viernes, 24 de julio de 2009

Mercenarios en el Congo (parte primera)

Mike Hoare llego a Léopoldville, la capital del Congo, en julio de 1964. Su tarea era crear una fuerza de mercenarios blancos que pudiesen hacer frente y sofocar la rebelión Simba que imperaba en la mitad oriental de ese vasto país.
Pero Hoare triunfo mas allá de sus propias expectativas y de las de sus subordinados, por lo que gano el apodo de Mad Mike (Mike el loco) y una reputación como el mejor líder mercenario de la época moderna. La unidad que recluto, conformo, entreno y dirigió fue esa fuerza mercenaria de elite conocida como 5º Comando. Una de las características más extraordinarias de este 5º Comando, que derroto a literalmente miles de rebeldes simbas armados, fue que sus efectivos en ningún momento superaron la cifra total de tres centenares de hombres. Para Moise Tshombe, llegado al poder como primer ministro del Congo en julio de 1964, era del todo obvia la elección de una fuerza mercenaria para suprimir al ejército simba. Como presidente de la provincia de Kananga había empleado ya mercenarios franceses, a las órdenes del coronel Roger Faulques y su lugarteniente Bob Denard, para expulsar de su territorio a las fuerzas de la ONU. Estaba convencido de que una fuerza mercenaria podría actuar como punta de lanza del Armée Nationale Congolaise (ANC), entrenado por los belgas, que ahora tenían a su disposición. Tshombe mando llamar a Hoare, quien había sido uno de sus mercenarios en Kananga y que ahora residía en Durban. Hoare era el clásico oficial y caballero. Menudo, gallardo y de buenas maneras, habia servido como oficial durante la II Guerra Mundial, primero en el London Irish y después en el estado mayor de Earl Mountbatten durante la campaña de Birmania, a cuyo termino poseía ya el empleo de mayor (comandante). Después emigro a Sudáfrica pero retuvo tanto su nacionalidad irlandesa como su romántica adscripción a uno de los mas famosos mercenarios de todos los tiempos, los “Wild Geese” (gansos salvajes), esos irlandeses que midieron sus aceros por toda Europa durante el siglo XVIII. El lugarteniente de Hoare en el 5º Comando, Alastair Wicks, era un Old Harrovian que confería –en palabras de un periodista occidental- “cierto toque de elegancia a sus a veces sangrientos procedimientos”. Los dos tenientes favoritos de Hoare eran Jeremy Spencer, un Old Etonian que había realizado su servicio militar en los Coldstream Guards, y Gary Wilson, un sudafricano que había servido en la Household Cavalry. Sin embargo, los primeros hombres que Hoare recluto en Sudáfrica, África Sudoccidental y Rodesia eran muy diferentes de estos expertos soldados. Muchos de ellos eran jóvenes blancos que respondieron a los anuncios publicados en la prensa y en los que se ofrecía trabajo para “hombres jóvenes” y que firmaron un contrato por seis meses con unos ingresos de 140 libras esterlinas mensuales. Esta “materia prima” debía ser entrenada y ello era precisamente la misión del sargento primero regimental de Hoare, Jack Carton-Barber. De gran estatura y adornado de un espeso mostacho, Carton-Barber era casi una caricatura del clásico sargento primero, pero su programa de instrucción, centralizado en la base Katangueña de Kamina, se basaba por completo en principios del ejercito británico. El primer grupo de mercenarios que llego a la base de Kamina hubo de entrenar en acción inmediatamente. Eran solo 38 hombres, muchos de ellos alemanes del África Sudoccidental (que había sido colonia alemana hasta la I Guerra Mundial) y nueve partieron inmediatamente. Hoare explico a los 29 restantes la desesperada necesidad que había de rescatar los muchos rehenes que había ahora en manos de los rebeldes simbas. Puso a Siegfried Mueller, un prusiano, al mando de estos hombres y los envió a realizar un ataque lacustre contra Albertville, en poder de los simbas. Pero ese asalto fue un fracaso y desemboco en las dos primeras muertes, que fueron las de otros tantos mercenarios, Nestler y Kohlert. Los simbas se fotografiaron, con aspecto triunfante, con sus lanzas y flechas clavadas en los cuerpos de los dos hombres blancos que yacían sin vida a sus pies. Mueller, primer oficial de Hoare, lucia la Cruz de Hierro que había ganado combatiendo en la Wehrmacht en el frente del Este durante la Segunda Guerra Mundial. En los primeros días del conflicto, cuando el 5º comando empezaba a estructurarse, Mueller fue puesto al frente de una de las subunidades que consistían en 30 hombres y dos oficiales y que se denominaban 51º Comando, 52º Comando, etcétera. Estas subunidades tendían a operar por separado, equipadas con jeeps, camiones y, siempre que era posible, con auto ametralladoras ligeros como los Ferret y Dingo.