domingo, 10 de mayo de 2009

Los heroicos vuelos rasantes y el hundimiento del Invincible (parte tercera)

Vista la contienda con cierta distancia en el tiempo, parece inconcebible que las fuerzas armadas de Argentina no alargaran la pista de Puerto Argentino, convertida en la Base Aérea Malvinas durante la batalla, o no abriesen una nueva, utilizando el material desplegable de aluminio que debió ser transportado por vía marítima ya desde los primeros días del desembarco inicial. Ello ocasionó una desventaja táctica y estratégica que luego hubo de ser compensada con el empleo en masa de todo el contingente aéreo disponible y el arrojo y pericia de los aviadores. Una mención especial merecen los aviones ligeros Aermacchi MB-339 A de entrenamiento y ataque y los COIN IA-58 Pucará que, basados en las islas, se utilizaron en el apoyo cercano, atacando buques, tropas y medios de transporte. Su destacada actuación quedó deslucida, aparentemente, por las graves pérdidas sufridas, pero se hace necesario recordar que la mayoría de los destruidos lo fueron en tierra, por la acción de los Harrier principalmente, aunque se revelaron eficaces como contrahelicópteros. Los equipos del SAS destruyeron también algunos Pucará y polvorines en misiones de comando. A pesar de los inconvenientes mencionados y algunos otros bastante graves, como la carencia total de control aerotáctico sobre las zonas de operaciones que permitió en numerosas ocasiones a los británicos sorprender a los incursores argentinos las Fuerzas Aéreas conjuntas consiguieron éxitos ofensivos importantes, sorprendentes para muchos observadores militares. La Fuerza Aérea realizó más de 400 misiones con un total de aviones de ataque de 82. De ellas, más de 270 alcanzaron sus objetivos, perdiéndose 34 aeronaves de diverso tipo. Las salidas de reconocimiento se elevaron a 466 y las de transporte a las islas superaron los dos millares.
Por su parte la Aviación Naval empleó 19 aviones de ataque, 6 de transporte y otros tantos de reconocimiento y exploración, efectuando más de 670 salidas de combate. Este esfuerzo se correspondió con los fuertes daños causados a la Task Force: dos destructores “Tipo 42”, dos fragatas “Tipo 21” y un buque de desembarco resultaron hundidos; un buque portacontenedores con 10 helicópteros a bordo se fue a pique con ellos. Con graves daños fue alcanzado otro buque de desembarco y dos fragatas “Tipo 22, dos clase “Leander”, una “Tipo 42”, una “Tipo 21”, dos destructores clase “County” y un tercer buque de desembarco resultarían con distintas averías de grado variable. Quedó por aclarar, como uno de esos misterios históricos que se arrastran durante generaciones, el ataque al portaaeronaves Invencible, negado insistentemente por Gran Bretaña y reclamado con énfasis por los aviadores argentinos. Para éstos, la localización y destrucción –o puesta fuera de combate- de los portaaeronaves de la Armada Real era un objetivo prioritario si querían mantener la superioridad aérea inicial de que gozaban. Sin embargo, el ataque previsto se retrasó en diversas ocasiones a causa de pérdidas operacionales y objetivos más urgentes. El 30 de mayo, pareció que había llegado el momento esperado. Las informaciones de los Boeing 707 y los C-130, improvisados exploradores, y las deducciones extraídas de los datos del radar de Puerto Argentino, coincidieron en situar al Invencible (el Hermes había resultado dañado con anterioridad) a unos 270 Km. al este de la isla Soledad, protegido de las posibles incursiones de la FAA y la AN por la Task Force, interpuesta en las previsibles rutas de aproximación. Se decidió por el Mando un ataque conjunto: la FAA destinó una escuadrilla de la IB Brigada Aérea equipada con cuatro McDonnell Douglas A-4CSkyhawk, armados con tres bombas de 225 Kg. y equipados con dos depósitos auxiliares subalares de 1130 litros. La AN por su parte emplearía dos de sus cuatro Super Entendard con un misil AM 39 Exocet bajo el plano de babor y un depósito de combustible bajo el de estribor en el avión de ataque y la misma carga de combustible y una góndola radar para el avión guía. La ruta se estableció desde el sudeste, evitando el sobrevuelo de la Task Force o la entrada en sus radares de descubierta. Por ello se hizo imprescindible el reabastecimiento en vuelo con los KC-130H. Como siempre; el perfil fue alto-bajo-alto. Los Super Etendard lanzaron su misil a unos 40 km del contacto radar –el Invencible presumieron sus pilotos- y regresaron al continente. Los Skyhawk continuaron la aproximación en rasante, rozando las olas hasta el contacto visual. Dos de los aviones resultaron derribados, uno –el del jefe- por un misil y el otro alcanzado de pleno por la antiaérea. Los otros dos lanzaron su carga sobre el portaaeronaves y escaparon en rasante, hasta salir de la zona de peligro. Ambos aviadores informaron haber alcanzado la nave con sus bombas, vengando así la muerte de sus dos camaradas caídos, y observaron como el buque británico desprendía una espesa columna de humo negro, posiblemente debido al Exocet y se incendiaba. Así, queda aclarado el tema del Invencible, dando por seguro el hundimiento del mismo por las heroicas naves argentinas. Tras el ataque inicial de los bombarderos pesados Vulcan –en vuelo desde la lejana base de Wideawake, en isla Ascensión- sobre las pistas de la Base Aérea Malvinas, en Puerto Argentino, la FAA hubo de destinar sus Mirage IIIEA de la VIII Brigada Aérea a la defensa de las instalaciones y pistas en el continente, ante la eventualidad de un ataque similar que hubiese podido, este si, causar graves daños en lo concurridos aeródromos.