miércoles, 30 de septiembre de 2009

La artillería coreana del siglo XVI

Corea estaba orgullosa de ser un vasallo de China, y la cultura y la tecnología del Reino Medio se copiaba con una especie de devoción filial. El emperador chino Taizu llamaba al país Zhaoxian (Choson), un nombre que permaneció hasta tiempos modernos y que significa frescura matinal o calma matinal. Pero las cosas estaban lejos de la calma a finales del siglo XVI. El ejercito coreano tenia 200.000 hombres alistados, pero los soldados estaban mal equipados y peor entrenados. Cuando comenzó la guerra, las filas se reforzaron con reclutas rasos que eran valientes, pero sin la capacidad suficiente como para oponerse a los profesionales japoneses. Las fortificaciones coreanas también estaban en un estado lamentable. Las murallas eran normalmente construcciones verticales hechas de pequeñas piedras planas y se encontraban muy mal mantenidas. Muchas fortificaciones eran sansongs, fortalezas colgadas de altos picos de montaña y diseñadas para alojar a la población local en momentos de crisis. Estas fortalezas de montaña eran buenas para defensa, pero estaban localizadas demasiado lejos de las zonas pobladas, por lo que estaban aisladas. Cuando el gobierno del rey Seonjo (1552-1608) despertó finalmente ante el peligro que acechaba, envío decretos ordenando que se repararan las ciudades fortificadas y otros bastiones. El trabajo se realizo mediante personas reclutadas por la fuerza, lo que generaba mucho resentimiento entre el pueblo que todavía no creía que los japoneses se estaban acercando. Las reparaciones eran de baja calidad y se hacían con materiales malos. Por ejemplo, una fortaleza de montaña fue reubicada en una cota mas baja por conveniencia y fue rápidamente tomada por los aguerridos japoneses sin mayor dificultad. Yu Songnyong, uno de los ministros del gobierno que pensaba que la guerra estaba a punto de estallar, deploraba lo que oía y veía. Un amigo le dijo llanamente: “Construir fortalezas no es una buena idea. ¿Por qué tenemos que acosar a la gente haciéndoles trabajar en las fortalezas sin motivos?” Corea no tenía demasiadas cartas que jugar, pero poseía una chance en su artillería, muy superior a la japonesa. Muchos cañones de la época eran pesados y difíciles de manejar, especialmente en terreno áspero. Pero eran excelentes para otras aplicaciones como para las fortificaciones amuralladas o a bordo de los barcos. Y cuando caían en manos de un genio militar como el almirante Yi Sun-sin podía alterar el curso de la guerra. Un funcionario de nivel bajo del Gobierno llamado Cheo Mun-son fue quien introdujo la pólvora en Corea a finales del siglo XIV. En aquel tiempo los chinos estaban tratando de impedir que su conocimiento se extendiera, pero Choe logró la esencia de la fórmula hablando con los comerciantes manchúes que viajaban al Reino Medio. Como recompense, Choe fue nombrado jefe de la Superintendencia de Armas de Pólvora de 1377. Se dice que desarrollaron muchas armas durante su gestión, pero sobre todo, fue en el reinado del rey Sejong (1379-1450) cuando la construcción de cañones se convirtió en una prioridad. El rey ordenó en 1445 un proyecto importante para mejorar la artillería coreana.
Los modelos chinos avanzados se estudiaron con detalle, pero los coreanos aplicaron sus mejoras propias. El proyecto tuvo tanto éxito que por orden del rey se escribió un libro secreto que detallaba como fundir un cañón grande y generar pólvora. Este libro secreto, el Chongtungrock, permitió que las nuevas técnicas pasaran a las siguientes generaciones. El cañón coreano era desde luego muy superior al japonés. Había cuatro tipos de artillería coreana a finales del siglo XVI: chonja (cielo), chija (tierra), hyonja (negro) y hwangja (amarillo). Los nombres no tienen importancia y vienen de un libro llamado Los mil caracteres, un manual para ayudar a aprender la escritura china. Parece que chija y hyonja eran los más comunes: el primero estaba hecho de cobre y el segundo de hierro. El chonja, también hecho de cobre, era el más grande del cuarteto con un barril de 165 centímetros de largo. Cualquiera que fuera el tamaño de los cañones coreanos podían disparar bolas de piedra o de hierro, pero el mejor proyectil era la flecha con punta de hierro. Una mención especial merece un arma inusual del arsenal coreano, el hwacha, un carro con ruedas que podía ser desplazado por dos o cuatro hombres, y que tenia una estructura de panal de abeja con compartimentos que podía disparar 100 cohetes pequeños o 100 flechas que eran lanzadas desde pequeños tubos de hierro. La invasión japonesa de corea empezó por fin el 23 de mayo de 1592, cuando una gran flota de 700barcos apareció en Pusan (ahora llamado a menudo Busan). Se trataba de una avanzadilla de 5.000 hombres dirigidos por un samurai llamado So Yoshitomo (1568-1615). Pusan era un puerto principal del sur de Corea y estaba bien fortificado. Por desgracia, la invasión tomo a las autoridades locales por sorpresa total, asi que Yoshitomo dirigió un ataque contra Pusan mientras otro militar llamado Konishi Yukinaga (1555-1600) llevo a cabo otro ataque simultáneamente contra otro puerto cercano en Tadaejin. Curiosamente la ventaja coreana –cañones- brilló por su ausencia. Los defensores coreanos lanzaron nubes de flechas contra los japoneses, pero fueron barridos desde los parapetos por el fuego masivo de los arcabuces. Aparte de los mosquetes, los japoneses mostraron poca finura en sus ataques y prefirieron usar la fuerza bruta a las sofisticadas técnicas de asedio. Quiza fuera la ambición por el combate o el desprecio hacia sus enemigos coreanos. Parece que su táctica principal era la de llenar los fosos con madera y rocas para después escalar los muros de 4,3 metros con escaleras.
Los coreanos lucharon valientemente, pero no pudieron rivalizar con los veteranos soldados japoneses. Pusan cayó y su conquista estuvo acompañada por una matanza implacable. En corto espacio de tiempo los japoneses desembarcaron mas tropas y tres grandes columnas avanzaron hacia el norte. Las fortalezas fueron cayendo una tras otra y los coreanos fueron vencidos en campo abierto una y otra vez.
Sin embargo, la ciudad fortificada de Chinju (antes conocida como Jinju) rechazo a los invasores en otoño de 1592 dando a los japoneses su misma medicina: fuego de cañón y arcabuz. Los japoneses tomaron Seúl sin luchar el 12 de junio de 1592. el rey coreano y su corte así como la población habían abandonado ya la ciudad.
No obstante, las cosas cambiaron pronto. Los métodos japoneses produjeron un gran movimiento de resistencia popular, los llamados ejércitos honrados de guerrilleros. Además el almirante Yu Sun-sin gano una serie de combates navales en el sur que culminaron en la Batalla de Hansando el 8 de julio de 1592. Cuando los chinos Ming acudieron en ayuda de corea, la guerra estaba empantanada en un punto muerto. Después de una breve tregua, las hostilidades se reiniciaron en 1597, pero esta vez Corea no fue el paseo que había sido cinco años antes. Hideyoshi murió en 1598 y los japoneses por fin se retiraron.