viernes, 7 de agosto de 2009

Las operaciones de las Fuerzas Especiales (parte final)

Repercusiones locales

Otro factor posible es el efecto de la incursión en los nativos aliados y en los simpatizantes de la causa. Hay infinitos casos de decenas de nativos ejecutados por cada soldado de ocupación muerto. La previsión de esta posibilidad siempre forma parte de la organización interna de la incursión. Asimismo, los expertos en operaciones psicológicas estarán preparados para aprovechar al máximo cualquier éxito.
Buscar la sencillez

Aunque debe precisarse hasta el último detalle, el plan debe ser esencialmente sencillo. Si el éxito depende de un extenso número de factores coincidentes, si cualquiera de ellos sale mal puede echar a perder la operación. El momento –del día o del año– es un factor crucial en el plan. Cuando la operación es sencilla y se conoce bien el trazado físico del objetivo probablemente lo mejor será realizar la operación por la noche. Cuando la información sea menos completa, debe optarse por el amanecer o el ocaso. Retirada

El ocaso es el mejor momento para una retirada: proporciona todas las ventajas de los últimos minutos de luz para salir de la zona inmediata de operaciones y los de oscuridad para ralentizar el avance del enemigo en caso de un intento de persecución. Pero, sean cuales fueren las circunstancias, se debe elegir el momento con mucho cuidado para sacar el máximo partido posible de las mismas y para que éstas, a su vez, perjudiquen la reacción enemiga. Parece una verdad de Perogrullo, pero en ningún caso se debe exagerar acerca del valor de una información precisa. Las principales fuentes de procedencia suelen ser tres:
1. Agentes locales
2. Reconocimiento
3. Satélites y sobrevuelos desde alta cota La información local es de máxima importancia. Siempre que sea posible, se reclutarán nativos simpatizantes para que actúen como guías.
En el desplazamiento hacia el objetivo, hay que tomar las precauciones necesarias para no alertar a las tropas hostiles. Debe procurarse evitar el contacto, pero si ello no es posible, por lo menos debes asegurarte de que el enemigo padezca el ciento por ciento de bajas. Probar las armas

Cuando las condiciones lo permitan, hay que probar las armas y los equipos antes de la fase de asalto, sustituyendo todos aquellos componentes del equipo que puedan ser defectuosos, pues de ellos depende la seguridad de los incursores. Las pertenencias personales deberán ser “esterilizadas”, incluso arrancando las etiquetas de la ropa si es necesario. Los objetivos bien defendidos exigen a veces grandes grupos de incursión, quizás a nivel de batallón a aún mayor. El factor sorpresa es tan importante como en una pequeña incursión, pero cuando se mueven contingentes de tropas importantes será mucho más difícil de conseguir. Un gran grupo de incursión se dividirá en subelementos que se desplazan hacia el objetivo por muchas rutas distintas. De ese modo, incluso si son detectados algunos componentes, el enemigo seguirá ignorando el verdadero objetivo. El control y la coordinación de un gran grupo de incursión es más difícil, sobre todo al considerar el cronometraje. Sólo un alto grado de adiestramiento y una excelente calidad de los equipos pueden facilitar la operación. La retirada tras una gran incursión puede realizarse con el grupo dividido en elementos menores. Esto privará al enemigo de un gran objetivo para un ataque por tierra o aire, pero un enemigo alertado y agresivo puede ser capaz de eliminar todos los efectivos de los incursores de una vez.
En algunas circunstancias es más seguro que todo el grupo permanezca unido y opere formando una columna de combate, pero todo dependerá de la situación de las fuerzas enemigas, del terreno y de las distancias a cubrir. Emboscada

Una emboscada es una incursión contra un objetivo en movimiento. La única diferencia real estriba en que el horario de la operación será mucho menos completo y seguro. Ni las mejores fuentes de información pueden realmente predecir los retrasos operacionales del enemigo, por lo que el grupo de incursión estará a menudo en la posición algún tiempo antes de que aparezca el objetivo, aumentándose así las posibilidades de detección. Las emboscadas se efectúan para destruir o capturar personal y suministros enemigos o bloquear sus movimientos. Una hostigación sistemática y bien planificada puede canalizar las comunicaciones y acciones del enemigo, obligándole a concentrar sus movimientos en las carreteras y líneas ferroviarias principales, donde será más vulnerable a los ataques, sobre todo por aire. Las mismas líneas de ferrocarril son blancos relativamente abiertos y fáciles. Simplemente con levantar algunos raíles se interrumpe el tráfico, aunque sea por poco tiempo. La fuerza atacante intentará hacer descarrilar tantos vagones como sea posible y dejarlos bloqueando la vía. Ello aumentará los daños en materiales y pasajeros, y retrasará los trabajos de reparación y la reapertura de la vía. Destruir el tendido

Si el grupo de incursión es lo bastante grande, podrá incluso asaltar el tren con armas automáticas y granadas. Parte del elemento de seguridad del grupo levantará tramos de vía en ambas direcciones a cierta distancia del escenario de la emboscada. Se emplearán cargas explosivas para destruir la propia base de la vía. Ello impedirá la llegada de refuerzos.
El tráfico en canales fluviales –barcazas y pequeñas lanchas– se puede interrumpir del mismo modo que el ferrocarril, y también contra las columnas de vehículos por carretera.