miércoles, 24 de febrero de 2010

Las armas prehistóricas (segunda parte)

El hombre no creía poder igualar la fuerza de los animales más grandes, o la velocidad de muchas especies más pequeñas. Necesitaba algún otro método, aparte de sus propios músculos, relativamente poco potentes, para disparar proyectiles que le sirvieron como arma. La solución estaba en la energía mecánica, lo que constituyó una revolución tan grande en el armamento como el descubrimiento de la capacidad ofensiva de la piedra. La primera ayuda mecánica de la que se valió el hombre fue el lanzador, que aún se usa entre los aborígenes australianos. Consiste en un trozo de madera con una hendidura en la que descansa la lanza, con un extremo posterior apoyado en un sólido bloque situado detrás de la hendidura; el hombre aferra el lanzador por la parte delantera y, cuando lanza el arma, el lanzador se convierte en una extensión de su brazo, con lo que, consecuentemente, se imparte mayor aceleración al proyectil. Luego vino el arco. Al principio era un simple trozo de madera flexible doblado mediante un pedazo de tripa atado a ambos extremos: un arma muy simple, pero que podía disparar lo que en realidad era una lanza en miniatura a muchas veces la distancia que un hombre podía alcanzar con una lanza propiamente dicha, incluso con la ayuda de un lanzador. Otra arma creada durante este periodo fue la honda. Esta se basaba en el mismo principio que el lanzador, pero enviaba un proyectil más pequeño, una piedra o un guijarro, a una velocidad mucho mayor, lo que daba a ese proyectil el mismo poder de impacto que otras armas más grandes pero más lentas. La honda también servia al pastor en su trabajo: con ella podía dirigir a su rebaño lanzando piedras al cordero o cabra que iba en cabeza. Los siguientes milenios de la edad de piedra, hasta el advenimiento de la Edad de Bronce en el área del Mediterráneo, hacia el año 3.500a.C., no produjeron novedades de importancia en lo que a armamento se refiere, pero fueron testigos de la mejora gradual de las armas ya existentes. En ciertas localidades, en las que la presencia de algún material concreto favorecía un uso especial del mismo, aparecieron nuevas armas, tales como la cerbatana; pero en general, el desarrollo del armamento en el resto del mundo se basaba en el perfeccionamiento del arte de la talla del silex. La introducción del pulimentado y la abrasión hicieron posible eliminar los bordes y aristas de las rocas de silex, aquellas superficies irregulares que tan a menudo producían roturas; mientras que los agujeros practicados en las cabezas de las hachas de silex le permitían al guerrero introducir el mango dentro de la misma en lugar de sujetarla mediante ataduras. Surgió la espada primitiva bajo la forma de un trozo de madera plano con una hilera de pequeños y puntiagudos trozos de silex a lo largo de sus bordes, pero se trataba de un arma poco satisfactoria que iba a ser totalmente revitalizada con la introducción del bronce. En la Edad de Piedra el equipo de defensa apenas consistía en las propias ropas de pieles o cuero que mas tarde serian reemplazadas y reforzadas por vestimentas de ropa gruesa y guateada, y primitivos escudos de cuero o mimbre construidos sobre marcos de madera.