domingo, 26 de julio de 2009

Mercenarios en el Congo (parte segunda)

La siguientes actuación del 5.º Comando, a cargo del 51.º Comando del teniente Gary Wilson, fue un éxito rotundo, pues vengó el fracaso anterior y recapturó Albertville. Era una victoria importante en sí misma –Albertville era una ciudad considerable y quien ostentase su control podía amenazar tanto la provincia de Kananga, en el sur, como los simbas habían hecho, como la Provincia Oriental, en el norte, como el 5.º Comando se disponía a hacer–, pero sobre todo esa victoria reforzó la moral del 5.º Comando: había demostrado su superioridad respecto de los simbas y sentó las bases para que sus hombres se ganasen la reputación de “gigantes blancos”. Las tácticas desarrolladas por el 5.º Comando eran, si se quiere, poco convencionales, pues se basaban únicamente en la velocidad y la potencia de fuego. El 5.º Comando no realizaba laboriosas aproximaciones por “saltos” ni avances de infantes desplegados en guerrilla a través del bosque. Simplemente se lanzaba a toda velocidad contra la posición o localidad enemiga y abría fuego con todas las armas de que disponía. No existían preavisos de los ataques del 5.º Comando, tales como bombardeos artilleros preliminares o incursiones aéreas, por la sencilla razón de que no contaba con artillería ni con apoyo aéreo. Confiaba exclusivamente en la sorpresa, la velocidad y el ruido para confundir al enemigo. Por supuesto, puede aducirse que ese enemigo lo era todo menos sofisticado, peor los simbas eran guerreros fanáticos, a veces equipados con armas automáticas y siempre agrupados en gran número de hombres, drogados con marihuana y dawa, un preparado que esperaban que les protegiese de las balas. Incluso cuando los mercenarios podían utilizar un par de ametralladoras tirando a bocajarro, los simbas cargaban blandiendo sus fusiles y lanzas. Enfrentados a un enemigo tan implacable, los mercenarios sufrieron numerosas bajas.
El teniente Jeremy Spencer mandó su unidad, el 56.º Comando, en dirección al norte a finales de octubre. El 4 de noviembre se encontraron con:
“un autoametralladora rebelde que se nos acercaba abriendo fuego con su ametralladora Browning del doce setenta contra nuestro vehículo Ferret de cabeza. Un fuego devastador anunció que el infierno se había puesto en marcha. Un sinfín de trazadoras volaban por todas partes sin, por suerte, causarnos daños, y finalmente conseguimos silenciar el autoametralladora rebelde y volvió la paz.” Al día siguiente llegamos a la ciudad rebelde de Kindu, donde:
“organizamos un tremendo tiroteo contra nada en particular, simplemente disparábamos mientras atravesábamos el centrote la ciudad. Después llagamos al embarcadero, donde el voluntario Patience (los mercenarios eran, a título oficial, “voluntarios”) mató al general Olenga. Conseguimos también hundir una barcaza con 50 rebeldes a bordo.”
El viernes 13 de noviembre Spencer escribía en su diario: “Una mañana tensa para alguien supersticioso como yo. Habíamos oído que nueve camiones habían salido de Stanleyville tres días antes para atacarnos y nosotros esperábamos cualquier tipo de ataque rebelde, pero como ya era usual no sucedió nada.” Sin embargo, la página correspondiente al 14 de noviembre recogía un testimonio diferente: “Esta mañana, a las 07,00 horas, el teniente Spencer ha muerto a consecuencia del fuego enemigo del que hemos sido objeto a las 05,35 horas. Jeremy fue alcanzado en la cabeza y murió sin haber recuperado el conocimiento; hemos perdido un oficial y un amigo.” Hoare, por entonces en Léopoldville, recibió la noticia de la primera baja entre sus oficiales con gran disgusto. Su esposa, Phyllis, acababa de dar a luz en Natal y él le cablegrafió que bautizara al niño con el nombre de Jeremy.