martes, 30 de septiembre de 2008

Carlomagno y su Imperio

En el nudo de problemas sin resolver que Carlos (768-814) heredo con el reino (problemas administrativos, diplomáticos y militares) el mas apremiante era sin duda el de la seguridad de las fronteras. En el frente oriental la sumisión de los sajones requirió 25 años de durísimas expediciones militares (772-97) y fue obtenida al precio de conversiones forzadas, como la del jefe Vitiquindo (Witikind o Widukind), de deportaciones y de matanzas en masa: en Verden, en un solo día, fueron pasados por la espada 4.500 sajones. Entretanto se había concluido la cristianización de los frisones (770-790), mientras se habían hecho insistentes las incursiones de los avaros, situados entre el Danubio y el Tisza. Para mejor hacerles frente Carlos quito Baviera al infiel duque Tasilón, yerno de Desiderio (787-88). Exterminados los avaros (790-800), completo a continuación la obra con la creación de la Marca Oriental (Ostmark o Österreich = Austria). En el frente occidental choco con la población pirenaica de los vascos y con el Califato de Córdoba. Una petición de ayuda por parte de tres emires rebeldes al califa le ofreció el pretexto para intervenir en España; pero fue una expedición desafortunada, gastada en un vano asedio a Zaragoza. Durante la retirada la retaguardia franca fue atacada por los vascos en Roncesvalles (778); allí cayo Rolando, el mas famoso de los condes palatinos (o paladines). La derrota sufrida y la vastedad de los compromisos aconsejaron a Carlos una política prudente en este frente durante casi veinte años; la acción se hizo más decidida desde el 795, y llevo a la conquista de Barcelona y de Gothalandia (Cataluña) hasta el Ebro, y a la sucesiva creación de una Marca Hispánica. La definitiva sumisión de los longobardos requirió todavía tres expediciones entre el 776 y el 787, alma de la revuelta era el duque Ariqui de Benevento. En la última sublevación participo también Adelqui, desembarcado en Calabria con auxilios bizantinos.