domingo, 22 de noviembre de 2009

La guerra en líneas (1715-1763)

Las décadas que siguieron a la Guerra de Sucesión española (1701-1713), asistieron a una serie de cambios que permitieron el desarrollo de la guerra en línea hasta su máxima expresión. Se produjeron, por ejemplo, modificaciones en la táctica y los métodos de disparo que incrementaron la potencia de fuego y la letalidad de la infantería en el campo de batalla. Hubo también cambios graduales en la tecnología del mosquete de cañón liso, que llevo esta arma casi a su mayor potencial. La centralización de la autoridad en manos del estado se mantuvo, lo que permitió a su vez la imposición de niveles crecientes de uniformidad de los ejércitos del periodo, incluida la de normas estrictas de instrucción y disciplina. Finalmente, el periodo estuvo repleto de grandes contiendas, entre ellas la Guerra de Sucesión polaca (1733-1735) y la de Sucesión austriaca (1740-1748), así como la Guerra de los Siete Años (1756-1763), que se libro en tres continentes. Una de las consecuencias fue el aumento de la literatura y el estudio de la “ciencia de la guerra” durante el periodo. Los escritores se repartían entre quienes buscaban discernir los principios universales de la guerra y los autores de obras más didácticas destinadas a educar la conducta de los oficiales en los conflictos bélicos. En la estela de la Guerra de Sucesión española, la mayor parte de los ejércitos habían adoptado algún tipo de técnica de disparo en pelotón, como el sistema holandés, que fuera introducido durante ese conflicto. La formación normal para un batallón de infantería a partir de 1720 era el despliegue de formaciones de tres o cuatro en fondo, siendo mas frecuente la segunda. En la mayoría de los países, a mediados del siglo se adoptaron variantes de la división de la unidad en tres “grupos de disparo”. Los británicos mantuvieron un método de descarga basado en la división del batallón en tres filas de disparo, según el antiguo sistema holandés. La infantería prusiana, desarrollada bajo la tutela del príncipe Leopoldo de Anhalt-Dessau, empleo un sistema que hacia que los ocho pelotones de cada batallón dispararan por separado, uno tras otro. Empezaba el pelotón de un flanco del batallón (probablemente, el más veterano, situado a la derecha), seguido de inmediato por el otro flanco. El pelotón siguiente al que había disparado primero lanzaba una descarga, que se seguía de otra del grupo correspondiente en el lado opuesto de la unidad. Así se seguía hasta llegar al centro, con lo cual disparaban los ocho pelotones. El proceso duraba en total entre 15 y 20 segundos, al menos en terreno de marcha, y una vez que habían abierto fuego los ocho pelotones el primero había recargado las armas y estaba presto para continuar. Entre todos los grandes ejércitos, solamente el francés mantuvo el método de disparo por filas (formadas ahora por cuatro en fondo) hasta mediados del siglo, cuando termino por adoptar la técnica de los pelotones. El capitán Robert Parker, testigo de muchas de las campañas de Marlborough, ofrece una de las crónicas mas interesantes sobre esta practica, al comentar la batalla de Malplaquet de 1709: “A las ordenes del coronel Kane, que estaba entonces al mando del Regimiento, formamos para el combate en pelotones y avanzamos lentamente hacia ellos, con seis pelotones listos para abrir fuego. Una vez recorrido un centenar de pasos, recibimos una descarga desde una de sus filas: entonces nos detuvimos y les devolvimos el fuego con nuestros seis pelotones a la vez; y de inmediato preparamos los pelotones para una segunda descarga y avanzamos contra ellos. Nos llego una andanada de otra de sus filas, y devolvimos el fuego por segunda vez, obligándolos a retroceder; sin embargo, una tercera de sus filas disparo contra nosotros de una forma bastante dispersa, y después se retiro a los bosques en gran desorden: entonces les lanzamos nuestra tercera descarga, y no volvimos a verlos”.