viernes, 10 de octubre de 2008

Los ejercitos en la época de la Guerra de los Treinta Años

La guerra ingreso en la era moderna cuando el rey Gustavo Adolfo de Suecia, fundo un ejército nacional regular en 1615. Ello no implico ninguna mejoría visible para los soldados ordinarios, que combatieron en sangrientas campañas bajo las mismas condiciones de desgaste que sus predecesores. Gustavo movilizo su ejército en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que estallo como un conflicto entre católicos y protestantes y se convirtió en la lucha por la supremacía de Europa.
La escasez de reclutas obligo a Gustavo a alistar mercenarios, en su mayor parte escoceses, irlandeses y alemanes, a quienes organizo, entreno y equipo con las normas suecas, en lugar de la desorganización metódica, común en los demás mercenarios. Los disciplino y les dio uniformes e insignias, tanto para elevar la moral, como para poder reconocerlos en el campo de batalla. La introducción de un mosquete más ligero y corto hizo obsoleta la necesidad de detenerse para disparar. Se instruyo a la caballería a atacar a todo galope, en lugar de detenerse para cargar y disparar las pistolas. Sobre todo, se integro la artillería con la infantería y la caballería.
La Guerra de los Treinta Años fue un periodo de intolerancia religiosa y gran crueldad. Las incesantes batallas convirtieron el centro de Europa en un núcleo de desolación. La marcha de los ejércitos propago epidemias, a veces más devastadoras que la guerra misma; los fríos inviernos de la “pequeña edad de hielo” obligaron a los civiles a comer gatos, perros y ratas.
En la última etapa de la Guerra de los Treinta Años, se inicio la guerra civil de Inglaterra. En esta lucha, entre 1642 y 1648, la sociedad, la economía y las familias se dividieron por su lealtad hacia Carlos I o hacia el Parlamento. En un principio, el rey Carlos tuvo ventaja militar, pues apoyaron su causa los aristócratas que sirvieron como mercenarios en el extranjero. Pero el parlamento tenía más recursos monetarios. Inglaterra no contaba con un ejército profesional considerable, pues hasta entonces se creaban y se disolvían las fuerzas armadas según las necesidades. La disciplina en ambos bandos era laxa, pues los rangos inferiores se habían alistado por la paga y el botín. Como la paga se atrasaba, era común el pillaje tras la victoria. Las tropas vencedoras se alojaban en las casas locales, y los vecinos les temían por su conducta licenciosa. Oliverio Cromwell, comandante parlamentario, resolvió estos problemas convirtiendo sus tropas en el Nuevo Ejercito Modelo, que consistió en 12 regimientos de infantería de 1000 hombres cada uno; 11 regimientos de caballería, de 600 hombres cada uno; y 1000 dragones (infantería montada), equipados con mosquetes y espadas. Estos dragones combatían de a pie, como la infantería normal, solo que eran muchísimo mas rápidos de movilizar ya que estos iban a caballo. Cromwell equipo a sus tropas con mosquetes de pedernal, mas seguros que los de mecha, y los vistió con uniformes reglamentarios de color rojo, para distinguirlos del enemigo en el campo de batalla, (en aquella época, era normal los colores llamativos de los uniformes ya que debido a la gran cantidad de humo expelido por los cañones de avancarga se hacia muy dificultosa la visión), además, el color rojo, ocultaba la sangre que brotaba de las heridas, así, se trataba de evitar que decayera la moral. El rojo fue el color del ejército británico hasta que lo sustituyo el caqui, en 1902, que proporcionaba un mejor camuflaje. El Nuevo Ejercito Modelo constituyo una eficiente fuerza de combate, unida por una fe religiosa común. Cromwell describió sus tropas como “sobrios y honrados cristianos”, ya que habían dejado de ser mercenarios. Tras el triunfo de Cromwell y la subsiguiente fundación del Reino Unido, el ejército se convirtió en una fuerza importante. El temor al ejercito permanente fue una constante en la política británica. Francia no compartía esta desconfianza. El ejército de Luís XIV, formado por sorteos de conscriptos y comandados por aristócratas especialmente entrenados, sirvió a los objetivos expansionistas y obligo a Inglaterra a aumentar y mantener una poderosa fuerza armada. Bajo el mando de John Churchill, primer duque de Marlborough, los ejércitos aliados de Inglaterra, Holanda y los Estados Germanos triunfaron sobre Francia, desde el asedio de Lieja en 1702, hasta la batalla de Malplaquet, en 1709.
Marlborough no fue solo uno de los mejores comandantes ingleses de su historia, también se preocupaba por el bienestar de sus reclutas, algo insólito en aquella época, indiferente a las penurias de los humildes. Ideo horarios de marcha para evitarles el calor del mediodía y les permitió marchar a su propio paso, siempre y cuando se mantuvieran en formación. Se aseguro de que tuvieran paga, y los proveyó de comida y uniformes. A la vez, era un firme disciplinario, estipulo que si alguno de sus soldados robaba un solo huevo de los campesinos que llevaban provisiones al campamento seria colgado. El pillaje también era castigado con la pena capital.
Aunque severos los castigos en el ejército de Marlborough eran más benignos y justos que los de Federico el Grande. Al subir al trono de Prusia en 1740, Federico perfecciono el ejército de 83000 soldados que heredo, compuesto por una mitad de ciudadanos prusianos y la otra mitad de mercenarios. Su actitud militar se resume en esta frase: “Si mis hombres pensaran, ninguno permanecería en las filas”. Las tropas de Federico se entrenaban en maniobras en las que marchaban al ritmo de 120 pasos por minuto. Sus mosquetes de pedernal tenían bayonetas, y cada solado disponía de 60 balas. La prioridad en batalla era de fuego más bien rápido que preciso. Junto con este riguroso entrenamiento, recibían severos castigos por cualquier falta a las órdenes. Los soldados podían ser azotados hasta 1500 veces; o se les ataban manos y pies hasta provocarles calambres. También se les hacia pasar entre dos filas de soldaos que los golpeaban con palos; un suboficial evitaba que pasaran demasiado rápido, marchando lentamente por delante, y con la bayoneta apuntando hacia el pecho del soldado castigado. Era frecuente que esa sanción terminara en la muerte. La deserción fue un problema, y Federico hizo que las barracas se volvieran prácticamente prisiones. Con este ejercito, Federico inicio la unificación de Alemania, que en el siglo XIX emergió como la mayor potencia militar de Europa.