viernes, 19 de septiembre de 2008

2330 a.C. Sargón, el conquistador supremo

El éxito del intento sin precedentes de Lugalzagesi para mantener unificados los amplios territorios que llego a controlar habría de resultar efímero. La lista real sumeria le asigna un reinado de 25 años, periodo tras el cual se vio superado por la aparición de uno de los protagonistas mas extraordinarios de toda la historia de Mesopotamia, cuya actividad y personalidad supusieron destacadas innovaciones y dejaron un recuerdo perdurable en los pueblos que habitaron entre el Tigres y el Eufrates: Sargón de Akkad. Aparece frecuentemente como el personaje central en oráculos y augurios, inscripciones y textos literarios que, copiados una y otra vez, configuran una tradición mítico-legendaria que hay que estudiar con atención y cautela a la hora de valorarla y utilizarla para la reconstrucción histórica. Su padre pudo ser un tal Laipum, mas extendida estaba otra tradición, la que decía que no lo conoció. Su madre, una sacerdotisa, con la culpa de haber roto los sagrados votos de castidad y haberlo engendrado, lo abandono en una cesta embetunada en el Eufrates, de lo que se salvo milagrosamente (aquí ya comienzan a verse las claras manifestaciones de protección divina), siendo recogido por Akki, un personaje humilde como evidencia su oficio de jardinero o aguador, con el que creció. Este armazón impreciso y misterioso entorno a su origen, no exento de contradicciones, puede reflejar una extracción no noble, incluso quizás exterior a las zonas de antigua tradición sedentaria de la baja Mesopotamia. En efecto, los textos informan que “Sargón creció entre el ganado”, que su lugar de origen fue Azupiranu (¿ciudad del azafran?), probablemente un mercado caravanero mas que una autentica ciudad, y que su familia provenía de la montaña. Se puede proponer que su procedencia última estaría en grupos en vías de sedentarizacion que se moverían en torno al valle medio del Eufrates y cuenca del Khabur.
En la vertiginosa carrera que realiza es auspiciado por los dioses Ishtar, su amante y protectora en la guerra y en la paz, y Marduk, lo que es sin duda un anacronismote las fuentes pues solo mucho mas tarde se hará popular esta deidad babilonia. Lo que nos interesa en todo caso es destacar el significado de la intervención divina, pues en Mesopotamia en general la realeza se legitimaba por la elección de los dioses más que por el origen; incluso se convirtió en un recurso común para evidenciar el respaldo celestial el contraponer una extracción humilde a los éxitos alcanzados. Este será el caso de Sargón: personaje influyente en la corte de Ur-Zababa de Kish, que no tardara en independizarse. Inicia una costumbre de gran éxito en la posterior historia del Próximo Oriente con la fundación de su propia residencia o ciudad capital, cuyo emplazamiento exacto aun no ha sido localizado pero que con toda seguridad se hallaría en la región de Kish y Babilonia. La llama Akkad, y el mismo adopta el nombre real de Sharrukin, que quiere decir “rey justo”, “rey legitimo” o “verdadero”, del que deriva Sargón. La expansión militar y territorial que supuso a la postre la creación del imperio de Akkad hay que entenderla en principio como una reacción ante la presión de Lugalzagesi, que se había anexionado Kish y aspiraba a someter toda la región al norte de Nippur. Un relato nos presenta a Sargón rehusando aceptar las intimidaciones de Lugalzagesi. Si la reconstrucción de los hechos es correcto, el acadio demostró ser un audaz e inteligente estratega: con un movimiento envolvente de sorprendente rapidez, aprovechando sin duda la red de canales para sus desplazamientos, se presenta de improviso en el sur, tomando la iniciativa; ataca la capital de su rival, Uruk, y finalmente lo derrota en combate, haciéndolo prisionero. La caída de Lugalzagesi no significo la sumisión de un país tradicionalmente compartimentado en una serie de entidades autónomas; por el contrario Sargón debe continuar la lucha con Ur, Lagash, Umma, etc., ciudades que van cayendo una tras otra y cuyas murallas son sistemáticamente destruidas. Al alcanzar el Golfo Pérsico consigue el sometimiento de todo Sumer; según los textos Sargón “lavo sus armas en el mar”, quizás como un sacrificio a los dioses, consiente de las hazañas realizadas, o como un acto expiatorio. Incluso reivindicara su autoridad sobre tierras allende el mar (Tilmun, actual isla de Bahrein). La brillantez de la victoria le permite lanzarse a una actividad auténticamente imperialista fuera de los tradicionales límites de la Baja Mesopotamia. Sargón se nos presenta así realmente como un pionero que señala las directrices a seguir por los posteriores soberanos babilonios con ambiciones expansionistas. Remontando el Eufrates alcanza Mari, Larmuti (que se ha querido identificar con un puerto de la costa fenicia) y Ebla, que se mantiene evidentemente como una entidad importante aunque su época mas brillante coincidió con el periodo anterior, el protodinastico. Llega hasta los “Bosques de Cedro”, que más que con el Líbano hay que relacionar con los montes Amanus, al norte de Siria, y las “Montalas de la Plata”, en la zona del Taurus. Hasta se habla que atravesó el mar para someter otras tierras, Chipre o Creta, o tal vez aun más lejos, aunque quizás sea más real suponer que se trataría de una navegación hacia la costa meridional anatolia a través del Golfo de Issos. La memoria de estas campañas sin precedentes en tan lejanos horizontes otorga a Sargón un halo épico a través del cual es difícil extraer la realidad de los acontecimientos históricos; hay un relato conocido como “El Rey de la Batalla” en el que aparece el soberano acadio aventurándose en Asia Menor para socorrer a un grupo de mercaderes; al margen de la exactitud de los datos que ofrece en indudablemente un texto que bebe de la tradición de Sargón como arquetipo del conquistador y que apunta muy significativamente hacia la fundamentacion económica como factor dominante del estado acadio. Sargón completa su expansión en el este al someter, o al menos humillar militarmente al Elam y, remontando el Tigres, al incorporar el país de Subaru, que incluye el territorio que luego se llamara Asiría, con el que aparecen vinculados algunos de los sucesores de Sargón (Manishtushu y Naramsin) y en una de cuyas ciudades principales, Ninive, apareció un retrato del fundador de Akkad. La amplitud del estado y la nueva concepción monárquica que se esta gestando imponen una significativa evolución de la titulatura real de Sargón: al principio se hace llamar sencillamente “rey de Akkad”, titulo al que añade el de “rey de Kish”, con todo el antiguo prestigio y preeminencia que implicaba, y tras vencer a Lugalzagesi, “rey del país (de Sumer)”. A partir de ese momento aparece un conjunto de expresiones que consagran la visión universal de su poder: Sargón será “El Rey del País, a quien Enlil no opuso rival, a quien Enlil dio el Mar Superior (Mediterráneo) y el Mar Inferior (Golfo Pérsico)”, “el que ha recorrido las cuatro zonas” (en que se divide el universo según la concepción mitica sumeria), “el que gobierna las cuatro zonas” o incluso el “rey de las cuatro zonas”. Pese a ello, la extensión y heterogeneidad de los territorios conquistados hicieron muy difícil su control, sucediéndose las insurrecciones que delataban una inestabilidad endémica. Hacia el final de su vida, Sargón tuvo que reprimir una sublevación general que incluso llego a amenazar su misma capital. No obstante el gran Sargón lego a la humanidad la cosmovisión de las grandes conquistas, iniciando un nuevo ciclo en las eras de las civilizaciones.