viernes, 26 de septiembre de 2008

Augusto, el habil emperador

En el año 29 a.C. Octavio regreso a Roma y con grandes ceremonias celebro el triunfo sobre sus rivales Antonio y la reina Cleopatra. Se sentía seguro en el poder, pero no obstante, tuvo en cuenta el fracaso de Cesar por llegar a la monarquía y procedió con notable prudencia y moderación. Simulo respetar la antigua organización republicana, pero hábilmente concentro en su persona todas las magistraturas que el pueblo engañado le entregaba una tras otra. Volvió a ser rey, aunque sin llevar ese titulo, pues el pueblo odiaba la monarquía.
Con el transcurso del tiempo el Senado le fue otorgando los siguientes títulos: Augusto (Sagrado, Majestuoso); Imperator (Emperador); Perpetuo o Jefe Supremo del ejercito, y Príncipe del Senado, o sea, el primer ciudadano de Roma. También se le confirieron todas las magistraturas republicanas sin límites legales: tribuno, censor, cónsul vitalicio, procónsul perpetuo, pontífice máximo o jefe de la religión, etc.

Augusto gobernó como un monarca absoluto, pero mantuvo las antiguas instituciones republicanas. Vivió como simple ciudadano; vestía una toga y en el Senado emitía el voto igual que los demás miembros. En los tribunales se presentaba a declarar como un testigo y muchas veces rogaba al pueblo para que votara los candidatos que el proponía ante la asamblea.
Se dice que momentos antes de morir pidió un espejo y se acicalo, luego llamo a sus amigos y les dijo: “la comedia ha concluido… ¿he desempeñado bien mi papel?” y luego agrego: “Si estáis contentos, aplaudid”.
Sus contemporáneos lo llamaron “Princeps” (el primero), de donde deriva el nombre de principado con que se designa el gobierno personal de Octavio; también se lo conoce como Imperio (de Emperador).

Augusto, que fue un muy hábil estadista, gobernó el mundo romano desde el año 27 a.C: hasta el año 14 de la era cristiana, auque la dignidad imperial subsistió cerca de tres siglos. Como dijimos, mantuvo la antigua organización republicana, pero el principado era de hecho un despotismo militar, pues estaba basado en el poderío del ejército.
El Senado perdió importancia cuando el nuevo mandatario creo el Consejo de Príncipes al que consultaba en los asuntos de gobierno, entre cuyos miembros se destacaron sus amigos: Mecenas, protector de las artes y las letras y Agripa, su mas grande general.
La asamblea del pueblo continúo reuniéndose, pero no votaba leyes sino que elegía a los magistrados propuestos por Augusto.

Para jerarquizar y embellecer la ciudad de Roma y brindar seguridad y mejor alimentación a sus habitantes, estableció nuevos funcionarios o prefectos que fueron: del pretorio o jefe militar de la guardia personal del emperador; de la ciudad, a cargo de los problemas edilicios; de la anona, ocupado en la distribución de alimentos, y de los vigiles, especie de jefe de policía.
Para determinar la población de sus dominios el emperador ordeno levantar un censo y luego dividió el amplio territorio en veinticinco provincias.

En esas épocas, los límites del imperio romano eran los siguientes: al norte, el Canal de la Mancha, el Rin, el Danubio y el Mar Negro; al sur, el desierto de Sahara; al este, el Eufrates y el desierto de Siria y al oeste el océano Atlántico. La población ascendía a unos cien millones de habitantes.
Las provincias fronterizas se llamaron imperiales y estaban al mando de un gobernador (legado de Augusto); las ubicadas en el interior del territorio, y que no necesitaban soldados para su defensa, recibieron el nombre de provincias senatoriales y fueron administradas, como antes, por cónsules o propretores.

Para mejorar la administración financiera las provincias fueron divididas en distritos. El cobro de los impuestos y la custodia de los fondos públicos estaban a cargo de los procuradores.
Augusto estableció el uso obligatorio de una moneda uniforme en todos sus dominios, protegió el comercio, construyo buenos caminos y organizo un correo que le permitió enviar rápidamente sus órdenes.
Además, reorganizo el ejército para defender las fronteras y mantener el extenso imperio que abarcaba seis millones de kilómetros cuadrados. También aumento la flota destinada a vigilar las costas.

En el aspecto religioso Augusto, elegido pontífice máximo, se hizo adorar como un dios, ordeno construir diversos templos y restauro otros destruidos durante las guerras civiles. Mientras el emperador se ocupaba en extender el paganismo, se producía en Judea un hecho de gran importancia: el nacimiento de Jesucristo.
En cuanto al orden interno, puso fin a las guerras civiles y el templo de Jano, que se abría en tiempos de guerra, cerró sus puertas. Fue la época llamada Pax romana u octaviana.
En los territorios fronterizos, los conflictos bélicos no cesaron. En España, los cántabros se opusieron a la unificación de España emprendida por los romanos; iniciaron una revuelta, pero finalmente, debieron rendirse. Los partos se sublevaron en Asia Menos, pero también entregaron las armas. Tampoco tuvieron éxito los bárbaros en las fronteras con el río Danubio porque luego de una sublevación, fueron duramente sometidos.

La guerra contra los germanos, que habitaban entre el Rin y el Elba, adquirió mayor importancia. El ejército imperial a las órdenes de Quintillo Varo cayó en una emboscada y fue aniquilado. Esta sorpresiva liberación de Germania se produjo en el año 9 de nuestra Era. Roma renuncio a conquistar ese territorio y mantuvo su frontera en el Rin.
Durante su gobierno el emperador protegió las artes y las ciencias, brindando todo su apoyo a esa rama de la civilización. Esta época se ha llamado Siglo de Augusto, pues comienzan las construcciones monumentales, las bellas esculturas y las mas variadas manifestaciones del intelecto que hicieron de Roma el principal centro artístico del mundo antiguo.