viernes, 7 de noviembre de 2008

El Adelantado don Pedro de Mendoza y la fundación de Buenos Aires (primera parte)

Los datos aportados en España por Gaboto y Diego Garcia, sobre los legendarios dominios del rey Blanco y la riqueza de la Sierra de la Plata, causaron gran entusiasmo entre la corte y el pueblo.
En enero de 1534, Hernando Pizarro exhibió el tesoro del Inca Atahualpa, lo que acentuó, aun mas, el deseo de poblar las comarcas del Plata, pues se suponía que ellas llevaban a esas regiones prodigas en metales preciosos y tan ambicionadas por los portugueses.

Era necesario encontrar un personaje adinerado para que solventase los gastos de la empresa. En 1530, Carlos V había iniciado negociaciones, primero con el comendador Miguel de Herrera y luego con Pedro Fernández de Lugo, adelantado de las islas canarias, pero ninguno de los dos candidatos satisfizo los codiciosos requerimientos del monarca.
Por ultimo se presento el Gentilhombre don Pedro de Mendoza, quien descendía de noble familia y había dado muestras de su audacia y ambición en numerosas campañas por Europa.
El 21 de mayo de 1534, Carlos V firmo en Toledo la capitulación por la cual se autorizaba a Mendoza para llevar a cabo la conquista “y poblar las tierras y provincias que hay en el Rió de Solis, que llaman de la Plata”.

El territorio estaba comprendido entre los paralelos 25 y 36 de Este a Oeste, por ambos océanos; el monarca otorgo el titulo de Adelantado por dos vidas, autorizándolo para que construyera tres fortalezas “en las partes y lugares que mas convengan”.
El 24 de agosto de 1535, desde el puerto de San Lúcar se hicieron a la vela doce embarcaciones, numero que aumento en las islas Canarias pues se incorporaron tres mas, por inconveniente de ultima hora no pudo zarpar la nao Santiago, a cargo de Frias Marañon, pero cuya autoridad era inferior a la del alférez Alonso de Cabrera, designado lugarteniente del Adelantado. La nave partió el 11 de septiembre, con un importante cargamento que incluía “hasta ruedas de molino. Según consta, Cabrera perdió el juicio y altero el rumbo, arribando a Santo Domingo en 1536. Posteriormente regreso a España, y luego llego a Buenos Aires en noviembre de 1538, con el cargo de veedor.

A mediados de octubre, la flota de Mendoza zarpo en dirección a las islas de Cabo Verde, donde las naves se detuvieron pocos días, tiempo que emplearon en cargar las bodegas con mantenimientos. De allí enfilaron a las costas brasileñas, en dirección sudoeste, pero una tormenta disperso las naves, que trataban de navegar en convoy.
A los pocos días de la partida de Mendoza ordeno al escribano Martín Perez de Haro, que levantara proceso contra el maestre de campo Juan de Osorio, a quien el alguacil mayor, Juan de Ayolas, acuso de amotinar la tripulación en contra del Adelantado; el escrito tiene fecha 25 de octubre y fue, a todas luces, una injusticia.

El 30 de noviembre, cuatro naves fondearon en la bahía de Rió de Janeiro, mientras las restantes continuaban rumbo al Plata, a las órdenes de Diego de Mendoza, hermano del Adelantado. El 3 de diciembre, en la playa de la bahía. Por orden de Mendoza, y en su presencia, Osorio fue ajusticiado.

A mediados de ese mes, las cuatro embarcaciones restantes abandonan esos lugares y se dirigen hacia el sur, navegando cerca de la costa brasileña; al llegar al estuario del Plata, remontan sus aguas hasta las cercanías de la isla de San Gabriel, donde se encuentran con los demás integrantes de la flota, que los aguardaban en esos parajes.

La cantidad exacta de hombres y naves que llegaron a estas tierras preocupo durante muchos años a los investigadores. El problema comienza con la partida de San Lucar, donde se consignan los mas variados datos, los números que mas se acercan a la conjetura general de los historiadores es de 14 naves, sin contar la nave Santiago que desvió su rumbo y otra que se hundió en las costas brasileñas. Y los hombres se calculan unos 1.500 aproximadamente.

Don Diego de Mendoza, que había arribado con anterioridad, transmitió a su hermano los informes recogidos en sus exploraciones por esas aguas, y de común acuerdo, abandonan la costa oriental y se dirigen a la margen opuesta, que reunía mejores condiciones para edificar un poblado; el desembarco se produjo en los primeros días de febrero de 1536.
El día 3, don Pedro de Mendoza funda Nuestra Señora del Buen Aire media legua al norte del Riachuelo.
El acta de fundación de la “ciudad” de Buenos Aires documento importantísimo no ha sido hallado, basándose en esta falta de constancia, algunos investigadores opinan que no hubo tal ceremonia y que el Adelantado estableció un simple campamento provisorio.

La divergencia de opiniones es bien antigua, pues en el mes de septiembre de 1801 las paginas del Telégrafo Mercantil comenzaron a insinuar que Mendoza no fundo una ciudad; basaban su tesis en trabajos del sacerdote cordobés Francisco Javier Barzola, quien había revisado la documentación referente a este episodio de la conquista. Fue rebatido en 1802, por Joaquín Araujo y Vicente Cañete.

El historiados Gandia sostiene que Mendoza fundo una ciudad, pues si bien Buenos Aires figuraba en los documentos con el nombre de pueblo o puerto, esos términos equivalían, en aquella epoca, a ciudad. El mismo investigador afirma que Mendoza no prosiguió rumbo al norte, como debía hacerlo para impedr el avance de los portugueses, porque quiso esperar a la nao Santiago, que traía mantenimientos. Como sabemos esta embarcación desvió su rumbo por influencia de Alonso de Cabrera y nunca la vio llegar Mendoza.