domingo, 8 de noviembre de 2009

El ejercito griego en la época de las Guerras Médicas (primera parte)

Entre los griegos, los ciudadanos de cierta categoría económica, integrantes de la polis, eran el nervio del ejército: los guerreros de elite. Los habitantes de mas escasos recursos, los siervos y hasta los esclavos combatían también, pero lo hacían como infantería ligera. Los pastores o habitantes de las colinas eran particularmente aptos como infantería informal y es común encontrarlos representados en vasos griegos (que son la fuete primaria para reconstruir estilos y formas de combate), como combatientes sin mas armas que hondas y jabalinas, y sin mas protección que una piel de animal cubriendo el brazo izquierdo a manera de escudo. Por su parte, los habitantes urbanos de menor categoría servían como remeros y tripulaciones en las flotas. Los habitantes de la periferia griega y los insulares desarrollaron formas especiales de combatir y eran agregados como auxiliares o mercenarios, siempre como tropas ligeras. Los tracios, por ejemplo, lo hacían como “peltastas”, cuyo nombre deriva de la “pelta”, un escudo liviano, de mimbre trenzado o de cuero, en forma de media luna. Los tracios eran usados como exploradores o combatían cuerpo a cuerpo en orden suelto o abierto, como lanzadores de jabalinas. No se esperaba de ellos que llevaran adelante un ataque pesado. Los cretenses eran arqueros famosos por su eficacia y puntería; llegaban a empeñarse en el combate cuerpo a cuerpo, pues portaban un pequeño broquel y espada. Algunas fuentes les atribuyen el uso de jabalinas, pero podría tratarse de la “devolución” de las arrojadas por el enemigo, como forma de suplir la escasez de flechas. En efecto, y en apoyo de ello, Jenofonte cita que los peltastas devolvían como jabalinas las flechas de sus enemigos montañeses, que tenían dos codos de largo, usando una correa como impulsor. Los escitas eran también excelentes arqueros, montados o a pie, y se sabe que hubo trescientos de ellos como policía de a pie en Atenas (incluso la palabra griega que designaba a los escitas se siguió utilizando luego con el sentido de “policía”). Los rodios (habitantes de Rodas) eran excelentes honderos. Es nuevamente Jenofonte quien se refiere a su excelencia en el uso de la honda, por lo que los griegos fabrican estas armas para los mercenarios rodios, quienes sobrepasaban con sus tiros el alcance de las flechas enemigas y utilizaban piedras y bolas de plomo o arcilla cocida. Los tesalios, de las llanuras del norte de Grecia, eran la mejor y la única caballería griega del periodo (circa 500 años a.C.). Combatían arrojando jabalinas o empuñando lanzas cortas. A veces llevaban corazas metálicas musculadas y un típico sombrero de ala ancha (petasos), muy usado también por la infantería ligera y que, por lo general, era de metal, recubierto de fieltro, a la manera de los sombreros de caballería de la edad moderna apodados “la secreta”, pues contenían un casco de metal interno. El petasos metálico además solía ser usado como pequeño escudo en las escaramuzas. Tanto eran usados los antedichos pueblos como mercenarios especializados, que sus nombres eran sinónimo del tipo especial de guerrero. Así, “un cretense” podía ser un arquero contratado, aunque no necesariamente de la isla de Creta. Dado el terreno montañoso y las escasas llanuras, los combates en Grecia solían ser enfrentamientos frontales de tropas pesadas, donde finalmente prevalecían la fuerza, la moral y la disciplina de las falanges, aunque progresivamente, gracias a las guerras con sus vecinos e invasores, se vio incrementado el número de caballería y peltastas que la acompañaban en los flancos. Probablemente también hayan sido el intercambio con escitas y persas lo que incremento notablemente el numero y uso de los honderos, arqueros y jabalineros, que generalmente servían para exploración o para cubrir los flancos de la línea de infantería pesada.
El principal combatiente de las polis griegas era el hoplita, que combatía con una lanza de siete a diez pies y un escudo redondo de aproximadamente tres pies de diámetro, según las fuetes. Este escudo era combado hacia delante y estaba construido con madera revestida de cuero o piel y forrado de metal, especialmente reforzando los bordes, aunque los más comunes eran los totalmente recubiertos en bronce. Estos escudos tenían un diámetro que iba de noventa centímetros a un metro, pues debían proteger frontalmente al guerrero desde el mentón hasta las rodillas. La palabra hoplita deriva de “hoplon”, nombre del escudo, que es el que define la esencia de la forma de lucha del ciudadano soldado. Los hoplitas formaban una falange de lanzas de entre ocho y doce líneas de profundidad que se dividía en subunidades llamadas “sintagmas”. Cada soldado se cubría a si mismo y cubría a su vez el flanco de su compañero. La fuerza de la falange radicaba en la mística común, en el entrenamiento de la formación en orden cerrado de escudo contra escudo, en la disciplina y en la moral del combatiente. Para el griego era fundamental el concepto de la “areté agonal” (la virtud para el combate) como principio de formación del ciudadano.