

Se utilizaron para eso los destructores argentinos clase cuarenta y dos Hércules y Santísima Trinidad, y se pudo llegara a la conclusión de que era posible aproximarse hasta la distancia suficiente para el lanzamiento del exocet, volando a muy baja altura y sin ser detectados por los radares de los buques. El alejamiento inmediato de los Súper Etendard después de lanzados los misiles eliminaba por completo el riesgo de los Sea Dart del buque atacado.

La distancia desde el continente hasta la incierta posición de los blancos seria demasiado grande tal vez, y los Super Etendard podían no tener la autonomía suficiente para el vuelo de ida y regreso. Sin el concurso de un avión reabastecedor de combustible en vuelo seria problemático realizar el ataque.

Además de las dificultades propias de esta técnica se presentaban otras como consecuencia de efectuarse el procedimiento por primera vez con la participación de pilotos y tripulantes pertenecientes a distintas fuerzas armadas y, además, de la necesidad de hacerlo manteniendo un absoluto silencio de radio, es decir, imposibilitados de comunicarse entre ellos.
Vencidos todos los inconvenientes y alistados ya los aviones en Río Grande, solo faltaba la información sobre la presencia de buques enemigos en una posición confirmada. El 4 de mayo, en horas de la mañana, llego la tan esperada información.

Con anterioridad había despegado el avión tanque: un Hércules KC-130 de la Fuerza Aérea, comandado por el vicecomodoro Pessana y otros siete tripulantes, dos aviones Dagger M-V, tripulados por los capitanes Robles y Cimatti, dieron escolta al KC-130.
El reabastecimiento de combustible se efectuó sin problemas y los dos Súper Etendard continuaron el vuelo de aproximación hacia el objetivo. En el ultimo tramo lo hicieron a muy baja altura, guiados por su sistema de navegación inercial, su radio-altímetro TRT y su radar Thomson, esperando detectar el blanco.

Cuando los cálculos de navegación y las indicaciones del instrumental determinaron el instante oportuno, los dos aviones tomaron cierta altura para efectuar una comprobación en sus radares. Las pantallas de sus equipos mostraron la presencia, al frente, de dos ecos perfectamente diferenciados: un buque de mediano tamaño y otro mas grande.
Los aviones descendieron en el acto para recuperar su nivel de vuelo rasante y continuar la aproximación hasta la distancia prefijada.

Mientras los Súper Etendard volaban hacia el continente, los dos Exocet se desplazaban muy cerca de las olas, mantenidos a muy pocos metros de altura por sus radio-altímetros y guiados inicialmente por el sistema automático precomputado desde los aviones. Su vuelo podía durar casi tres minutos, a una velocidad cercana a la del sonido, Mach 0,93. Su cabeza auto buscadora iba a encontrar los blancos a una distancia de doce kilómetros aproximadamente.
Cuarenta segundos mas tarde, uno de los Exocet hizo impacto en el buque. El otro misil, de no haber existido contra-medidas electrónicas por parte de las naves inglesas, lo que es problemático dada la improbable detección del ataque por la distancia y altura del lanzamiento, es de suponer que se haya perdido en el mar por fallas en sus mecanismos.

El Exocet provoco en el acto un incendio que pronto alcanzo al combustible del buque y se propago sin que fuera posible extinguirlo. El humo acre y denso invadió el interior de la nave, las llamas consumieron rápidamente los paneles interiores sintéticos y de aluminio y todas las superficies de metal livianos empezaron a fundirse. La abundancia de poliuretano empleado en aislaciones y rellenos contribuyo a agravar los incendios.

El Sheffield, totalmente inutilizado como sistema de armas, se mantuvo a flote durante varios días hasta que finalmente, cuando era remolcado por otro buque, se hundió a las profundidades del Atlántico Sur en medio de una tormenta.
la perdida de esa nave, aceptada y declarada de inmediato por los británicos, tuvo enorme repercusión al conocerse.

Los mandos responsables de la conducción de las operaciones tuvieron el primer reconocimiento enemigo de la destrucción de un buque y, con el, la primera comprobación de la capacidad del medio aéreo propio para atacar con éxito y lograr la eliminación de un moderno navío de guerra, integrante de una de las primeras flotas del mundo y conducido y tripulado por experimentados hombres de prestigio histórico en el dominio del mar.

El almirante Woodward, a su vez, comandante de la Task Force, debió efectuar nuevos análisis y corregir sus apreciaciones ante la confirmación de las capacidades argentinas.
El almirante canadiense Robert Falls, presidente del Comité Militar de la NATO, declaro que el organismo se vería obligado a revisar completamente sus tácticas navales después de este ataque.
Para nuestras fuerzas armadas fue una operación históricamente valiosa, en la que quedo demostrada la innegable idoneidad profesional de nuestros aviadores navales y la posibilidad de lograr trascendentes resultados cuando se logra combinar con eficacia los medios de la Armada con los de la Fuerza Aérea.

La hora de volver aun no ha llegado, pero día a día esta mas cerca ese momento, el momento en que por fin toda nuestra Nación este poblada por argentinos y de una vez y para siempre nuestras queridas Islas Malvinas vuelvan a ser portadoras de nuestro glorioso pabellón nacional.
2 comentarios:
buen resumen!
que hay de eso de que los europeos
quieren apoderarse del atlantico ?
pueden exponer mas informacion?
www.maximilianoarte.blogspot.com
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