miércoles, 28 de octubre de 2009

El Ju.88 el halcón del Reich

El Junkers Ju.88 fue un excelente avión que, cuando se presento en 1939, despertó inmediatamente una gran sensación por la modernidad de su estructura, la excelente instalación de sus motores y sus excepcionales prestaciones. Todo lo confirmo su comportamiento durante la guerra. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, Alemania poseía la fuerza aérea mejor equipada del mundo, gracias a la laboriosidad y predisposición del Führer; por un lado, contaba con el gran caza Messerschmitt Bf.109 y, por otro, con el mejor bombardero en servicio de todas las aviaciones de Europa, precisamente el Ju.88. En marzo de 1939 se había dado ya una prueba de sus posibilidades, cuando el quinto prototipo del avión estableció un nuevo record de velocidad en su clase, consiguiendo una media de 517km/hora en circuito cerrado de 1.000km, transportando una carga de 2.000kg. Esta velocidad era casi la máxima que podía conseguir el caza ingles Hawker Hurricane, que en aquellos momentos comenzaba a entrar en servicio en la RAF. El bimotor alemán se empleo extensamente en todos los frentes de guerra y confirmo en todo tiempo su excelencia inicial. Asumió, siempre con eficacia sobresaliente, una gran variedad de misiones operativas, para lo que se le aplicaron diversas modificaciones, a fin de adaptarlo a las continuas exigencias evolutivas de la guerra aérea. Incluso en la última fase del conflicto, en los años 1944 y 1945, mantuvo su capacidad bélica como bombardero, avión de asalto y, sobre todo, como caza nocturno. En este papel su eficacia fue extraordinaria, estando a la par, o tal vez por encima de las prestaciones de los modelos similares de los aviones del mismo estilo de los demás países. El Ju.88 se hizo famoso en los comienzos de la guerra por el bombardeo en picado, que era su misión principal.
Esta maniobra ejercía sobre el aparato y sobre su tripulación unas solicitaciones especialmente intensa. Para tener garantía de éxito era preciso efectuarla según una secuencia de actos cuidadosamente programada. Durante el picado, el Ju.88 alcanzaba una velocidad de 650km/hora y era impresionante el espectáculo del avión lanzado a esta velocidad contra las ráfagas de balas trazadoras disparadas por la defensa antiaérea. Dice un piloto de aquellos tiempos: “La primera vez parecía imposible que pudiéramos salir de aquello. La realidad era que nos acercábamos al blanco muy rápidamente y que en picado no éramos un blanco fácil. Después de dos o tres misiones conseguíamos no preocuparnos”
Se comenzaba el picado a 3.000 metros de altura, y la maniobra duraba quince segundos. Al alcanzar los 1.500 metros sobre el objetivo, entraba en acción un avisador acústico, señal de prepararse para soltar la bomba. Cuatro segundos después, cuando la altitud era de 1.000 metros, el navegador, que observaba atentamente el altímetro, daba un golpe en la espalda del piloto, quien pulsaba el disparador. Instantáneamente, un mando automático llevaba el equilibrador a su posición máxima, para enderezar en morro del aparato, que iniciaba la ascensión, mientras los tripulantes se veían sometidos a una brutal aceleración. Este punto, en el que se reducía enormemente la velocidad, era el de máxima vulnerabilidad del avión. En zonas de gran defensa antiaérea, los pilotos no remontaban inmediatamente, sino que se alejaban del blanco volando a baja cota. En 1940 se puso a punto el dispositivo de apunte periscópico, que permitía un bombardeo en vuelo horizontal casi tan preciso como el del picado. De esta forma, el Ju.88 se pudo utilizar de ambas maneras: la táctica escogida dependía de las condiciones meteorológicas. Un piloto ingles que conoció el devastador poder del Ju.88 dijo: “Hubo varios aviones alemanes de gran calidad, mas con la excepción del Fw.190, ninguno suscito mi admiración como el Ochenta y ocho de Junkers”. Desde septiembre de 1939 hasta los primeros meses de 1945, 10.774 bombarderos salieron de las líneas de montaje alemanas en unas veinte versiones distintas. Además de ello hubo 6.150 ejemplares de la versión de caza de este versátil aparato. Como bombardero fue especialmente eficaz en la batalla de Inglaterra, muy superior, por supuesto, al Ju-87 Stuka.
Demostrándose una vez mas la excelencia y la perfección diseñado en la brillante mente de Adolf Hitler.