lunes, 17 de noviembre de 2008

Tras la huella del guerrero tatuado; los maories


Los maories llegaron a Nueva Zelandia hacia el año 800 d.C. desde la Polinesia tropical, llevando consigo pequeñas ratas, llamadas kiore, perros conocidos como kuri y varias plantas comestibles como la kumara, un tubérculo tan importante para los maories que tenían un dios patrono a cargo de ella. La kumara se secaba, y la guardaban para ofrecerla a los huéspedes de honor. Ésta floreció en la Isla Norte, pues al sur, los cultivos eran irregulares. Los maories de la Isla Sur pescaban, cazaban aves y recolectaban plantas silvestres para alimentarse. Pero la comida típica de todos los maories era un potaje espeso de rizoma (tallo subterráneo) de helecho, que se secaba, se lavaba en agua, se asaba y se molía. Otros alimentos a base de plantas silvestres incluían algas, frondas de helecho, tallos y raíces de col y polen de enea, que se comía al vapor o en pasteles. Los maories del norte hicieron extensos jardines en los claros que bordeaban los bosques; los protegían con bardas y cercas. Los hombres araban los campos con varas de excavar, y las mujeres desbarataban la tierra endurecida, para poder cultivar varias clases de plantas.
Los maories obtenían proteínas de los murciélagos, los kiores, los mariscos y, a veces, de los cuerpos de sus enemigos. Hacia 1800, la enorme e indefensa moa y otras aves fueron cazadas hasta la extinción, pero aun había otras especies de presas en abundancia. Cazaban aves de tierra, como los kivi, con los perros kuri. Otras aves caían en trampas o con lanzas de hasta 9 metros de largo. En las aguas dulces había anguilas y cangrejos, y quienes habitaban en las costas recogían mariscos y huevos de aves marinas. Pescaban con enormes redes, de hasta 800 metros de largo y 10 metros de profundidad, que llevaban al mar en una plataforma transportada sobre dos grandes canoas. La comida excedente era almacenada en bodegas elevadas, para su mejor protección. En el invierno, los maories vestían faldones y largas capas de lino de Nueva Zelandia. Pero con frecuencia, tanto hombres como mujeres iban casi desnudos. Los hombres se tatuaban los rostros y las piernas con figuras impresas mediante cinceles de hueso, que luego eran pintadas con hollín. Las mujeres también se tatuaban la barbilla y los labios. Usaban collares de dientes de tiburón, de perros kuri e incluso de parientes muertos, así como plumas y huesos de ballena en el pelo. El prestigio era muy importante para los maories, y toda ofensa era vengada con violencia. Se desataban las guerras por asuntos de honor, y todo hombre adulto era un guerrero, dado al combate cuerpo a cuerpo con los tradicionales garrotes. Insultar o herir a una persona era considerado una ofensa por toda su tribu, y se procuraba vengarla, generalmente por medio de una acción militar. Esto, a su vez, era vengado por los agredidos. El resultado fue la guerra constante, aunque las batallas a gran escala no eran comunes, pues el máximo honor era acabar con el enemigo a un mínimo costo, tal vez arrasar con el durante una conferencia de paz.
Puesto que la guerra era muy importante para los maories, construían una fortaleza llamada pa, junto a sus pacificas aldeas, a las que llamaban kainga. El pa estaba rodeado por una empalizada, y a veces por terraplenes, colocada para aprovechar al máximo las peculiaridades estratégicas del terreno. Algunos maories se alojaban en el pa cuando sentían el peligro de ser atacados y regresaban a la kainga, tan pronto cesaba el peligro. Las casas de la kainga estaban orientadas hacia el sol naciente y hacia una plaza llamada marae. Cada kainga disponía de un auditorio que, al igual que las casas de las familias importantes, tenia aleros de madera, columnas, puertas y paneles pintados con ocre rojizo; a veces, se decoraban con elaboradas tallas que representaban a los guardianes ancestrales. La casa maori constaba de una sola habitación y un portal delantero , donde las mujeres trabajaban durante el día. El techo y las paredes, muy bajos, estaban recubiertos por paja; las puertas, tan pequeñas, que solo se podía pasar agachados, tenían un panel corredizo para conservar el calor. El humo del fogón salía por una pequeña abertura en el techo y una ventanilla en el muro frontal. Los maories comían en un cobertizo donde el alimento se asaba o hervia envuelto en hojas, en un horno de tierra llamado hangi.
La llegada del pakeha (nombre que dieron los maories a los europeos) cambio abruptamente las costumbres. Se introdujeron comidas extranjeras y los maories dependieron cada vez más de ellas. Ya desde 1804, los maories vendían papas a los balleneros ingleses, en la Bahía de Islas de la Isla Norte, y pocos años después se podían obtener verduras a cambio de clavos de hierro, anzuelos y otros accesorios en toda Nueva Zelandia. Hacia 1830, los maories abastecían de cerdos y frutas a los barcos, e intercambiaban su lino por frazadas, hachas, cuchillos y ropas.
Las herramientas de hierro permitieron a los ebanistas perfeccionar su estilo, y los auditorios aumentaron su decorado. Las jóvenes maories atraían a los extranjeros, y muchos cazadores de focas y ballenas se establecieron con esposas maories. Poco después los caciques exigieron armas de fuego. Ya desde 1815, las tribus maories combatían entre ellas con mosquetes. La destrucción masiva que resulto de estas luchas, agravada por el contagio de las enfermedades europeas, facilitaron la entrada de las doctrinas de paz, llevadas por los misioneros cristianos. En 1840, mediante el tratado de Waitangi, (asediados y sofocados por el colonialismo intruso, artero y expropiador de los sajones), los maories cedieron su soberanía a la reina Victoria, y Nueva Zelandia se convirtió en una colonia de Nueva Gales del Sur.