lunes, 1 de febrero de 2010

La heroica batalla de Maratón (parte primera)

En el año 490 a.C. Persia invadió Grecia en un intento de destruir Atenas antes de que se convirtiera en una amenaza importante para su seguridad. La consecuencia de dicha invasión fue: Maratón, la primera de una serie de batallas en las que las falanges griegas derrotaron ampliamente a las fuerzas persas. Maratón fue la culminación de una larga guerra de desgaste entre Persia y Atenas. La conquista de Asia Menor por Ciro el Grande puso a las colonias griegas de Jonia bajo el yugo persa. Ciro, un conquistador humano y tolerante, permitió a los jonios conservar gran parte de su independencia, siempre que se sometieran a la autoridad de su “sátrapa” (gobernador) en Sardes, la antigua capital de Lidia en Anatolia occidental. Sin embargo, los jonios se levantaron en el año 499 a.C. y recibieron el apoyo de 25 expediciones de Atenas y Eretria. Atenienses y eretrios desembarcaron en Éfeso, se unieron a los jonios para incendiar Sardes y después se retiraron. Darío I sometió la revuelta en el 494 a.C., pero nunca la olvido ni perdono a los atenienses, que supuestamente le habían jurado lealtad en el 507 a.C.: cada noche, un esclavo le susurraba “¡Recuerda Atenas!” mientras le servia la cena. En el 491 a.C., Darío envío embajadores a las polis griegas exigiéndoles sumisión. Entre los primeros en aceptarla estuvo la polis insular de Egina, que dominaba el mar de entrada a Atenas. Los atenienses respondieron acusando a los eginios de haber planeado unirse a Persia en una guerra contra sus compatriotas griegos; pronto estallo la guerra, con Esparta como aliada de Atenas. Darío aprovecho esta hostilidad contra un “vasallo” como pretexto para invadir Grecia. El rey persa nombro dos comandantes: Datis, un medo, y Artafrenes, sobrino del monarca. Herodoto dice que mandaban un “inmenso ejercito” que necesito 600 trirremes para su transporte. Datis tomo Eretria a traición, saqueo la ciudad y esclavizo a su población en venganza por la quema de Sardes. Confiado de destruir Atenas, zarpo hacia Maratón, en la costa ática, eligiendo aquel lugar como campo de batalla porque el terreno abierto favorecía a su gran fuerza de caballería. Atenas reunió a su clase hoplita, que marcho al encuentro de los persas en Maratón. Los atenienses tenían diez comandantes, uno por cada tribu de Atenas, que asumían por turnos, cada día, el mando general del ejército. El más destacado era Milcíades, personaje enigmático y ambicioso que había sido tirano, o regente absoluto, en el Quersoneso, en el norte de Asia Menor, antes de ser expulsado por los fenicios, vasallos de Darío. Al salir de Atenas, los comandantes enviaron a Filípides, un corredor profesional, a Esparta para pedir ayuda. En el camino, cuenta Herodoto, Filípides tuvo una visión del dios Pan, deidad terrorífica de la naturaleza que infectaba a sus seguidores con una furia frenética y a sus enemigos con igual frenesí de terror “pánico”. Pan prometió su apoyo a Atenas y, ante la inmensa agresividad de los griegos en Maratón, es posible pensar que afirmativamente Pan brindo su apoyo a los héroes griegos. La misión de Filípides no tuvo fruto: los espartanos se regían por una ley que no les permitía combatir durante la luna creciente, y todavía no se había alcanzado el plenilunio. Herodoto no aporta detalles de las fuerzas reunidas en Maratón, pero los historiadores modernos estiman que la dimensión de la fuerza de Datis era de unos 19.000 hombres de infantería y 1.000 de caballería. La fuerza griega estaba formada por unos 10.000 hoplitas atenienses y otros 400 del aliado de Atenas, Platea. El tamaño del ejercito persa fue un elemento de debate entre los comandantes griegos sobre lo que convenía hacer. Atenas sometía a voto incluso las decisiones militares mas importantes, y los diez comandantes se dividían entre quienes defendían la retirada ante la inmensa fuerza de los persas, presumiblemente hasta que llegaran los espartanos , y los partidarios de un ataque inmediato, entre los que sobresalía Milciades.