miércoles, 14 de octubre de 2009

El genio de Napoleón en Austerlitz (parte primera)

La victoria de Napoleón sobre los rusos y austriacos en Austerlitz fue quizá la mas decisiva y espectacular, comparada solamente a la victoria de Cannas o Gaugamela. El emperador francés y su ejercito de 60.000 hombres se encontraban a 65 Km. al norte de Viena, frente a un enemigo superior en numero, 89.000. Al sudeste, en Hungría, el archiduque Carlos estaba al mando de 90.000 hombres y se encontraba a gran distancia de la capital austriaca. Al noroeste, en Bohemia, el archiduque Fernando (1754-1806) ocupaba Praga, pero empujo a sus divisiones al sur. Sin embargo, el Ejército prusiano era el que mas le preocupaba a Napoleón. Aunque su país no estaba en guerra con Francia oficialmente, se sabía que andaba con muchas ganas de hacerlo; el monarca prusiano Federico Guillermo III (1770-1840) envío a Viena a su ministro de asuntos exteriores, el conde Von Haugwitz (1752-1832), para presentarle a Napoleón un ultimátum: o cesaban las hostilidades o Prusia se uniría a la coalición aliada. (¿Por qué será que siempre los aliados son los indecentes cobardes que siempre se quedan con la victoria?). el emperador se reunió brevemente con el ministro prusiano y no le permitió presentar la amenaza, anticipando, como era de esperar de un genio como Napoleón, la jugada del prusiano. El ultimátum prusiano tendría que esperar hasta que se decidiera la batalla.
Napoleón, como Federico el Grande antes que él, era a la vez líder militar y político de su estado. El poder estaba personalizado y encarnado en el individuo, y de ese modo las ambiciones personales de los gobernantes se trasladaban a la dedicación del estado para lograr esos fines. De ese modo, aunque Napoleón luchaba en una posición de desventaja en Austerlitz, estratégicamente hablando, consiguió una victoria decisiva sobre sus enemigos. El resultado no fue únicamente una victoria militar, sino la consolidación de las conquistas francesas en Italia y Alemania que habían comenzado en 1792. La batalla es un brillante ejemplo de la superioridad organizativa del Ejército francés, de liderazgo veterano e ímpetu. No obstante, no se debe asumir que los rusos y austriacos lucharan mal, sino todo lo contrario, eran duros combatientes lo que aumenta aun mas el valor del triunfo de Napoleón el Magnifico. Austria, Rusia y Gran Bretaña formaban la columna vertebral de la Tercera Coalición, pero la mayoría de las fuerzas continentales eran abastecidas por los Habsburgo de Austria. Así, la mayor dificultad a la que se enfrentaron las coaliciones antifrancesas a partir de 1792 fue que permitieron que sus intereses individuales, tanto territoriales como dinásticos, interfirieran en la conducta de la guerra. Karl Mack, ahora intendente general del Ejercito Habsburgo, había logrado notable poder e influencia sobre el emperador Francisco I (1768-1835) y aconsejo al monarca que atacara en Italia y Alemania antes de que llegaran sus aliados rusos a mediados de octubre. De ese modo, el archiduque Carlos, hermano de Francisco I, tomo el mando del ejercito destinado a Italia, mientras Mack y el archiduque Fernando invadían Bavaria, aliado francés, y tomaban posiciones alrededor de Ulm un mes antes de la llegada del ejercito ruso. La Gran Armada de Napoleón estaba en la costa del Canal, esperando a que llegara una flota franco-española que nunca llegaría. Cuando se avecinaba una guerra continental en agosto, Napoleón se olvido de la ilusión de cruzar el canal hacia Inglaterra y volvió a desplegar a su cuerpo hacia el Rin. El rápido movimiento de 120.000 hombres divididos en cinco corps d’armée desde el Pas-de-Calais y Holanda hasta la frontera alemana (mas de 800 Km. en 30 días) fue una hazaña tremenda que solo podía realizar Napoleón el grande. Mack preveía que el repliegue francés no tardaría menos de dos meses, tiempo más que suficiente para que llegaran los aliados. No contó con la flexibilidad de los corps d’armée franceses ni con su habilidad para moverse rápidamente por rutas paralelas sin un apoyo logístico sustancial. Sin embargo, Napoleón sacaba provecho de la capacidad de su ejército para soportar marchas forzadas y reabastecerse de las ciudades fortaleza en el Rin. Además firmo acuerdos militares con los príncipes de Bavaria, Wurttemberg y Baden para que proporcionaran alimentos y forraje a su ejército una vez hubiera cruzado a Alemania. Aunque sorprendidos por la velocidad del avance francés, Mack se preparo para recibir una ofensiva francesa frontal. No obstante, a los diez días de haber cruzado a Alemania el Ejército francés, resultaba demasiado claro para Mack y el archiduque Fernando que Napoleón les había tendido una trampa. El cuerpo francés situado al oeste de Mack distraer su atención, mientras la mayoría del ejército se trasladaba hasta el norte y luego al este para llegar al Danubio y a su flanco derecho. Rápidamente, Mack concentro a sus divisiones periféricas de Ulm mientras los franceses apretaban la cuerda. Dos cuerpos franceses se trasladaron a la frontera bávara para evitar que los rusos, que se acercaban con rapidez a la frontera, alcanzaran a los austriacos asediados. Los otros cuatro cuerpos envolvieron al ejército de Mack.
Fracasaron varios intentos por romper el cerco, y el archiduque Fernando tuvo éxito al llegar a Bohemia con menos de 2.000 soldados de caballería. El 18 de octubre Mack había rendido a todo su ejercito, 20.000 hombres. El resto se había dispersado o había sido capturado durante las semanas anteriores.