El ataque alemán contra Eben Emael fue una de las operaciones aéreas mas audaces de la guerra y su éxito dependió de que los paracaidistas alcanzasen su objetivo en total secreto y aterrizasen con gran precisión. Para conseguir tales fines hubo de confiarse en un medio no probado hasta entonces: el planeador de asalto.

El DFS 230 fue diseñado por Hans Jacobs y realizo sus primeros vuelos de evaluacion a finales de 1937.
Algunos altos oficiales alemanes quedaron muy impresionados, y uno de ellos, Ernst Udet, informo a sus superiores sobre las capacidades del planeador y añadió que, con algunas modificaciones, serviría para depositar fuerzas tras las líneas enemigas.

Al cabo de unas semanas se curso un pedido para la construcción de una versión militar capaz de llevar un piloto y 10 paracaidistas pertrechados. Aunque el DFS 230 era poco más que una versión agrandada de un velero convencional, demostró excelentes prestaciones al ser usado para depositar pequeñas unidades de asalto. Podía llevar 270kg de carga además de los hombres y planear más de 20km tras ser liberado a 2000m.

La experiencia, sin embargo, demostró que el DFS 230 era muy vulnerable al fuego antiaéreo durante su lenta aproximación al objetivo. Variantes posteriores incorporaron medios para solventar tal inconveniente: los DFS 230B llevaban un paracaídas externo para reducir su distancia de aterrizaje y una ametralladora MG-15 de 7,92mm detrás de la cabina para la supresión de defensas. Algunos ejemplares llevaban incluso dos MG-34 fijas en la proa.

El DFS 230 presentaba un problema aun peor: una escasa capacidad de carga que impedía su empleo en operaciones a gran escala. No obstante, su producción prosiguió hasta abril de 1942, momento en el que se habían construido 1022 ejemplares.
Entrenamiento intensivo.
La captura de Eben Emael fue crucial para el éxito de la ofensiva alemana contra los Países Bajos en mayo de 1940. Seis meses antes, los hombres del Sturmabteilung Koch fueron sometidos a un programa de entrenamiento riguroso y altamente secreto.

El Oberleutnant (Teniente) Rudolf Witzig, quien mando la sección de Asalto Granite, tomo parte en ese programa que sirvió para que sus hombres se preparasen para el revolucionario asalto aerotransportado de la fortaleza.

“La seguridad era vital, pues nuestro éxito –y también nuestra supervivencia- dependía de que el enemigo fuese tomado por sorpresa.
Todos éramos concientes de ello y a veces hubieron de tomarse medidas drásticas.
Nuestro entrenamiento y detalles sobre equipo, tácticas y objetivos se mantuvieron en completo secreto, y la mayoría de nosotros no supimos el nombre de la fortaleza hasta después de capturarla. No se concedieron permisos y no se nos permitía mezclarnos con hombres de otras unidades.

Incluso las practicas con los planeadores, en el área de Hildesheim, se realizaron a la menor escala posible. Después, los planeadores eran desmontados, trasladados a colonia en camiones de mudanzas y montados de nuevo en unos hangares rodeados de alambradas y guardados por nuestros propios hombres.

Tras las practicas en Hildesheim, el destacamento practico el ataque a fortificaciones muy bien defendidas en la región de los Sujetes y efectuó pruebas de demolición en instalaciones polacas próximas a Gleiwitz. Unas clases en la escuela de zapadores de Karlshorst nos introdujeron en los principios de la construcción de fortalezas.
Finalmente, el interrogatorio de desertores de fortificaciones belgas nos permitió comparar sus declaraciones con lo que habíamos aprendido.

Así se completo la escena y los zapadores adquirieron confianza en sus armas; no nos hubiésemos cambiado por nadie, y mucho menos por aquellos que guardaban los fuertes acorazados”.
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