miércoles, 1 de octubre de 2008

La Guerra de los Cien Años (primera parte)

En la última centuria de la Edad Media se produjo una larga contienda entre Francia e Inglaterra, conocida históricamente como Guerra de los Cien Años (1337-1453) –aunque el comienzo y fin de las hostilidades exceden los “cien años”, la lucha efectiva, es decir, sin tener en cuenta los periodos de paz, no llegan a la centuria.-
Ambos países fueron llevados a la lucha por tres factores principales:

La enemistad que existía entre ellos desde la época de los Plantagenet, por los dominios que estos habían obtenido en territorio francés. En el momento de iniciarse el conflicto, los ingleses solo poseían la Guyena, feudo que los Capeto ambicionaban ocupar.

Las pretensiones de Eduardo III, rey de Inglaterra, para ocupar el trono de Francia. (Como siempre los ingleses ambicionando lo que no les pertenece). En 1328 murió Carlos IV, hijo de Felipe el Hermoso, sin dejar descendencia masculina, con lo cual se extinguió la dinastía de los Capeto y los franceses quedaron sin rey. Sin embargo, Felipe el Hermoso tenia una hija casada con el rey de Inglaterra, y el descendiente de este matrimonio, llamado Eduardo III, se considero heredero del trono francés por línea materna.
Para no ser gobernados por un monarca que consideraban extranjero, los franceses aplicaron la antigua “ley sálica”, que excluía a las mujeres de la herencia, y nombraron rey a Felipe VI de Valois, sobrino de Felipe el Hermoso.

No contento con esto, el monarca ingles, haciendo oídos sordos a lo resuelto por los franceses, elevo formal protesta, y al no obtener contestación satisfactoria, inicio la contienda para defender su “derecho” por las armas.

Los flamencos reconocieron inmediatamente a Eduardo III como rey de Francia, porque estaban ligados económicamente con los ingleses, quienes les suministraban lanas para sus fábricas de paños. La alianza de Flandes con Inglaterra era peligrosa para la integridad de los dominios franceses.

Así da inicio la extensa y sangrienta “Guerra de los Cien Años”, que comienza con triunfos ingleses, pero que afortunadamente finaliza con resonantes victoria francesas.

La contienda comenzó en 1337, cuando Felipe de Valois se apropio de la Guyena, en represalia por la alianza de los ingleses con los flamencos.
Eduardo III ordeno la salida de la escuadra inglesa, la cual derroto a la fuerza naval enemiga en la batalla de la Exclusa (1340), en las proximidades de Boulogne. Posteriormente, y contando con el dominio de las aguas, los ingleses desembarcaron en Normandia y derrotaron a los franceses en la importante batalla de Crecy (1346). Los vencedores ocuparon luego a Calais, que se rindió después de once meses de sitio. La lucha debió interrumpirse por los estragos que causaba en Europa la terrible epidemia conocida por “La Peste Negra”. En 1350 murió Felipe VI y fue sucedido por su hijo Juan II el Bueno, gobernante sin condiciones para el mando. Este fue derrotado y tomado prisionero en Poitiers (1356) por el Príncipe Negro, hijo del monarca ingles, llamado así por el color de su armadura.

Prisionero el rey, asumió la regencia de Francia su hijo el Delfín Carlos, quien debió dominar una revolución en Paris y el levantamiento de los campesinos denominado jaqueria.
Descontentos contra los nobles y sin rey que gobernase, los burgueses se levantaron en armas y eligieron jefe a Esteban Marcel, quien pretendió apoderarse del gobierno, pero el Delfín, apoyado por la nobleza, pudo dominarlos.
En forma simultanea se produjo una sublevación popular llamada jacquerie (de Jacques, apodo burlón que los nobles daban a los campesinos) motivada por el mal trato a que eran sometidos los trabajadores del campo. Sin embargo, y como siempre pasa, la revuelta fue cruelmente sofocada.

Sin fuerzas suficientes como para emprender la guerra con éxito, Carlos firmo con Eduardo III la paz de Bretigny (1360). Por ella, Juan el bueno recuperaba la libertad a cambio de un rescate de tres millones de escudos de oro y además entregaba a Inglaterra el territorio occidental de Francia.
A Juan el Bueno le sucedió Carlos V (1338-1380), monarca prudente y hábil que se propuso terminar con la anarquía que asolaba toda Francia.
Hasta esa época, la gran mayoría de las tropas que utilizaba Francia e Inglaterra eran mercenarias, es decir, formadas por hombres que hacían de la guerra una profesión. Cuando las hostilidades se suspendieron por la paz de Bretigny, estos efectivos decidieron organizarse (sin tener en cuenta su nacionalidad) y asaltar las ciudades y castillos del territorio francés para obtener un rico botín.

Estas bandas se llamaron compañías blancas, ya que sus integrantes llevaban una cruz de ese color en el pecho, y como recibían una paga se decían soldados.
Las compañías blancas, formadas por franceses, ingleses, españoles, flamencos, etc., son producto de la anarquía feudal.

El soberano francés contó con la colaboración del valiente y osado caballero Beltrán Duguesclin, que puso fin a los desmanes de las compañías y con un sistema de guerras de escaramuzas reconquisto paulatinamente el territorio francés entregado a los ingleses por la paz de Bretigny.

A la muerte de Carlos V le sucedió en el trono de Francia su hijo Carlos VI, que a la sazón contaba con 12 años de edad. Al llegar a la mayoría de edad, el rey enloqueció (1392), situación que aprovecharon varios ambiciosos para tratar de ocupar el trono, entre ellos su hermano el duque Luís de Orleáns u Juan sin Miedo, duque de Borgoña, primo del monarca enfermo. No tardaron en producirse sangrientas revueltas entre los borgoñones, partidarios de Juan sin Miedo, y los armañacs fieles al duque de Orleáns. Aprovechando los incidentes que ocurrían en Francia, el nuevo monarca ingles, Enrique V, invadió el territorio continental y derroto a un ejército reclutado por los armañacs en la batalla de Azincourt (1415).

El duque de Borgoña, ante la imposibilidad de enfrentar con éxito a los ingleses, trato de reconciliarse con los armañacs, que propiciaban la candidatura al trono del Delfín Carlos, hijo del rey enfermo. Sin embargo, en el transcurso de una entrevista con sus rivales, Juan sin Miedo fue asesinado, por lo cual sus adictos decidieron aliarse con los ingleses.
Por el tratado de Troyes (1420), los ingleses y borgoñones obligaron al rey Carlos a que desheredara a su hijo el Delfín y a casar a su hija con Enrique V; además, debió reconocer a este heredero del trono francés.

Como a los dos años murieron los soberanos que firmaron el tratado de Troyes, Enrique VI, hijo del matrimonio y que solo contaba un año, fue proclamado en Paris rey de Inglaterra y Francia.
Casi todo el norte del territorio francés apoyo al nuevo monarca, mientras los armañacs, refugiados en la ciudad de Bourges, designaron rey al Delfín, con el nombre de Carlos VII (este soberano carecía de talento y a pesar de estar cercado por los enemigos, derrochaba en fiestas los escasos recursos de que disponía para reclutar tropas; tal es así, que uno de los mas importantes miembros de la corte afirmo: “No se podría perder mas alegremente un reino”… (Continua en la próxima entrada)