lunes, 6 de julio de 2009

Historia de las bayonetas (parte segunda)

La bayoneta de engaste
En los primeros años del siglo XIX se comenzó a poner remedio a este inconveniente con la fabricación de las primeras bayonetas de engaste. En este tipo de arma, el montaje quedaba asegurado por un engaste con deslizador, situado en la empuñadura, en que se engastaba con precisión un elemento adecuado, fijado en el cañón del fusil.
La entalladura era hecha longitudinalmente y puesta en el plato de la empuñadura. Un tope de muelle hecho a este propósito, regido por un disparador de botón, bloqueaba el montaje en posición de calado. A mediados del siglo se perfeccionó el sistema acoplando, en un engaste colocado en el dorso, una arandela sobre el brazo de guarda, destinada a recibir la extremidad del cañón del fusil. Con esta modificación, la bayoneta quedaba fijada en dos puntos y el conjunto ganaba en solidez. Los primeros ejemplares de bayoneta de engaste iban dotados de una larga hoja de un corte, dorso recto, paralelo al filo, y terminando en un falso corte, dorso recto, paralelo al filo, y terminando en un falso corte que reducía la hoja en una punta ojival. La empuñadura era de latón en forma de sable, con brazo de guarda simple, ensamblada en el pomo, y brazo de tope corto. La barra llevaba en el plato externo un cojinete invertido hacia abajo. El sable-bayoneta Baker

El sable-bayoneta Baker, es el típico ejemplo de la bayoneta de engaste. Debe su nombre a un fusil inglés del que se realizaron diversos modelos en los primeros veinte años del siglo XIX. Uno de esos modelos está formado por hojas de sección triangular, sacadas de la bayoneta de virola, montadas sobre una empuñadura de latón, con una pequeña guarda en cruz.
En todos los modelos el engaste está colocado en el plato de la empuñadura y nohay virola de fijación para el cañón. Con sus largas hojas y la forma que los caracterizaba, los sables-bayoneta recordaban mucho las espadas cortas de caza y, como tales, podían ser también empleadas caladas sobre un fusil. Tal principio fue adoptado por todos los ejércitos europeos que, en épocas sucesivas, tuvieron dotaciones de modelos de bayoneta de sable, provistos casi siempre de virola para el cañón y de engaste al dorso. El modelo Baker había puesto en evidencia que una hoja, de unos 60cm de longitud, precisaba de un segundo punto de fijación para resistir las cargas mecánicas descargadas sobre su largo brazo de leva. Pero acortar las bayonetas destinadas a la infantería no era una solución aconsejable, dado el reducido volumen de fuego que se podía obtener con los fusiles de la época y la gran eficacia de choque que la caballería continuaba demostrando. A pesar de algunas recuperaciones de la bayoneta de virola o de las hojas soldadas, fue este modelo el que se impuso en los campos de batalla de toda Europa. Las variaciones que experimentaron los sables-bayoneta dependieron específicamente de la diversificación de los modelos que, sucesivamente, estuvieron en dotación; afectaron, además de las dimensiones, a la forma de la hoja (machete, hoja recta, yatagán), o especializaciones de la misma (hojas con dorso en sierra para los zapadores o los gastadores). La guarda tenía una forma más simple, pudiendo ser en cruz, con los brazos rectos, o curvada en forma de S. Con el tiempo, el brazo de defensa se fue acortando, hasta tener una única virola, mientras el brazo de guarda dibujaba una curva en semicírculo hacia el corte del arma, como en el modelo para el fusil Gras en dotación en las tropas francesas en 1874, o en el modelo con hoja desvainada, que se calaba en el fusil Lebel. Este tipo de guarda, en el cual el garfio servía para formar los haces de las armas típicas de los campamentos de la época, tuvo una gran difusión también en otras partes del mundo: Turquía (Mauser, modelo 1887), Argentina (Mauser, modelo 1891), Japón (Arsiaka, modelo 1897). En Italia la bayoneta de garfio y argolla estuvo representada por el modelo para la infantería, destinada a ser montada, en el Vetterli, 1870 y 1870/87. La adopción del fusil de retrocarga de repetición manual aumentó considerablemente el volumen de fuego del simple soldado; en consecuencia, la caballería empezó a perder su incontestada superioridad. En los primeros años del siglo XX, las batallas campales, con sus grandes órdenes de batalla móviles, fueron sustituidas por las guerras de posiciones; situarse en posiciones atrincheradas, bien protegidas por obras defensivas, y cubiertas por un adecuado uso de la artillería, se convirtió en condición indispensable para la supervivencia del soldado en zona de guerra.

1 comentarios:

Marcos dijo...

Muchas gracias por la información sobre la bayoneta. Es la primera vez que leo un post tuyo, así que voy a echarle un buen vistazo al blog.

Salud,