jueves, 13 de noviembre de 2008

La Guerra del Desierto, el Afrika Korps aplasta al enemigo

La aparición el 12 de febrero de 1941 de un solitario bombardero Heinkel III en Castel Benito, Libia, no altero excesivamente a sus atemorizados habitantes pues parecía ser uno mas de la flota de aviones alemanes que durante los últimos días habían estado trasladando suministros de urgencia desde Sicilia, en una operación encaminada al establecimiento de una base de la Lufwaffe cerca de Trípoli, en el norte de África. Sin embargo, del avión bajo un general alemán, no muy alto, rápido y dinámico en el habla y los modales, destinado a cambiar todo el curso de la guerra en el desierto. Era Erwin Rommel, un hombre que comenzó su carrera de soldado en la I Guerra Mundial y que cumplió un papel destacado en Francia en mayo de 1940, en la “Blitzkrieg” o guerra relámpago. Dos días después, la 5º División Ligera, la primera unidad de este nuevo jefe, que se convirtió en la DAK (Deutches Afrika Korps) comenzó a embarcar en Trípoli. A comienzos de 1941, el esfuerzo bélico del Eje en el norte de África estaba al borde del colapso total y absoluto. Los colonos italianos Vivian en un constante estado de terror con un motivo evidente: su ejercito, o lo poco que quedaba de el después de derrotas infligidas por una fuerza británica de poca entidad bajo el mando del general Wavell, no estaba en condiciones de resistir una nueva ofensiva.
Realmente los soldados que habían sobrevivido tampoco tenían las pretensiones o el deseo de continuar por más tiempo la lucha. El Fuhrer, Adolf Hitler sabia que no podía permitir a los aliados conseguir el completo control del norte de África, ya que aquello expondría el flanco sur del Eje a un ataque y podrían minarse así las defensas de su recién conquistado Imperio de Europa; sin embargo, no tenían intenciones de comprometer grandes formaciones de la Wehrmacht y opto por enviar una fuerza no excesiva en numero a las ordenes de un experimentado oficial capaz de remediar la difícil situación. Rommel era conciente de que sus tropas, arrojadas a un teatro de operaciones totalmente extraño y que requería una actuación militar completamente diferente, no solo tendrían que combatir a los británicos, sino también al terrible desierto africano.
En su mayor parte, el futuro campo de batalla se presentaba yermo y seco, abrasador durante el día y muy frió de noche. La vegetación natural era muy escasa siendo dificilísimo protegerse del sol. Tierra adentro, el agua se convertía en un lujo. Existían unos cuantos pozos que mantenían a las tribus de nómadas y, mas tarde, salvarían de una larga agonía a muchos soldados perdidos, pero la mayoría de los hombres tenían que llevarse lo que necesitasen , y nada se necesitaba mas que el agua. El más leve movimiento tenía que ser cuidadosamente planificado ante los múltiples riesgos; grandes extensiones móviles de arena podrían engullir tanto a hombres como a vehículos de rueda, e incluso los carros de combate se enterraban en ella fácilmente. Solo una carretera todo tiempo, la Via Balbia, atravesaba los 1.600 km desde Trípoli a la frontera egipcia, y únicamente sobre esta superficial trafico podía avanzar tan deprisa como en Europa. Rommel, igual que sus oponentes, sabia que el control de esta carretera, siguiendo la costa mediterránea y enlazando las alejadas unidades de la colonia italiana, era la clave para cualquier ofensiva. Tierra adentro, las trigo (sendas) nativas, de poca utilidad para movimientos a grandes distancias, cruzaban el desierto. Poco adecuadas incluso en buenas condiciones, el mas ligero chaparrón las convertía en enormes cenagales. En los puntos donde se cruzaban dos o mas trigo había normalmente una especie de mojón indicativo, un bin (pozo) o un sidi (sepultura de un santo musulmán). Estos cruces jugarían un papel importante en la Guerra del Desierto, pues fueron usados como punto de referencia en un paisaje desprovisto de rasgos naturales distintivos. Valorados por su situación estratégica, estos rasgos distintivos artificiales fueron frecuentemente fortificados y mantenidos por una guarnicion, sirviendo en ocasiones como almacenes de suministros. La prudencia en el rumbo, a pesar de todo, no servia para nada cuando las tormentas de arena borraban los puntos de referencia y los espejismos constituían una burla constante a todo intento de calcular distancias. En los primeros meses de la guerra, los alemanes se apoyaron en los informes italianos obtenidos de sus batallas en Egipto contra los británicos, pero pronto resultaron extremadamente imprecisos, al carecer de detalles vitales y de mapas. En consecuencia, se suministraba a las primeras unidades del Afrika Korps un equipo innecesario o mal diseñado. El error mas notorio lo constituyo la recomendación italiana a los alemanes de que no enviasen motores Diesel al norte de África, aunque estaba ampliamente demostrado que estos eran superiores en el desierto a los motores de gasolina.

El ejército alemán no hizo nada por proteger sus vehículos de los devastadores efectos del polvo y la arena, y pagaron cara su falta de previsión durante los primeros meses en el desierto. Muchos carros de combate quedaron fuera de servicio con una vida media de un carro entre los 1000 y los 2000 kms, evitándose este problema al entrar en servicio filtros especiales que permitieron a los alemanes igualar la resistencia de sus adversarios.
La segunda misión mas importante de los informes italianos fue la de la necesidad de camuflajes especiales en el desierto abierto.

Lo mas necesario era eliminar las sombras y los contornos de los vehículos parados, para ello se le enseño a la tripulación a usar durante las paradas en el camino unas mallas cubiertas con piel de camello y la infantería aprendió a excavar zanjas en el cauce de los ríos secos. Aunque no siempre eran del todo efectivas, estas sencillas pero oportunas precauciones constituyeron una medida de protección contra los ataques en vuelo rasante de la aviación enemiga.
Al principio, el Alto Mando Alemán se preocupo en especial del bienestar de sus tropas en campaña, pero la experiencia pronto demostró que los métodos usuales de alimentación r higiene eran inadecuados en las condiciones en que se movían, buscándose sustitutos para las necesidades alimenticias básicas, habichuelas en lugar de patatas y galletas en vez de pan. Se descubrió que la mantequilla y la margarina se ponían rancias por el calor, y se tuvo que producir aceite de oliva como sustituto, además a excepción de algún trozo de queso y latas de carne de vaca en conserva, solo estaban disponibles los alimentos producidos en el país. En general, la dieta era monótona y carecía de vitamina C.

Los hombres del Afrika Korps fueron enviados al norte de África vestidos con un modelo de ropa desarrollado al final de 1940: chaqueta, pantalones, casco para el sol y botas. La práctica demostró, sin embargo, que el uniforme estaba mal diseñado: la chaqueta era demasiado apretada, los pantalones restaban movilidad y el casco protegía poco contra el fuego de las armas portátiles y contra la metralla. En realidad solo las botas soportaron el rigor de la campaña del desierto.

La producción de ropa convencional se cambió o se adecuo a las necesidades individuales.
Rommel, aun siendo consiente de la falta de preparación para la batalla del DAK y de los defectos de gran parte de su equipo, decidió pasar a la ofensiva tan pronto como fuese posible. Los planes se basaban en su estimación de la habilidad de Warell para responder a un ataque del Afrika Korps que él dirigía. Rommel calculo correctamente, según demostraron después los acontecimientos posteriores.
El 4 de abril se dio la orden de lucha: el objetivo era recuperar la provincia Libia de Cirenaica. Pocos días después, tras una serie de incisivas derrotas a los británicos, el Afrika Korps estaba en condiciones de cruzar la frontera egipcia: había obligado a los hombres de Warell a retroceder 800km, y solo Tobruk, el ultimo puerto de aguas profundas entre Trípoli y Alejandría, permanecía en manos enemigas. Sin embargo ambos bandos se encontraban en una situación límite y se retiraron a la espera de refuerzos. En medio de esta dramática situación hizo su primera aparición en el desierto una de las mejores unidades de Rommel, la 15º División Panzer. A final de mes, su punta de lanza blindada, el 8º Regimiento, llego a Trípoli.

Warell, conocedor de la llegada de la división acelero los planes para su propia ofensiva, de nombre clave: “Operación Battleaxe”. Se enviaron refuerzas al norte de Africa y, el 12 de mayo, el convoy que transportaba los “Tigre Cubs” (cachorros de tigre), 238 carros de combate Matilda y Crusader, atraco en el puerto de Alejandría.



Rommel dio orden de no lanzar toda la fuerza de sus Panzer ante la aguda escasez de suministros, y opto por una estrategia de defensa móvil para desarticular la inminente ofensiva britanica. Con este fin, el paso Halfaya, un serpenteante desfiladero, fue transformado en fortaleza; a pesar de los largos y calurosos dias iniciales de junio, los artilleros contracarro remolcaron sus potentes cañones de 88 mm hasta las posiciones, encajados de manera que solo sus lisas bocas camufladas asomaban por encima del parapeto de sus emplazamientos, situándose de manera que cubriesen todas las cercanías del paso. Tierra adentro, el punto 206, guardando las cercanías de Fort Capuzzo, y el punto 208, en el cerro Hafid, estaban fortificados de modo similar. Tras este erizado terreno, Rommel desplegó los 200 carros de combate de su “espada blindada”.

Los hombres de la 15º División Panzer esperaban, silenciosos y amenazadores, detrás de Fort Capuzzo, para descargar su mortífera carga de fuego y muerte; mientras sus compañeros de la 5º División Ligera formaban la guarnición de Sidi Azeiz, al oeste.
Al amanecer del 15 de junio, el desierto, normalmente silencioso, se vio sacudido por el carraspeo de los motores de los carros de combate pertenecientes a la 4º y 7º Brigadas Blindadas de los británicos. Al aclararse la fría neblina matinal se observaron los grandes penachos de polvo levantados por las tropas blindadas británicas, y los artilleros alemanes se dispusieron a preparar sus armas.

No abrieron fuego, pero permitieron a los carros una imprudente entrada en la primera línea de campos de minas de Rommel, cuidadosamente preparados por sus zapadores. En un momento fallo el ataque británico, ya que sus carros, atrapados en los siniestros campos de minas e incapaces de avanzar o retroceder, eran simples patos de cartón en una caseta de tiro para los mortíferos “88”. Una andanada tras otra destrozó a los británicos, siendo tan grandiosa y aplastante la notoria superioridad de las fuerzas alemanas en el paso de Halfaya, que los británicos lo rebautizaron como “el paso del infierno”. Por todos lados los restos incendiados de los Matilda y los Crusader resaltaban como testimonio y, aunque las brigadas 4º y 7º habian conseguido algunos adentramientos en Fort Capuzzo y en el cerro Hafid, la ofensiva de Warell había sido abortada. En un solo día, el Afrika Korps había destruido mas de la mitad de los Tigre Cubs.

A pesar de que las acciones habían costado a Rommel una buena porción de su infantería y cañones, la fuerza de los carros de combate estaba en inmejorables condiciones, como si acabase de llegar al frente. Los hombres de la 15º División Panzer se encontraban descansados, habían comido bien e incluso habían tenido tiempo para prepararse, así como sus mortíferas armas. No tuvieron que esperar mucho: al amanecer, el 8º Regimiento Panzer de la División recibió la orden de retomar Fort Capuzzo mediante asalto frontal. La 5ª División Ligera se envió al cerro Hafid para realizar un ataque de diversión en el sur.
A las 5,00 horas, los Panzer Mark II, III y IV comenzaron a rugir. Sus tripulaciones se hallaban dispuestas para el combate. Los carros de combate avanzaban 24 km/h; ahora les tocaba a ellos probar su coraje en medio de una tormenta de disparos y cañonazos. Rommel pensó que, mediante una combinación de fuego y movimiento, sus carros desarticularían y destruirían las defensas británicas.

Luego de seis duras horas de trabado combate, Rommel desplegó entonces el genio que lo señalaría como uno de los grandes jefes de la II Guerra Mundial y le mereció el sobrenombre de “el Zorro del Desierto”, pues a pesar de que sus fuerzas habían recibido un duro golpe, sabia que los británicos se estaban quedando sin recursos y que un choque frontal acabaría definitivamente con ellos, de ahí que ordenase el reagrupamiento del 8º Regimiento y la 5º División Ligera para llevar a cabo una amplia y extensa arremetida en el desierto, flanqueando a los británicos y adelantándose para socorrer a la apurada guarnición de Halfaya.
Durante toda la noche del 16 al 17 de junio, los hombres de la 15º División trabajaron en sus carros; las tripulaciones se esforzaron en reparar las dañadas bandas de rodamiento, se quito arena de los motores y se limpiaron las armas. Por la mañana temprano, la división estaba lista para la acción y a las 9,00 horas se dio la orden de avanzar.

Al principio, nada estorbo en su camino. Los británicos se encontraban en inferioridad de condiciones los elementos de la 7º Brigada Blindada retirados al otro lado de la frontera egipcia para repostar y armarse, habían dejado solo un puñado de Matilda de la $º Brigada en Fort Capuzzo, en apoyo de los apurados hombres de la 22º Brigada de Guardias. El Oficial británico en capuzzo advirtió que sus tropas corrían el peligro de quedar acorraladas y ordeno la retirada inmediata, sin disparar un solo tiro, siendo cubierta esta por sus blindados.
Mientras los Matilda corrían hacia el sur para mantener abierta la línea de repliegue, los Panzer de la 15º División se adelantaban al norte para cerrar el cepo. Pocas horas después, ambas fuerzas se encontraron. En esta desesperada pugna por conseguir la superioridad. Los proyectiles de largo alcance de cada bando rebotaban en el blindaje enemigo con un ensordecedor rugido metálico. Para las tripulaciones, empapadas en sudor, cegadas por el polvo y con las gargantas resecas por la falta de agua, la orden era sobrevivir, antes que ganar. La vida dependía de acertar al enemigo antes de que este se te echase encima. La batalla creció con una intensidad desconocida durante seis horas.

En la tarde del 17, Rommel había conseguido una victoria decisiva, y la operación “Battleaxe” de Warell había sido derrotada. En su primera ofensiva a gran escala, el Afrika Korps únicamente perdió 25 carros de combate, mientras que los británicos perdieron 87 de sus blindados y muchos mas quedaron abandonados en el terreno de batalla.
Aunque los hombres de la 15º División Panzer no lucharon con mejores condiciones, sino de igual a igual, demostraron la aplastante superioridad del ejercito alemán frente al decadente ejercito ingles y se pudieron sentir orgullosos de que, con el “Zorro del Desierto” poseían un oficial mas valioso que toda una división enemiga.