lunes, 15 de febrero de 2010

Historia de la espada japonesa, la Katana (segunda parte)

El origen de la espada japonesa se remonta a los legendarios tiempos mitológicos en que las primitivas divinidades “shinto” descendieron del cielo armadas con los “tsurugi”: su hoja era de punta alargada y tenía dos filos. Los únicos ejemplares existentes de este género consisten en reproducciones, más o menos antiguas, que son objeto de culto en los templos. La época prehistórica ha dejado en las tumbas los “ken”: hojas de bronce fundido, afiladas en la muela, lanceadas, siempre de dos filos y rectas. Al siglo II a.C. se remonta en “Tachi” primitivo, recto y de un solo filo, precursor del moderno Tachi curvado. El katana, fabricado desde el siglo VII u VIII, se diferencia del Tachi curvado únicamente en detalles mínimos. Los expertos dividen las épocas de la espada en dos grupos: “koto”, desde el siglo VIII a.C. hasta el año 1596, y “shinto”, desde tal fecha hasta los tiempos actuales. No es que fueran necesariamente mejores, por su habilidad, los herreros de una u otra época, pero ciertamente las espadas antiguas estaban destinadas al combate y, como consecuencia de ello, la tradición popular les ha atribuido una mayor eficacia en el combate. El acero y el hierro siempre se han usado para la confección de las armas por su calidad superior respecto a los recursos minerales ofrecidos por el país. En algunos casos se utilizaba exclusivamente el acero (técnica del mas celebre forjador, Masamune, de Sagami), pero generalmente el hierro y el acero eran aleados con técnicas particulares, características de cada provincia, o de cada maestro forjador y de su escuela. Los métodos “wari-ha, suye-ha y kata-ha” eran utilizados para hojas ordinarias, instrumentos y cuchillos simples. El estilo más usado era el “san-mai”: una plancha de hierro entre dos de acero, o viceversa.
El método “nogi-hada” soldaba hojas de hierro y acero dispuestas alternativamente, confiriendo a la hoja esplendidos diseños, de líneas onduladas, que recuerdan las vetas de la madera (especialidad esta, de la familia Gassan). Los herreros de Sagami y de Bizen utilizaban la técnica “shihozume”, colocando una lámina de hierro y una de acero entre dos láminas de una aleación que se realizaba mezclando hierro y acero. La limpieza y la amoladura eran hechas sobre una piedra llana (to-ishi), que solo se encuentra en el Japón, cuya exportación era obviamente prohibida para impedir que los enemigos aprendieran la preciosa técnica de ejecución de las hojas. El mango (nagako) lleva con frecuencia algunos rastros característicos de lima; tales muescas se hallan clasificadas en una decena de modelos (yasuri-me), y se revelan elemento indispensable para la clasificación de la hoja. La costumbre de firmar la hoja de la espada, apareció probablemente en el siglo II. El autor de “Hakuseki” relata en uno de sus libros que un edicto imperial, en el siglo VII sanciono su obligatoriedad; a pesar de esto, ello fue ampliamente incumplido. Las hojas llevaban la firma generalmente en el lado vuelto hacia el cuerpo, por lo cual las armas creadas como muescas que iban colgadas al costado con el filo hacia abajo van firmadas en la cara denominada “omote”; por el contrario, las creadas en katana, para llevar ajustadas a la cintura con el filo hacia arriba, están firmadas en el lado “ura”, mientras sobre la otra cara llevan, como máximo, la fecha. Desde los tiempos antiguos las firmas fueron falsificadas. Tal falsificación, sin embargo, a condición de que se remonte por lo menos a doscientos años atrás, garantiza en cualquier caso el elevado valor del arma. El dorso de la hoja (mune) puede tener diversos perfiles. El plato (shinogi) puede llevar una o dos acanaladuras, dibujos esculpidos con efigies de divinidades, o caracteres sánscritos de invocaciones de las mismas. La parte inferior de la hoja (ji-gane) lleva un croquis del tratamiento, localizado, del temple. Puede tratarse de una línea recta, o de dibujos apreciables, que pueden complicarse hasta un motivo elaborado, por ejemplo utilizando <flores de crisantemo sobre el río>. Esta preciada característica, llamada “Yakima”, se obtiene cubriendo con greda, en el momento del temple, la parte espesa de la hoja. El mango tiene un orificio (mekugi-ana) para hacer pasar el mampirlán (mekugi) que ajusta la hoja a la empuñadura (tsuka). La presencia de diversos agujeros indica que la hoja ha sido montada mas veces.

1 comentarios:

William dijo...

Amigo ALMOGAVAR QUE HA PASADO CON TU BLAG DE Los Mas Grandes de la Historia.... me gusta mucho...