martes, 9 de diciembre de 2008

Vida y caída del caballero medieval

Durante el apogeo de los siglos XII y XIII, los amos de la guerra medieval fueron las bandas de caballeros con armadura que galopaban contra soldados de infantería mal entrenados. Eran persopnaje4s aterradores, imponentes con los yelmos que le protegían la cabeza, y los gallardetes heráldicos en sus escudos y sobrevestes. Las normas caballerescas de la elegancia en combate fueron importantes en la literatura, pero la mayor parte del combate en aquellos días era, en realidad, a poca escala y algo sórdida: los caballeros hacían incursiones armadas en territorio enemigo, y los civiles que no se protegían en castillos o en las murallas de una ciudad eran masacrados.
La forma de combate mas común era el sitio. Los caballeros no tenían piedad por los derrotados. El cronista francés Froissart describió la manera en que Eduardo, el príncipe negro de Inglaterra, mando a sus tropas que acabaran con los más de 3000 habitantes de Limoges, luego de tomar la ciudad en 1370. Los soldados a caballo, entre los cuales estaba la elite de los caballeros, iban adelante en los primeros ejércitos medievales; la infantería quedaba en la retaguardia, para asegurar la base de la batalla. Caballeros y nobles comandaban sus propias formaciones de hombres con armadura; a cada uno lo asistían un escudero, un paje y, a veces, un arquero. Cuando los caballeros se lanzaban a la carga, eran terribles y devastadores, aunque tenían un punto débil: como cargaban pesadas armaduras, eran muy vulnerables si perdían su montura. No es cierto que los caballeros caídos quedaran totalmente indefensos, pero les era muy difícil incorporarse. Si caían boca abajo, el enemigo les golpeaba el yelmo con mazas hasta incrustárselo en el cráneo; de caer de espaldas, se les levantaba la visera, y solo alcanzaban a ver el brillo del acero de la daga enemiga, antes de que se la clavaran en un ojo. Pero la época caballeresca quedo atrás. El principio del fin ocurrió en 1392, en la batalla de Nicopolis, en la que un ejército occidental de caballeros montados fue repelido por una tropa turca, que se poyaban en la disciplinada infantería de Jenízaros.
Antes de existir la artillería, el peor enemigo de los caballeros eran los arqueros. Había dos clases de arco: la ballesta, utilizada por las tropas europeas, y el arco largo, favorecido por ingleses y galeses. La ballesta era un arma sumamente precisa, y el impacto y velocidad de sus flechas le permitía perforar armaduras impenetrables para otras armas. El arco largo, un arma de origen Gales, adoptada y desarrollada por los ingleses, podía disparar mas flechas que una ballesta: hasta diez por minuto, si el arquero era hábil. Sin embargo, su rango de alcance era de 256mts, ligeramente menor que el de la ballesta. También era menos preciso, pero su ritmo de disparo compensaba estas limitaciones. Los arcos largos estaban hechos de estacas de tejo u olmo, con una longitud de 1,80mts, tensados con cuerda. Los reyes ingleses valoraron tanto a los arqueros experimentados durante la guerra de los 100 años (1338-1453) que llegaron a pagarles hasta 6 peniques por día, un sueldo excepcionalmente alto en su época. Tanto para el arquero como para el soldado de infantería de bajo rango, la vida en campaña era de penurias. Una marcha forzada, incluso sin acción militar, cubría hasta 20km las distancias se fijaban de acuerdo con las necesidades de los caballeros, no de los soldados, además, los reclutas estaban sujetos a una total disciplina militar, donde los castigos incluían desde azotes hasta ahorcamiento, pasando por multas o tareas adicionales, en caso de delitos como robar o dormirse cuando tocaba vigilar. La comida era escasa, incierta y mal surtida: los soldados recurrían al saqueo para complementarla. El sueldo de un recluta en campaña era poco mayor que el de un civil por un día de trabajo y, frecuentemente, se le pagaba con retraso. Los soldados se sofocaban en verano y se helaban en invierno. Era mas probable que murieran de peste o disentería que en batalla. El comisario tenia que hallar grano para la ración de los soldados, molerlo y hornearlo; también la cerveza, el pescado salado y el queso. Además, las provisiones, así como tiendas y equipo personal de los soldados, debían ser transportados, por lo que se agregaban carretas y vagones a las columnas en marcha. Una campaña inglesa en Francia significaba incorporan unas 50000 personas en marcha, incluidas las prostitutas. ¿Porque, entonces, los civiles jóvenes se enrolaban y tomaban el “chelín del rey”, suma que, una vez aceptada, los unía permanentemente al ejército? En muchos casos, eran reclutados por la fuerza; en otro, impelidos por el hambre. Existía la posibilidad de obtener ganancias mediante el saqueo y el pillaje. Además de soldados, todo ejército tenía mercenarios que, por contrato, peleaban a favor de cualquiera que los empleara; no reconocían ninguna autoridad que no fuera la del líder que ellos mismos habían elegido. Los caballeros, que antes dominaban la guerra medieval, se hicieron más vulnerables ante las armas cada vez más eficaces. El arquero uso la ballesta, instrumento mortífero que disparaba flechas o cortos clavos con punta de acero de enorme poder, capaces de perforar las armaduras más gruesas. La alabarda, combinación de lanza y hacha, podía derribar a un caballero de su montura, y apuñalarlo en cuanto caía. La infantería clavaba postes en el suelo, para formar una barrera contra la caballería, y giraba mayales adaptados de las herramientas para trillar granos, cuyo efecto era mortal. Pero el advenimiento de la pólvora, a principios del siglo XIV, volvió obsoletos al caballero con armadura y al castillo, su antigua base de operaciones, que ya no era inexpugnable. Los cañones, usados por primera vez en el asedio a Metz, en 1324, pronto sometieron incluso a las edificaciones más orgullosas.