domingo, 9 de noviembre de 2008

La primera fundación de Buenos Aires, los nativos se resisten a la invasión (parte final)

Para levantar las primeras viviendas, se aprovecharon las maderas de los árboles cercanos. Aquellas, en realidad, no eran tan necesarias como los alimentos, pues el calor reinante invitaba al descanso al aire libre. Al principio, los indios se acercaron a la población, que comprendía algo mas de 1000mts cuadrados, trayendo víveres en señal de amistad, pero bien pronto dejaron de hacerlo debido a los malos tratos con que eran recibidos constantemente y comenzaron a demostrar una actitud hostil hacia el invasor.
Para obtener provisiones, que escaseaban en forma alarmante, el Adelantado envió al capitán Gonzalo de Mendoza, con el galeón Santa Catalina, a las costas del Brasil. No habían transcurrido varios días, cuando comisiono con el mismo objeto a algunas embarcaciones para que recorriesen las islas del Paraná, las que regresaron al poco tiempo sin datos alentadores.
Convencido don Pedro de Mendoza de lo inútil que era buscar provisiones en las cercanías de Buenos Aires, ordeno a su lugarteniente Juan de Ayolas, que se dirigiese hacia el norte con ese objeto. A fines de mayo, este se hizo a la vela con tres embarcaciones y 270 hombres, y el 15 de junio de 1536 en las cercanías de la laguna de Coronda fundo el asiento de Corpus Christi.
En Buenos Aires, la falta de alimentos se hacia cada día mas notoria, por lo cual el Adelantado designo a su hermano Diego de Mendoza para que, acompañado por trescientos soldados y treinta jinetes, tratara de hallarlos a la brevedad. Cuando los españoles se encontraban en las proximidades del actual Tigre, fueron atacados sorpresivamente por los indios; el combate llamado luego de Corpus Christi (15 de junio) termino con una completa derrota para los conquistadores; perdieron la vida Diego de Mendoza y treinta y ocho compañeros, entre ellos Pedro Lujan, que falleció junto al río que hoy lleva su nombre.
Los aborígenes estimulados por este triunfo, atacaron por millares a Buenos Aires y el 24 de junio iniciaron un sitio que se prolongo alrededor de 15 días. El soldado alemán Ulrico Schmidl, que formaba parte de la expedición de Mendoza, relata en esta forma el ataque al caserío: “Algunos de los indios llevaban el asalto y los otros tiraban sobre las casas con flechas encendidas para que nosotros no pudiéramos tener tanto tiempo que hubiéramos podido salvar nuestras casas. Las flechas que ellos tiraban son hechas de caña y las encienden adelante en la punta. También tienen otro palo del cual hacen también flechas: este palo si se le enciende, arde también y no se apaga”. Gran parte de las casas y algunas naves fueron presa de las llamas, por lo que los conquistadores se refugiaron en las restantes embarcaciones, hasta que los indios levantaron el sitio.
A mediados de julio regreso Ayolas con provisiones, haciendo buenas referencias del lugar donde había levantado el asiento de Corpus Christi. Con el objeto de observar personalmente la zona, Mendoza decide acompañarlo, dejando en Buenos Aires a Ruiz Galán. Una vez llegados, como el Adelantado no estaba conforme con el lugar, funda en sus cercanías una nueva población, que llamo Buena Esperanza. En esta región, los conquistadores reciben noticias sobre la existencia de oro en comarcas situadas al norte, bastante lejanas, pero no imposibles de alcanzar. El tiempo los iba a convencer de la triste realidad; el Río de la Plata, a pesar de su nombre, no tenía riquezas y los indígenas se referían simplemente al Perú, región que no sabían ubicar sino vagamente, cuando afirmaban que podían hallarse metales preciosos “en tierra adentro”.
Aumentaban la incertidumbre los precarios conocimientos geográficos y las deformaciones que sufrían los datos al pasar de boca en boca. Para no demorar por más tiempo la búsqueda de la “tierra rica”, el Adelantado envió hacia el norte a Juan de Ayolas y a Domingo Martínez de Irala, con 3 embarcaciones y 170 tripulantes, los cuales partieron de Buena Esperanza el 14 de octubre. En tanto Mendoza, debido al precario estado de su salud, decide regresar a Buenos Aires. Ayolas remonto el Paraná y penetro en el río Paraguay, en uno de cuyos parajes, llamado la Angostura, fue atacado por los indios agaces. Luego de rechazarlos continúo navegando y el dos de febrero de 1537 encontró un lugar que ofrecía abrigo para sus embarcaciones.
Luego de fondear, erigió el asiento que llamo Nuestra Señora de la Candelaria. Allí se entero por medio de un chané del trágico fin de Alejo García y de las riquezas que había encontrado.
Era indudable que se hallaba cerca de la codiciada zona y así lo entendió Ayolas, quien decidió penetrar en esas regiones. Para no dejar abandonada la reciente fundación, dividió sus efectivos en dos grupos, 130 hombres debían acompañarlo y 33 quedarían al mando de Irala. Antes de partir, entrego dos pliegos a este ultimo, uno con facultades para reemplazarlo en el mando, y otro, ordenando lo que debía hacer en su ausencia. Ayolas llego hasta los contrafuertes andinos, y obtuvo de los indios planchas de metales preciosos. Emprendió el regreso y al llegar a la Candelaria no encontró a Irala, no obstante lo ordenado en las instrucciones. A causa de esto quedo a merced de los indios payaguaes, quienes lo sorprendieron en una emboscada y lo ultimaron con todos sus compañeros. La muerte de Ayolas dio un nuevo rumbo a la conquista, pues permitió que surgiera Domingo Martínez de Irala. Algunos historiadores acusan a este de la muerte de Ayolas, y afirman que abandono la Candelaria sabiendo que los aborígenes se hallaban en armas .sin embargo,, el análisis minucioso de la documentación prueba que las naves de Irala hacían agua y los tripulantes tuvieron que recurrir a sus camisas para taponar los agujeros del casco.
Debido a esto, le fue imprescindible buscar la cooperación de indios amigos para reparar las averías y obtener alimentos; con este objeto abandono la Candelaria, en momentos en que Ayolas regresaba. Como hemos visto, el Adelantado se dirigió hacia Buenos Aires; una vez llegado y faltándole noticias de Ayolas, envió a Juan de Salazar con dos naves en una expedición de auxilio, la que partió el 15 de enero de 1537. el galeón Santa Catalina había arribado a Buenos Aires y, además de víveres, traía del Brasil a cierto numero de pobladores, resto de las expediciones de Gaboto y Solis, que abandonaban esas regiones para radicarse en estas costas. Con el transcurso del tiempo, la enfermedad que padecía el Adelantado empeoraba paulatinamente, por cuya causa decidió regresar a España, dado que los pocos remedios que poseía su medico, Hernando de Zamora, no mitigaban los dolores físicos que lo aquejaba.
Antes de partir, dejo como teniente de gobernador a Juan de Ayolas, pero mientras durase la ausencia de este, seria reemplazado por Ruiz Galán. El Adelantado don Pedro de Mendoza falleció el 23 de junio de 1537 en alta mar, al suroeste de las islas de Cabo Verde y sus restos fueron arrojados al océano.