jueves, 24 de septiembre de 2009

La batalla de Eylau 7-8 de febrero de 1807 (primera parte)

La campaña de 1806 había terminado con la aniquilación del Ejército prusiano en las batallas de Jena-Auerstädt el 14 de octubre y con la toma de Berlín por los victoriosos franceses dos semanas más tarde. El Ejército ruso había ido en ayuda de su aliado, a tiempo para alcanzarlo en su retirada cuando se dirigía al este con los franceses en persecución suya. Cuando llegó el invierno, Napoleón dispersó sus fuerzas en cuarteles de invierno por el interior de Prusia y Polonia, donde apenas había población, y se preparó para pasar la estación. El IV Cuerpo del mariscal Ney fue destinado a una zona de paisaje realmente inhóspito de Polonia y, violando las órdenes, movilizó a sus divisiones en diciembre de 1806 en busca de un mejor cuartel de invierno. Los exploradores rusos informaron de ese movimiento a su comandante, el general Levin August Bennigsen (1745-1826), que interpretó el movimiento de Ney como una ofensiva y envió a su ejército al encuentro. Cuando se dio cuenta de las verdaderas intenciones de Ney, Bennigsen decidió aprovecharse del momento e intentó aislar y destruir el cuerpo de Ney antes de que pudiera reaccionar el resto del ejército de Napoleón.Éste recibió la noticia de este arrebato repentino de actividad y, maldiciendo a Ney, ordenó a su ejército que levantara el campamento y fuera al encuentro de los rusos en una campaña de invierno. Después de una serie de enfrentamientos menores, Napoleón rodeó al ejército principal de Bennigsen y sorprendió a la retaguardia rusa en el pueblo de Hof, donde defendieron un puente que cruzaba un profundo barranco. Esperando una rápida victoria, Napoleón ordenó a los regimientos de dragones que asaltaran la posición, pero fueron apartados y sufrieron muchas bajas. A pesar de ello, Napoleón estaba convencido de que obtendría la victoria aquí y ordenó a la división de coraceros al mando del general Jean-Joseph d’Hautpoul, un hombre gigante, era un veterano endurecido en la batalla que se había especializado en operaciones de caballería pesada. A los 52 años seguía manteniendo una extraordinaria presencia en el campo de batalla. Era muy respetado por sus hombres y encabezaba el frente, donde siempre se le encontraba en lo más duro del combate con el sable en la mano. El general D’Hautpoul dirigió a sus jinetes “acorazados” a cargar sobre el apreciado puente, que vibró y tembló bajo los cascos de la caballería pesada. Al llegar al otro lado, los coraceros franceses atacaron a una fuerza de dragones y húsares rusos, destruyéndolos y haciendo huir a los supervivientes. Los jinetes rusos perdieron toda su cohesión en la derrota y retrocedieron atravesando su propia infantería, rompiendo sus formaciones y dejándoles vulnerables a la avalancha de coraceros de D’Hautpoul, que enseguida estuvieron encima para atacarles y producir muchas pérdidas. EL audaz ataque dio como resultado la captura del vital puente y de cuatro cañones y dos estandartes. Napoleón estaba jubiloso por la victoria y felicitó a D’Hautpoul por la batalla ganada dando un abrazo al coracero gigante delante de toda la división. D’Hautpoul, que solía ser reservado, se sorprendió ante tal alabanza del emperador, y recibirlo delante de sus hombres significaba todo. Le dijo a Napoleón: “Para demostrar ser digno de tal honor, tengo que dar mi vida por su Majestad”. El intrépido general coracero se dirigió de este modo a sus hombres: “El emperador me ha dado un abrazo por vosotros. Y estoy tan satisfecho con vosotros que os besaré a todos el trasero”, a lo cual los soldados de caballería respondieron con risas y aplausos. Con el puente de Hof asegurado, Napoleón podía llevar a cabo su persecución del ejército de Bennigsen, y el 7 de febrero por la tarde, al anochecer, la vanguardia de las fuerzas francesas llegaba a las proximidades del pueblo de Preussich-Eylau, incitados por unos oficiales que les prometían que los vencedores del enfrentamiento dormirían a cubierto. Los rusos fueron sacados de sus puestos a punta de bayoneta después de que Napoleón y su ejército principal les hubieran rodeado rápidamente. La mañana siguiente descubrió a ambos ejércitos igualados en fuerza, preparándose para el combate uno a cada lado de un pequeño valle por el que se entrecruzaban corrientes y pequeños lagos congelados y enterrados bajo una alfombra de nieve. Napoleón sabia que el VI Cuerpo de Ney estaba de camino todavía hacia el campo de batalla, pero también sabia que el general del cuerpo prusiano Anton Lestocq (1738-1815), el único superviviente del desastre de 1806, se encontraba también por los alrededores y podría traer refuerzos a Bennigsen. Después de decidir que no ganaba nada esperando, Napoleón inicio la batalla enviando al III Cuerpo del mariscal Louis Davout (1770-1823) contra el flanco izquierdo ruso. Davout, con su profesionalizad de siempre, lanzo un diestro ataque, empujo hacia atrás al flanco izquierdo ruso y amenazo a toda la posición por completo. En esta critica coyuntura, Napoleón ordeno al VII Cuerpo del mariscal Pierre Augereau (1757-1816) que atacara el centro izquierdo ruso, de ese modo reforzaría el éxito de Davout y ganaría quizá la batalla en cuestión de horas. Sin embargo, en ese momento, el ataque bien coordinado de Napoleón empezó a fallar.
Tan pronto como Augereau puso en movimiento a su cuerpo para cruzar el estrecho valle que dividía la posición francesa y la rusa, una tormenta de nieve repentina sepulto el campo de batalla. Las columnas de ataque de Augereau desaparecieron en el remolino de la tormenta y su fuerza de asalto se perdió en la nieve. Las demás columnas siguieron la marcha en línea compacta lo mejor que pudieron detrás de los batallones. Los soldados de la caballería apenas podían ver al hombre que tenían delante, y mucho menos a las líneas rusas.