentos y lugares concretos, al contrario que la incertidumbre de las batallas, era mucho mas pesada, entre 41 kg y 46 kg. A pesar del peso, era absolutamente esencial que todo el que pudiera permitirse una se equipara con la mejor armadura posible y, a mediados del siglo XV, todos los soldados de caballería poseían al menos una. La capacidad para defenderse con la armadura puesta era inmensa y no llevarla podía suponer la muerte del jinete.