lunes, 13 de abril de 2009

Magallanes conquista el Pacifico (parte final)

Al igual que la travesía atlántica de Colon, la de Magallanes por el Pacifico fue el resultado de la suerte y cálculos erróneos: suerte, porque el invierno de San Julián demoro su llegada al Pacifico hasta el verano meridional, garantizando que cruzaría el ecuador cuando los vientos del noreste fueran mas plenos; cálculos erróneos, porque parece haber creído que las Islas de las Especias (Molucas) hacia las cuales se dirigía, se ubicaban no mas allá de 80 días de navegación, a través de un mar que ofrecía recaladas intermedias. Si hubiera sabido que enfrentaría 99 días de navegación sin sosiego, apenas habría aceptado el riesgo por la hambruna y la falta de agua.
El derrotero elegido por Magallanes casi lo lleva al desastre.
Después de doblar el cabo de Hornos, siguió una dirección en diagonal a través de las calmas ecuatoriales y, en un océano plagado de archipiélagos, no divisó tierra desde el día en que entró en el Pacífico el 28 de noviembre de 1520 hasta que avistó Guam el 6 de marzo de 1521. Durante los primeros 20 días mantuvo rumbo norte, quizás para dejar atrás los mares fríos lo más pronto posible. Luego alteró su curso en forma gradual hacia el oeste, llegando al ecuador el 13 de febrero de 1521. Avistó pequeñas islas el 24 de enero y de nuevo el 4 de febrero, pero no pudo desembarcar. En el ecuador tomó la sorprendente decisión de continuar hacia el noroeste, en vez de hacerlo directamente hacia el oeste, rumbo a la supuesta ubicación de las Islas de las Especias. Este hecho ha alimentado la conjetura de que su principal destino era la mítica isla de Cipango. En todo caso, hacia la fecha en que avistaron Guam, los exploradores ya bebían agua pútrida y comían galletas agusanadas, ‘que apestaban a orina de ratas’. Confrontados por los ‘ladrones’ en la isla, Magallanes impuso el tono de la conducta europea en el Pacífico quemando sus aldeas antes de partir, ya reabastecidos, el 9 de marzo. Una observación hecha por uno de sus compañeros de viaje sugiere que esperaba que su próxima recalada fuera en la costa de China. Transcurridos siete días avisto Samar en las Filipinas: había encontrado por azar las islas que formarían el punto central de la navegación española en el Pacifico durante los siguientes 100 años. Si bien la muerte de Magallanes a finales de abril en una imprudente intervención en conflictos locales perjudico el prestigio español, la única nave sobreviviente de la flota original de cinco barcos que había zarpado tres años antes pudo volver a casa, a España, por el cabo de Buena Esperanza. Se considero que este hecho y su valioso cargamento de especias justificaron el viaje. Magallanes había expuesto la vastedad del Pacifico e identificado inestimables puntos de recalada en la búsqueda de una ruta viable este-oeste por el Pacifico con destino a Asia. Los exploradores que siguieron a Magallanes desde el cabo de Hornos, como Loaisa en 1526 y Schouten y La Maire en 1616, solo realizaron escasos progresos con respecto al conocimiento del océano. El trazado de las rutas utilizables para la exploración y explotación del Pacifico fue mas que nada producto de los viajes desde Nueva España, el primero de los cuales, el de Álvaro de Saavedra en 1527-1528, fue decisivo. Saavedra descubrió la mejor ruta periférica y reforzó a Loaisa en las Filipinas en un momento en los portugueses amenazaban con eliminar a los españoles. Se puede decir que Magallanes y sus sucesores descubrieron una de las principales rutas de acceso directo desde el Atlántico con los alisios del sudeste; Saavedra y sus sucesores establecieron otra desde Nueva España directamente a través del Pacifico norte. La ultima ruta viable en dirección este-oeste, a través del Pacifico sur desde Perú, demoro mas en ser explorada. La navegación del Pacifico por la ruta de Magallanes vía Guam fue dirigida desde Nueva España hacia metas comerciales confiables: las especias de las Molucas, las sedas de la China, los lingotes de plata de Japón. Solo con el crecimiento de las colonias españolas en Perú nació el incentivo para intentar descubrir tierras desconocidas en el Pacifico sur, en donde los colonizadores pudieran esperar recompensas tan opulentas como las disfrutadas por sus contrapartes mas al norte. Tres tradiciones diferentes estimularon tales tentativas: la leyenda Inca de ricas islas en el interior del Mar Occidental; el mito de un gran continente desconocido en el sur, Terra Australis, y los rumores desde Chile relativos a que la verdadera ubicación de las legendarias Amazonas y de las minas del rey Salomón estaba en la misma dirección.