lunes, 25 de mayo de 2009

Tácticas de combate: La demolición reservada (primera parte)

El repliegue, que no la retirada, es a veces necesario para que una fuerza pueda reorganizarse en un terreno más favorable antes de volver a la ofensiva. En particular, una fuerza de cobertura que opere por delante de una posición defensiva principal amiga, proporcionando un elemento de alerta avanzada e identificando los ejes de avance del enemigo, necesitará replegarse rápidamente detrás de dicha posición una vez haya concluido su trabajo. En estas situaciones, algunas características del terreno pueden ser críticas. Éstas son los puentes, pasillos por los campos de minas o cualquier otro cuello de botella que el comandante decida negar al enemigo hasta que no sea de utilidad para sus fines. Es el general quien se reserva a sí mismo la demolición de estos puntos y asegurará que estén bien guardados y defendidos hasta que llegue el momento de volarlos. El ejemplo más evidente es el de un puente vital sobre un gran río que puede constituir un obstáculo de envergadura para las formaciones acorazadas. Por supuesto, si el enemigo consigue tomarlo, habrá echado a perder tu repliegue y acelerado su avance. El enemigo habrá realizado una cuidadosa valoración del terreno y elegido (y quizá reconocido) sus ejes maestros de avance. También es posible que haya llevado a cabo una estimación acertada de cuáles puedan ser nuestras rutas de repliegue y de los puntos por las que éstas cruzan por obstáculos. Fuerzas de exploración enemigas montadas en vehículos acorazados portapersonal (VAP) y carros pueden dirigirse directamente a ellos, seguidos de cerca por el escalón de vanguardia de la fuerza principal. Y no olvides que puede montar asaltos aeroportados o helitransportados para capturar un punto de cruce vital con la intención de retenerlo hasta que lleguen sus fuerzas. La última vez que el Ejército Británico intentó hacer esto a gran escala fue en 1944 durante la operación de Arnhem, en la Segunda Guerra Mundial, en que lanzó paracaidistas para capturar unos vitales puentes sobre el Rin por delante de sus fuerzas acorazadas. Desgraciadamente, todo salió mal: las fuerzas de tierra no consiguieron enlazar a tiempo y las defensas enemigas resultaron más potentes de lo esperado. Guardia de demolición

Nuestra misión es asegurar que el enemigo no capture el objetivo a demoler antes de que haya sido volado. La guardia de demolición consistirá en al menos un grupo de compañías de infantería en el que habrá carros, misiles filoguiados contracarro y observadores de la artillería y los morteros, así como un vehículo de recuperación. También puede incluir sus propias armas de defensa aérea (misiles superficie-aire) incluso cuando hay cobertura de armas divisionales de mayor alcance. Si nos encontramos formando parte de una guardia de demolición, hemos de contar con que seremos objeto de bombardeos de artilleros y de ataques de aviones de ala fija y helicópteros. Asimismo, podemos constituir para el enemigo un objetivo idóneo para su uso limitado de agentes químicos. Y por si todo esto no fuera suficiente, puede que el enemigo procure destruir puentes importantes por medio del sabotaje recurriendo a equipos de buceadores o unidades de operaciones especiales. Las demoliciones reservadas constituyen unos objetivos extraordinariamente atractivos y contra los que el enemigo empleará todos los medios que tenga a su alcance para destruirlos. Ya ves que los peligros que nos acechan no son pocos ni pequeños. Esta guarnición debe ser desplegada de manera que proporcione protección a la demolición desde todas direcciones y por todos los medios, incluida una defensa próxima constante contra el sabotaje por “refugiados” o buceadores de combate. El jefe de esta guarnición de demolición debe desplegar tropas avanzadas con el fin de cubrir los accesos al puente y dar alerta previa sobre cualquier intento de ataque. Esto puede suponer la necesidad de ocupar todos los terrenos altos que dominen la zona de interés. Habrá que desplegar todas las armas contracarro posible muy por delante del objetivo defendido. Pero cuidado con colocar medios acorazados en la orilla opuesta de un obstáculo fluvial, pues podrían quedar atrapados: si el puente debe volarse rápidamente o si el enemigo consigue tomarlo, no resultará muy agradable ver como algunos de tus carros quedan aislados en la orilla equivocada del río; esto es particularmente importante para aquellos ejércitos en los que los vehículos con auténtica capacidad anfibia sin preparación no son los más abundantes. La infantería, al menos, puede escapar a bordo de botes de asalto si se ve en la necesidad de tener que retirarse a toda prisa.