viernes, 12 de junio de 2009

Precursor de la nueva generación de cazas de combate, Adolf Galland

A la edad de treinta años, Adolf Galland fue el general mas joven de las fuerzas armadas alemanas. Muchos años mas tarde, en la ancianidad, seguiría manteniendo un aura de leyenda y respeto en el mundo de la aviación de todo el mundo. Nacido en Westerhof en marzo de 1912, Adolf Galland fue uno de los primeros jóvenes que se alistaron para volar como pilotos de la nueva Luftwaffe en los años treinta. Participo con la gloriosa Legión Cóndor en la Guerra Civil Española, en la que hizo doscientas ochenta salidas, en misiones de apoyo a las fuerzas terrestres, destacándose por ese entonces por su bravura y arrojo en combate. La misma misión tuvo durante la invasión de Polonia en septiembre de 1939, donde ascendió a capitán por su brillante desempeño. Durante la invasión de Holanda y Bélgica consiguió que lo transfirieran a una unidad de cazas. Y fue sobre Bélgica donde logro sus primeras impresionantes victorias, sobre los avezados Hawker Hurricanes británicos. Ascendió a comandante, se destaco por su gran habilidad para dirigir grandes formaciones de cazas. Propugnaba la ofensiva en la táctica de combate de los cazas, lo que lo enfrento a muchos que para ese entonces se aferraban a la vieja escuela de la lucha aérea. Con ello se situó en primera línea de la nueva generación de comandantes de cazas. Cuando se hallaba al frente de su escuadrilla en plena batalla de Inglaterra se le concedió la Orden de Caballero. Había destruido ya entonces diecisiete aviones enemigos. Las hojas de roble le fueron otorgadas al mes siguiente, septiembre de 1940, cuando había llevado su record a 40 aviones ingleses derribados. Durante 1941, su formación de cazas continúo en la costa del Canal de la Mancha, a diferencia de la mayoría de las unidades, que fueron desplazadas a otros frentes. El 21 de junio de aquel año se convirtió en el primer miembro de las fuerzas armadas alemanas que recibió las espadas de la Cruz de Caballero, cuando el numero de aviones derribados personalmente por él llego a la cifra de sesenta y nueve. En enero de 1942 le llegaron los diamantes a su Cruz, y poco después fue nombrado general de cazas. Mantuvo este cargo hasta comienzos de 1945, cuando de nuevo le encomendaron una misión de combate, como comandante de la Jagdverband 44, unidad escogida especialmente formada. En ella estaban integrados los ases de la Luftwaffe supervivientes, que pilotaban los aviones de reacción Meserschmitt Me.262, en la última defensa del III Reich durante las semanas finales de la contienda en Europa. La extraordinaria profesionalidad de Galland, y sus heroicas acciones en combate, le atrajo la admiración entre los pilotos de las fuerzas aéreas enemigas, tanto durante la guerra como después de ella. En efecto Adolf Galland conservaba, a pesar de su gran ferocidad en combate, una singular caballerosidad, más propia de los tiempos del Barón Rojo. Por ejemplo, cuando fue derribado por su implacable accionar, el renombrado piloto ingles Robert Stanford Tuck, en enero de 1942 en el norte de Francia, Galland lo invito a comer con él y le rindió el honor debido a un camarada de la aviación que había sabido combatir bravamente. Luego de ese noble gesto que se repetía por miles en las filas del Reich, Tuck fue internado en un campo de prisioneros. Muchos años después, y habiendo sobrevivido ambos al conflicto, Galland y Tuck se volvieron grandes amigos.
Adolf Galland muere en febrero de 1996 a la edad de 83 años, los que estuvieron con el héroe de la Segunda Guerra en sus últimos momentos afirman que al momento de dar su último suspiro se le oyó decir: "Heil Hitler".