lunes, 18 de mayo de 2009

Nace un nuevo poder, los turcos se hacen con el dominio del mar (parte final)

Por ello, entre estas tres potencias, Venecia y Génova, y el estado español, se estableció una especie de equilibrio armado –una tensión superficial que cubría el Mediterráneo. Este equilibrio quedó roto al final de nuestro período por la irrupción de un nuevo poder marítimo. La vocación hacia el mar de los turcos no surgió repentinamente ni con todo su potencial. A partir de comienzos del siglo XIV, una serie de nidos de piratas sobre las costas levantinas del Mediterráneo eran manejados por jefes turcos, alguno de los cuales tenían al parecer flotas de cientos de navíos a sus órdenes. Cuanto mayor fue la extensión de la costa conquistada por sus fuerzas terrestres-, según el imperialismo otomano avanzó hacia el oeste existieron mayores oportunidades para que los corsarios controlados por los turcos permaneciesen en el mar, teniendo acceso a puntos de abastecimiento de agua y suministros sobre la costa. A través del siglo XIV, sin embargo, éstas fueron empresas poco ambiciosas, limitadas a barcos pequeños y tácticas de ataque y huida inmediata. A partir de la década de 1390, el sultán otomano Bayezid I comenzó a construir una flota permanente propia, pero sin entregarse a una estrategia radicalmente diferente de los operadores independientes que le había precedido. Las batallas puntuales tenían lugar normalmente a pesar de las intenciones de los turcos, y normalmente daban como resultado la derrota de éstos. Tan tarde como 1466, un comerciante veneciano en Constantinopla defendía que para terminar un encuentro con éxito los barcos turcos necesitaban sobrepasar a los venecianos en una proporción de cuatro a uno. Por esas fechas, sin embargo, la inversión otomana en la fuerza naval era probablemente más alta que la de cualquier estado cristiano. El sultán Mehmed I, que poseía una gran visión a largo plazo, y Bayezid II, se dieron cuenta que el impulso de su conquista por tierra tenía que ser apoyado –si tenía que continuar- mediante el poder en el mar. Después de largas generaciones de experimentaciones sin éxito en batallas puntuales, la marina de Bayezid humilló a la de Venecia en la guerra de 1499-1503. Nunca desde que los romanos se lanzaron dubitativamente al mar en contra de Cartago había sido abrazada con tanto éxito la vocación naval por una potencia tan poco adecuada aparentemente para estas tareas. El equilibrio de fuerza naval entre la Cristinidad y el Islam, que había durado cuatrocientos años, cambió de signo por lo menos en el Mediterráneo del este, y se puede decir con exactitud que una nueva era había dado comienzo.