lunes, 3 de agosto de 2009

El Barón Rojo y el Fokker

“Volaba por primera vez con mi triplano, junto a otros cuatro aparatos de mi escuadrilla, cuando ataque a un aeroplano ingles de reconocimiento que iba conducido con mucho valor. Me aproxime y le hice veinte disparos a cincuenta metros y el ingles barreno y se estrello cerca de Zonnebecke.” El impactante relato continua tan consistente como hasta ahora: “probablemente, su piloto me confundió con un triplano ingles, pues su observador estaba erguido y me miraba.” Así de simple y mortífero relataba, con la sangre tranquila como lago en primavera, una de sus tantas aventuras épicas en los cielos el más famoso y letal de los ases del aire que haya alguna vez existido. Así se expresaba la leyenda aérea de Manfred von Richthofen, el “Barón Rojo”. Era una fecha histórica en las crónicas de la aviación de guerra: el 1 de septiembre de 1917, a las 7,50 de la mañana, Manfred von Richthofen hacia el primer ataque desde un Fokker Dr. 1, el avión que habría de usar más seguido en sus certeras y mortíferas salidas aéreas contra ingleses y franceses. El triplano Fokker se había inspirado en el Sopwith ingles, que había despertado la admiración de los mandos alemanes. Pero, naturalmente, no era una simple copia. A diferencia de los multiplazos de la época, el triplano Fokker tenía tres alas muy robustas que no requerían más que unos soportes mínimos. Especialmente solidó era el clásico fuselaje de tubos de acero soldado. El motor era rotativo, un modelo que comenzaba a ser anticuado. En los comienzos, los triplanos encargados por el ejército alemán tuvieron designaciones propias. Así, en la nomenclatura de la serie, el Fokker V4, prototipo del futuro Dr.1, fue conocido como F I. las letras D y E designaron, respectivamente, a los biplanos y monoplanos de caza. Después, el aparato fue llamado Dr. 1, ya que era el primer Dreidecker (triplano) que entraba en servicio en la aviación de guerra alemana. El Fokker Dr. 1 se envió para que se lo probara a la Jagsgeschwader I, que mandaba Von Richthofen. Y el Barón Rojo supo apreciar inmediatamente sus excepcionales cualidades: uso sucesivamente siete ejemplares. Precisamente pilotando uno de estos aparatos fue abatido por un caza británico en 1918, ocho meses antes de que se firmara el armisticio y después de ochenta victorias en el aire, record no igualado por nadie en la guerra.

2 comentarios:

oenlao dijo...

precioso bog, al que he visitado muchas veces.
Ahora estoy buscando un carro en que los hunos llevaban sus provisiones y familias. pero modoficado para combatir.

Anónimo dijo...

NO ME HACEN NINGUNA GRACIA LOS NAZIS...NI SUS GUERRAS...NO POR EL BARON ROJO, SINO POR LO ABSURDA DE SU SEUDO CREENCIA SUPERIOR...