martes, 2 de junio de 2009

Der Kleine Krieg, la guerrilla del siglo XVIII

Aunque en el siglo XVIII los ejércitos eran cada vez más complejos y disciplinados, otras influencias introdujeron desarrollos en direcciones distintas. Estas influencias solían provenir de la periferia de Europa, sobre todo de los Balcanes, o el mundo extraeuropeo, principalmente de Norteamérica. En estas regiones, las tácticas lineales no eran oportunas, tanto por el tipo de terreno como por la clase de enemigos, o ambas cosas. Mientras las tácticas lineales favorecían la intervención de grandes ejércitos y batallas descomunales y aportaban el impulso necesario para la victoria decisiva, Der kleine Krieg, la guerrilla, reflejaba un estado del arte bélico basado en la continuidad y sin pretensiones de tener un carácter decisivo. Tal era la clase de enfrentamientos bélicos que tenían lugar en las fronteras entre potencias hostiles, como el límite militar que separaba los imperios otomano y de los Habsburgo o la frontera entre las colonias británicas de Norteamérica y las numerosas tribus de pueblos indígenas, o incluso en la separación entre las altas y bajas tierras de Escocia. El modo de guerrear en estas fronteras era constante, e incluso en tiempos de paz siempre cabía la posibilidad de incursiones armadas, ya fuera para el pillaje o como simple llamada al desorden.
Las técnicas usadas en Der kleine Krieg eran muy diferentes de las que se estaban desarrollando en Europa occidental. Las unidades del tamaño de un batallón, que luchaban en formación y usaban un sistema rígido de descargas, eran inadecuadas para este tipo de combates. La guerra irregular necesitaba tropas que pudieran actuar con más independencia, en pequeños grupos de escaramuzadores. En los Balcanes y en Hungría, esta tendencia llevó al alistamiento de cuerpos irregulares de croatas y húngaros, que servían normalmente bajo sus propios jefes locales en apoyo de los Habsburgo. Los más célebres fueron los pandours croatas, que sobresalieron como infantería ligera. En Gran Bretaña se organizaron compañías independientes de Highlanders para mantener la paz en las plazas fuertes gubernamentales. Estos soldados terminaron por fundirse en el Royal Highland Regiment, los “vigilantes negros”. En Norteamérica, los británicos recurrieron a colonos exploradores (rangers) y a guerreros indígenas. En la mayoría de los casos, estas tropas irregulares no tomaban parte en las grandes batallas que se libraron en este período en Europa. La principal excepción fue la movilización austriaca de todos los hombres disponibles para defender sus fronteras durante la Guerra de Sucesión austriaca y la Guerra de los Siete Años. En ocasiones, se alistaba para una campaña un número de 40.000 croatas o más. Esto suponía una parte importante de la fuerza militar austriaca global. También demostró, al menos al principio, ser una estrategia problemática para los prusianos. Estos croatas se formaban en regimientos Grenzer con la organización de batallones y compañías. Pero su forma de luchar significaba en la práctica que se comportaban como escaramuzadores, y no como formaciones regulares. Servían en labores de reconocimiento, componían piquetes y hostigaban a pequeños grupos de soldados enemigos. A menudo, este acoso se extendía también a la población civil. Pero su forma de luchar en orden abierto derrotaba a menudo a las mejores unidades de un ejército regular. Por ejemplo, el 23-24 de abril de 1757, dos batallones de granaderos prusianos quedaron atrapados en una colina, rodeados por un gran número de tropas irregulares croatas. Éstas les produjeron un gran número de bajas, sobre todo entre los oficiales. El éxito croata provenía del hecho de que los prusianos tenían en principio pocas tropas capaces de luchar en orden abierto contra ellos. Aunque contaban con algunas compañías de Jägers, éstos servían principalmente como policía militar y solo mas adelante actuaron como infantería ligera. Los prusianos respondieron ordenando la formación de unidades de Freikorkps, conformadas a menudo con desertores, extranjeros y otros elementos sociales marginales y exclusivos. El propio Federico tenía en baja estima a estas tropas, y parece que siempre las mandaba a batalla en desventaja contra los croatas. Después de la guerra de los Siete Años se produjo un movimiento favorable a Der Kleine Krieg (guerrilla) no con tropas irregulares, sino con ejércitos formales al mando de los mejores oficiales. Ello demuestra el impacto que tuvo Der Kleine Krieg en la inteligencia militar de la época, que advirtió las posibilidades subyacentes en tácticas de desorden de las comunicaciones enemigas y de captura de información como apoyo a las grandes guerras de aquel tiempo.