jueves, 10 de septiembre de 2009

Historia de la ametralladora (parte segunda)

Gatling, Maxim, Browning

Si de entre los nombres de las personas que por sus ideas, junto con sus realizaciones prácticas en el campo que nos ocupa, tuviéramos que elegir a tres, estos serían, sin duda, los de Gatling, Maxim y Browning.
El de Richard J. Gatling por ser el autor (en 1862) de una ametralladora de accionamiento manual, la primera y única de este tipo que por sus éxitos se extendió por todo el mundo. Su autor ingenuamente pensó que el temor a un arma tan terrible acabaría para siempre con todas las guerras. A Hiram Maxim como el creador (en 1883) de la primera ametralladora de funcionamiento totalmente automático, basada en el aprovechamiento de la fuerza de retroceso generada en el momento del disparo. En éxito, difusión y utilización superó ampliamente a su predecesora Gatling, a la que convirtió en pieza de museo. A John Browning, el cerebro más fértil de entre todos los diseñadores de armas americanos, se le debe entre muchos otros aciertos en el campo de las armas automáticas, la paternidad (en 1890) de la primera ametralladora con éxito, cuyo funcionamiento del sistema de automatismo está basado en la expansión de los gases procedentes de la combustión de la pólvora en el momento del disparo. La gran mayoría de ametralladoras ligeras y rifles de asalto actuales, basan su funcionamiento en este sistema. Gatling

Un arma de la primera generación de ametralladoras, y la única de éxito universal, fue la ampliamente extendida Gatling. Su inventor, el doctor Richard Gatling, patentó el primer modelo en 1862, consistente en seis cañones rotativos alrededor de un eje central; un depósito en su parte superior alimentado con unos cilindros de acero cargados previamente con pólvora, bala y pistón, y un sistema de accionamiento manual, que hace salir del depósito de alimentación un cilindro-cartucho, ponerlo en línea cuando ambos están en la parte inferior de su rotación. El resto del ciclo despeja del arma el cilindro disparando para poder permitir el paso a un nuevo “cartucho” cuando nuevamente el cañón disparado se encuentra en su parte superior. Evidentemente en este sistema, el aumento de cañones, o el aumento de velocidad de rotación de estos, permite aumentar la cadencia de fuego. (Hoy día, la fuerza aérea estadounidense utiliza una ametralladora -la Vulcan de calibre 20mm.- con seis cañones rotativos accionados eléctricamente, tiene una cadencia de tiro de seis mil disparos por minuto y su diseño está basado en la idea de Gatling). Inherentes al diseño, existían problemas de alineamiento correcto entre los cilindros-cartucho y los cañones, así como fuga de gases entre ambos elementos en el momento del disparo. Un gran avance fue modificar los cilindros para aceptar cartuchos metálicos de percusión anular (con esta innovación fue presentada al ejército de los EEUU). En 1865, con un diseño total, que evitaba todos los problemas mencionados, quedó definitivamente perfeccionado este sistema de tiro rápido, y permaneció vigente hasta que fue desplazado por otros de accionamiento automático mediante mecanismos de repetición. El nuevo diseño consistía en utilizar el casi recién aparecido cartucho de fuego central, y sin abandonar la idea principal de los cañones giratorios, proveer el arma de los mecanismos adecuados para introducir los cartuchos en las recámaras de los cañones, dispararlos y extraer sus vainas. Detrás de los cañones y girando con ellos existe un bloque, más bien alargado, que contiene su parte externa tanto pistones como cañones. Dichos pistones, a su vez, contienen la aguja percusora y su muelle, así como la uña extractora. Estos émbolos se movían hacia adelante y hacia atrás según iba girando el bloque por medio de una leva fija estacionada en la parte posterior del mencionado cilindro. Para aclarar el ciclo de disparo de cualquier cañón diremos que cuando se encuentra en su parte más alta, el pistón correspondiente está totalmente retirado de la recámara, para permitir que por gravedad, caiga el cartucho fresco en uno vaciado semicircular existente entre el cañón y el pistón y por el cual se desliza este último. Según va girando el conjunto, el cartucho es empujado hacia su recámara, introducido totalmente y, cuando se encuentra el cañón tomado como ejemplo en su parte más baja de giro, con el pistón bloqueado, se libera la aguja percusora efectuándose el disparo. A medida que va completando el giro, ahora hacia arriba, se va retirando la vaina o cartucho fallado, para que al llegar a su parte superior se encuentre nuevamente en condiciones de repetir el ciclo mencionado.
No necesita aclaración que en pleno funcionamiento y simultáneamente cada cañón y su mecanismo asociado están realizando una parte distinta de la secuencia de disparo, adelantada o retrasada con respecto a otro, dependiendo de sus posiciones relativas.