jueves, 20 de agosto de 2009

Los implacables “Condor”, los Azotes del Atlántico

Durante horas y horas, grandes tetramotores alemanes seguían desde gran altura a los convoyes marítimos aliados y buscaban incansablemente el mejor momento para lanzar sus mortíferos ataques. Apodados “Azotes del Atlántico”, estos aparatos eran Focke Wolf Fw.200 Condor, unos de los pocos eficaces en el reconocimiento marítimo a gran distancia. El Condor derivaba de un avión comercial que había sido proyectado en 1936 para la Deutsche Lufthansa y que, una vez en versión militar, demostró ser uno de los mejores en su categoría. El “Azote” lo siguió siendo hasta 1943, cuando gracias al avance de los aparatos aliados, los exploradores alemanes dejaron de ser una verdadera pesadilla. De todos modos, para esas fechas el Condor había causado auténticos estragos, ya que su actividad destructiva era extraordinaria. Solo durante los seis primeros meses de operatividad, desde el 1 de agosto de 1940 hasta el 9 de febrero de 1941, hundieron buques cuyo tonelaje llego a sumar 363.000 toneladas. El comienzo de la triunfante carrera militar del Condor fue un vuelo propagandístico que tuvo como meta Tokio. El comportamiento del que todavía era un avión civil fue tal, que los japoneses, entusiasmados, sugirieron la conveniencia de adaptarlo al uso militar. Así, el Fw.200 apareció con diez ejemplares de preserie en 1939, ya adaptado para su nuevo papel y acto seguido se comenzó a producir la serie inicial, la C-1. Las variantes mas destacadas fueron la C-3, que surgió en 1941 y se presento aun mas sólida y mas potente, y la C-4, de 1942, que estaba dotada de radar de búsqueda. La producción alcanzó un total de 263 unidades. No pasó de la fase experimental, en cambio, otro aparato que los alemanes diseñaron para exploración, el Blohm und Voss Bv.141. Era realmente un avión muy poco usual, de una figura desconcertante. Tenía la cabina de pilotaje totalmente acristalada y colocada en posición completamente asimétrica con respecto al motor y al fuselaje en general. El primer prototipo no fue construido para responder a ningún pedido, sino a cargo de la sociedad fabricante. El primer vuelo se efectuó el 25 de mayo de 1938, y las características que demostró fueron muy satisfactorias. Se construyeron después dos prototipos más y diez unidades de preserie que se sometieron a interminables pruebas y ensayos porque las autoridades del Ministerio del Aire se mostraban reacias a aceptar un avión tan insólito. Y así, a pesar de que el Bv.141 siempre demostró que era un aparato eficaz y digno de confianza, terminó siendo rechazado. La suerte del Bv.141 fue, en cierto modo, compartida por otro avión de concepción avanzada y audaz, el Arado Ar.240. Bimotor dotado de cabina presurizada y de torretas teledirigidas para el armamento defensivo, que lo colocaban en la vanguardia de la técnica, el Arado Ar.240 fue sometido a pruebas para ver su comportamiento en los más diferentes papeles. Se le destinaba a reconocimiento, desde luego, pero también para bombardeo en picado, caza pesado, caza nocturno y aparato de ataque al suelo. El primer prototipo voló el 10 de mayo de 1940, y fue seguido por otros numerosos prototipos que no consiguieron, sin embargo, superar los problemas que desde el comienzo se revelaron como muy graves, por ejemplo, la deficiente estabilidad del avión. También era muy original otro excelente explorador alemán, el bimotor ligero Focke Wolf Fw.189. Era un aparato surgido ante la necesidad de los alemanes de contar con un avión especial para el reconocimiento táctico terrestre. Entre 1937 y 1938 se preparó el nuevo Fw.189, concebido sobre todo de manera que todo contribuyera a aumentar la visibilidad del observador. Todos los elementos estaban pensados de acuerdo con esta directriz general; por ejemplo, la cabina era totalmente transparente, ya que estaba acristalada por completo. Además, los largueros de cola permitían que el campo visual fuera amplísimo también hacia atrás. Por otro lado, el vuelo del aparato, sobre todo cuando iba a baja velocidad, era tal que no podía imaginarse mejor condición para el reconocimiento. No es de extrañar que el Focke Wolf Fw.189 fuera bautizado “Das Fliegende Auge”, o sea, “el ojo volador”.