viernes, 5 de junio de 2009

El África Korps inicia el ataque (parte segunda)

El núcleo de las tropas de asalto de la división era pequeño, formado por grupos compactos de infantería entrenados para avanzar haciendo el mayor uso del terreno local. Armados hasta los dientes, con bandoleras que contenían balas extra y llevando el fusil convencional Mauser 98K de 7,92mm o la subametralladora MP38, estos hombres resultaron ser formidables en el ataque e infatigables en la defensa. Las MP38, con una cadencia de tiro de 500rpm, era un arma soberbia para el combate cuerpo a cuerpo y muy temida por los Aliados. Además, la mayoría de los soldados llevaban un manojo de granadas de mano. La Steilhandgranate 24 era la ideal para las necesidades de las tropas de asalto, y podía ser usada como contracarro y antiemplazamientos lanzando 6 granadas juntas. El fuerte apoyo de las ametralladoras MG34 y de una gran variedad de morteros se desplegó para mantener a los defensores en sus puestos mientras las tropas de asalto avanzaban. El plan de batalla de Rommel consistía en distraer la atención del 8º Ejército mediante el lanzamiento de ataques de infantería contra Gazala y, mientras la ciudad estaba bajo presión, un grupo blindado, moviéndose de noche, pasaría debajo del frente, rodearía el flanco izquierdo de los Aliados y después formaría sus posiciones. Según las palabras de de la orden de operación de Rommel, la fuerza tenía que destruir “el Ejército británico situado en los sectores de Bir Hachim-Acroma-Gazala, después de lo cual, el Panzerarme Afrika tomará la fortaleza de Tobruk”. Las órdenes de Rommel para la 90ª División exigían que tenía que “dirigirse a la mayor velocidad, avanzando inexorablemente sin permitirse ser distraído por el enemigo”. Rommel esperaba el máximo sacrificio de las tropas de su división de infantería motorizada y así, de hombres sufriendo el calor y la falta de agua, se esperaba que derrotasen a una fuerza enemiga superior y bien descansada. Aunque la ofensiva se abrió con parte de la 90ª División ligera apoyando los ataques a Gazala, el grueso de la división se desplazo al sur con los blindados entre el 26 y el 27 de mayo.
En el momento justo una masa de carros de combate rodeó el flanco británico en una amplia maniobra. El objetivo de la división era El Adem, un punto de cruce de dos caminos nativos que se esperaba estuviese defendido por una pequeña guarnición. El Adem, sin embargo, resultó ser un “box” fuertemente defendido por una brigada. La división dividida en tres grupos de batalla, avanzó confiada hacia el objetivo, desconocedora del peligro que afrontaba, hasta que un preciso e intenso bombardeo cayó sobre ella. Tras la cortina de fuego llegaron los blindados británicos. La 9ª se dispersó y se perdió el contacto, no sólo entre los grupos de batalla, sino también con el Africa Korps. Las divisiones panzer también encontraron problemas viéndose en una situación bajo presión, pero la 90ª División Ligera no podía ofrecer ayuda, pues sus propias unidades, avanzando a través de la inmensidad del árido desierto hacia El Adem, estaban sin compañía y sin apoyo.
En la mañana del 28 de mayo, primero un grupo de batalla y luego el otro de los que también se habían perdido restablecieron contacto, seguidos durante el día por la artillería divisional. La 90ª División renovó su avance y se dirigió hacia el oeste para unirse al Africa Korps. El camino apareció bloqueado por un vasto campo de minas y la 90ª División se detuvo. Los primeros intentos del 900º Batallón de Ingenieros de abrir una brecha en las defensas fueron rechazados por un destructivo y preciso fuego de artillería; los zapadores fueron enviados a otro sector y consiguieron abrir un corredor en tres horas. Los vehículos de la 90ª División fueron canalizados a través de este estrecho pasillo por donde las compactas columnas avanzaban lentamente. Los hombres, irritados e impacientes por el retraso, estaban notablemente nerviosos, causado éste por el descubrimiento, más allá del campo de minas abierto por los zapadores, de que había otro campo de minas abierto por los zapadores, de que había otro campo de minas, que también tenía que ser abierto. Antes de que llegase la orden, un solitario bombardeo británico, cruzando el campo de batalla, arrojó bengalas y después lanzó una pequeña tanda de bombas. El pánico estalló en la división, el grupo de vehículos en cabeza se lanzó hacia delante, sobrepasando a los zapadores que hacían su trabajo y entrando en el terreno aún sin limpiar por lo que varios volaron inmediatamente por los aires. El sonido de las explosiones extendió el rumor de que la RAF estaba bombardeando la columna. Era, desde luego, un blanco apetecible, una masa de autos inmóviles e incapaces de escapar. El caos estalló cuando los conductores, exhaustos por la falta de sueño e incapaces de pensar con claridad, dirigieron sus camiones fuera de las cintas de señalización, en plena zona sin aclarar de minas y volaron por los aires.