miércoles, 3 de febrero de 2010

La heroica batalla de Maratón (parte final)

La decisión correspondió finalmente a Calímaco, el arconte de la guerra. Calímaco ocupaba ese cargo antiguo, principalmente ceremonial, que según la tradición le permitía comandar el ala derecha del ejercito (el “lugar de honor” en los ejércitos griegos y helénicos), pero lo mas importante es que conservaba un voto de calidad en caso de desacuerdo entre los diez comandantes. Milciades se acerco a Calímaco (apartados de los demás) y le dijo que de el dependería que Atenas se convirtiera en la polis dominante de Grecia o en un vasallo persa, o incluso que se sumiera en la guerra civil. Enfrentado a esta severa lógica, Calímaco voto por la batalla. Cuando el turno del mando del ejército recayó el Milcíades, este atacó. Milciades extendió la línea ateniense para cubrir toda la longitud de la persa, una decisión clave para lo que aconteció después. La falange era mas débil en el centro, donde según Herodoto había “poco fondo en las filas”, pero en ambas alas se centraba la principal fuerza, presumiblemente con ocho en fondo. Calímaco comandaba el ala derecha, en honor a su titulo, y cada tribu de Atenas seguía a sus propios comandantes en la derecha y el centro, mientras los habitantes de Platea ocupaban el ala izquierda. Los comandantes griegos se reservaron los lugares de la primera línea de la falange, pues su misión seria dirigir a sus ciudadanos en el ataque. La descripción de Herodoto de la acometida ateniense ha inducido un debate acalorado entre los historiadores:
“Ya formadas las líneas de batalla, y a la vista de que los presagios de los sacrificios resultaban favorables, los atenienses, al recibir la orden de avanzar, cargaron contra los bárbaros a la carrera. La distancia entre los dos ejércitos no era inferior a ocho estadios. Cuando los persas vieron que los atenienses se abalanzaban corriendo hacia ellos… pensaron que habían enloquecido, y que iban a sufrir un absoluto desastre, pues vieron sus pocos efectivos y que acudían sin caballería ni arqueros” (Herodoto VI. 112). Ocho estadios equivalen a 1,7km, aproximadamente. Las reconstrucciones de la batalla, con actores usando equipamiento hoplitas auténticos, han demostrado que una formación con armadura no podría haber recorrido esa distancia bajo el sol mediterráneo manteniendo la cohesión, sobre todo bajo una lluvia de flechas en los últimos 200-300 m. La interpretación más convincente del relato de Herodoto es que los atenienses avanzaron como el moderno ejercito británico de manera constante hasta llegar bajo el fuego efectivo, y solo entonces iniciaron la carrera. La versión ateniense supone a la falange con paso firme, a un ritmo en el que pudiera mantenerse la formación cerrada, para después acelerar y cargar en cuanto empezó a recibir las primeras flechas. Pese a la afirmación de Herodoto de que “el combate en Maratón fue largo y agotador”, es probable que los flancos persas se desmoronaran al primer contacto, sobre todo si una sencilla línea de “sparabara” recibió el impacto de una falange de ocho en fondo a toda velocidad. Detrás de ellos estaban los arqueros, sin armaduras ni escudos, apenas con un falce para defenderse. Rota su formación, y sin entrenamiento para combatir cuerpo a cuerpo, se dispersarían corriendo hacia los barcos. En el centro, los atenienses tuvieron peor suerte.
No solo era su línea menos nutrida, sino que hubieron de recorrer una zona de maleza en la llanura entre las dos líneas que rompió su formación y freno el avance, dejándolos expuestos a los arqueros persas durante mas tiempo que sus compañeros de los flancos. Además, se enfrentaron a las unidades de elite persas, así como a un gran contingente de saka, vasallos tribales de los persas armados con un hacha de guerra a modo de pica, particularmente eficaz contra tropas con armadura y más tarde adoptada por toda la infantería persa. Persas y sakas contraatacaron, rompiendo las filas atenienses por el centro y obligándolas a retroceder. No esta claro si lo que sucedió a continuación fue planificado o espontáneo. Los atenienses y plateos de las alas abandonaron la persecución y atacaron simultáneamente los flancos y la retaguardia de la fuerza persa que había abierto el centro de las filas griegas. En palabras de Herodoto, “las dos alas se fundieron en una sola unidad, y los atenienses lograron la victoria” (Herodoto VI. 113). Este relato sugiere una doble envolvente de fuerzas rodeando el centro, como haría Aníbal en Cannas 274 años mas tarde. Sin embargo, el centro persa debió escapar antes de ser rodeado por completo, ya que Herodoto observa que los atenienses persiguieron a los adversarios hacia la costa. Siguió una lucha encarnizada en la playa, con los persas intentando reembarcar bajo el acoso ateniense; los hombres de Atenas capturaron siete barcos persas, pero Calímaco y otros dos de sus jefes fueron muertos. El resto de la flota persa escapo; Grecia conservo su seguridad durante diez años. El mito popular dice que Filípides, tras recorrer 225km en dos días y participar en la batalla, corrió los 42km que separan Maratón de la Acrópolis de Atenas para proclamar: “¡Hemos vencido!”, y después caer muerto de agotamiento; en su honor, los atenienses instituyeron la carrera de “Maratón”. Sin embargo, viendo que Herodoto cita a Filípides entre sus fuentes sobre los sucesos de la lucha, hemos de suponer que se trata de un mito romántico. Herodoto observa que unos días mas tarde llegaron 2.000 espartanos, y al ver el campo de batalla, “expresaron su admiración por los atenienses y su hazaña, y después regresaron a casa” (Herodoto VI. 120). El historiador refiere la muerte de 192 griegos, e indica que las bajas persas sumaron 6.400 hombres, casi un tercio de su ejército. La mayor parte de estas bajas se produjo probablemente al ataque inicial por las alas y a la persecución griega de los persas hasta la playa. Los factores decisivos en Maratón fueron, en primer lugar, las diferencias entre los hoplitas atenienses y sus oponentes, una infantería persa mal entrenada y pobremente organizada para la acción de choque que hubo de enfrentarse a enemigos avezados en estas lides; en segundo lugar fue determinante la voluntad victoriosa de los griegos, surgida de una combinación de cultura política y militar y, si hemos de dar crédito a Herodoto, de su fe en que los dioses estaban de su parte. Ello les permitió cargar contra una fuerza enemiga muy superior, con éxito, muy lejos de unas condiciones ideales, y convertir el desastre potencial de la rotura por los persas de sus líneas centrales en una oportunidad para una acción mas agresiva. Los atenienses mostraron pocas dudas sobre el origen de su triunfo: hicieron construir un templo a Pan bajo la Acrópolis e instauraron un festival anual en su nombre.