sábado, 11 de julio de 2009

Hipaspistas, ligeros como las sandalias de Mercurio

En el ejército macedonio había otras clases de infantería, la más misteriosa de las cuales era el cuerpo conocido como hipaspistas. Fuentes antiguas no lo describen en detalle alguno, y muchos historiadores suponen que formaba simplemente una unidad de elite dentro de la falange, mientras que para otros era una infantería ligera de tipo comando. El hecho de que los hipaspistas lucharan en la derecha de la línea principal indica que eran infantería pesada pero tal vez diferentes a los falangitas. La pieza conocida como sarcófago de Alejandro muestra al emperador acompañado por tropas protegidas con armadura de cuero o lino y con pteryges, cascos tracios y grebas, y llevando el hopla, lo que sugiere que, si se trataba de hipaspistas, debían combatir como hoplitas. Tal hecho tendría un sentido táctico, ya que la falange hoplita, aun careciendo del poder de impacto de la versión macedonia, era más rápida y flexible. También se recurría a grandes cantidades de escaramuzadores y tropas ligeras, sobre todo mercenarios; los favoritos de Alejandro fueron los peltastas tracios de la tribu agriana, conocida por su destreza en el manejo de la rhomphaia. Falangitas e hipaspistas eran instruidos asimismo en la lucha en orden ligero, con lanzas cortas y jabalinas, para operaciones en terreno accidentado. En cuanto al uso de la infantería por Filipo y Alejandro, los ejércitos macedonios y de los diádocos eran fuerzas armadas combinadas. La falange incidía sobre el centro del enemigo en orden oblicuo, hostigándolo y desgastándolo desde el flanco interior, lo que permitía a la principal fuerza de impacto (un cuerpo de caballería pesada dirigido normalmente por el comandante en jefe en persona) atacar por uno o dos flancos. Tal es el patrón que se observa en las batallas de Alejandro y que pervive en Pirro en las derrotas de Epiro infligidas a los romanos 150 años después. Hubo variaciones en este esquema, principalmente en el ámbito de la infantería. En la batalla del Hidaspo (326 a.C.), la falange se usó como principal arma de decisión, un papel que fue cada vez más común después de la muerte de Alejandro en el año 323 a.C. Tras su fallecimiento, el imperio alejandrino se fragmentó en varios reinos independientes regidos por sus generales, que pasaron a ser conocidos como Diadochoi (diádocos). Los ejércitos de estos reinos se basaban en el modelo macedonio, pero con variantes locales y con la sola constante del papel central de la falange. No en vano, se produjo un notable declive de la fuerza de la caballería en algunos de los reinos de los diádocos, sobre todo en la propia Macedonia, y la falange vivió un renacimiento como principal arma de choque, formando una proporción notablemente superior en el ejército que en tiempos de Alejandro. En el Hidaspo, Alejandro tenía cinco chiliarchi (unos 15000 falangitas) de una fuerza total de 40000 a 50000 hombres, frente una cifra posible de 16000 a 18000 falangitas entre un total de 70000 bajo el mando de Pirro en Ausculum; y, según la crónica de Livio, en Cinoscéfalos (197 a.C.), la falange de Filipo V de Macedonia constaba de 16000 hombres entre los 23000 o 24000 que formaban su ejército; las tropas de Perseo en Pidna, que sumaban 43000, tenían 21000 en falanges. Estas cantidades son conjeturales, y pueden incluir a otras fuerzas de infantería. Sin embargo, de los relatos clásicos de batallas entre ejércitos de Roma y los diádocos puede deducirse que, conforme avanzaba el período, los generales helenísticos (como sus antepasados griegos) se basaron cada vez más en asaltos de falanges. En todos estos relatos, la derrota de la falange conduce irremediablemente al colapso de todo el ejército. Los principales inconvenientes de la falange macedonia se asociaban a la necesidad de disponer de un terreno plano y sin accidentes geográficos, pues era esencialmente una formación lineal y unidireccional, extremadamente vulnerable a los ataques por los flancos o por la retaguardia. Filipo y Alejandro se cuidaron siempre de usar su falange en ataques de cuerpos combinados en los que la caballería o las tropas ligeras maniobraban en las alas, pero el declive de la caballería en el siglo III a.C. supuso una agudización de la vulnerabilidad de la falange en los ataques por los flancos. Para contrarrestarlo, a menudo se formaba una segunda falange detrás de la primera, dando asimismo opción a que ambas se unieran para formar una sola de 32 en fondo para darle mayor solidez. Para superar los problemas del terreno, los jefes formaron falanges “articuladas” en las que se intercalaban taxeis entre otras tropas; en sus campañas contra los romanos entre los años 281 y 275 a.C., Pirro dividió su línea por igual entre falangitas e infantería ligera itálica; en Magnesia en el 190 a.C., Antíoco III distribuyó su falange en bloques de 50 hombres de ancho, con dos elefantes de guerra en cada hueco. Las tropas de tipo hoplita también encontraron espacio en la mayoría de los ejércitos de los diádocos, como mercenarias o unidades de elite; tal es el caso de los argyraspides (escudos de plata), una unidad de 3000 efectivos del ejército diádoco de Macedonia. Este cuerpo estaba integrado inicialmente por veteranos de las campañas de Alejandro, pero evolucionó para convertirse en una unidad de guardia real que se enfrentó a los romanos en Pidna. También se usaron profusamente tropas ligeras mercenarias.