jueves, 14 de mayo de 2009

La guerra por el dominio del Mediterráneo en la Edad Media (primera parte)

La trayectoria de la guerra naval en el Mediterráneo tenía algunas similitudes con la del mar del Norte: un vacío de poder al comienzo del período, en el que aparecieron nuevos contendientes para disputarse el dominio del mar. Hacia el año 1100, la guerra naval contra el Islam había sido ya ganada por los cristianos. Los poderes occidentales eran dueños de Córcega, Cerdeña, Sicilia, el sur de Italia y las costas de Palestina y Siria. La dificultad de dominar el Mediterráneo desde su extremo Este había afectado también al poder marítimo de Bizancio sumida ya en el proceso de quedar reducido a ser un poder menor como potencia marítima en comparación con alguno de sus rivales más al oeste. La flota egipcia de los fatimidas, en otro tiempo una fuerza formidable, casi no es mencionada en los documentos posteriores a la primera década del siglo XII. Continuó existiendo, y le fue posible lanzar al mar setenta galeras a mediados del siglo XII, pero quedó confinada a un papel en gran parte defensivo. Hacia 1110, los cruzados controlaban casi todos los puertos de Levante; por ello, a partir de ese momento, las operaciones de las galeras egipcias contra la navegación cristiana quedaron limitadas a sus propias costas: no poseían prácticamente puertos aliados hacia el norte para poder obtener agua dulce. El poder naval turco, que resultaría invencible al final de nuestro período, habría de superar cualquier pronóstico. En la década de 1090 una serie de colaboradores sirios proporcionaron a los jefes guerreros seljucidas, que actuaban por su cuenta, barcos con los que se apoderaron durante un período corto de Lesbos y Quíos e incluso amenazarían Constantinopla; pero los cruzados forzaron la retirada de los seljucidas; las costas no fueron recuperadas por el Islam hasta cien años más tarde. Los estados cruzados dependían de unas comunicaciones por mar a lo largo de rutas largas y aparentemente vulnerables, que llevaban hasta el centro y el oeste del Mediterráneo. Sin embargo, casi nunca se vieron amenazadas por ataques por mar. Saladito creó una marina de sesenta galeras casi a partir de la nada en la década de 1170, pero la utilizó de forma conservadora y con un éxito desigual hasta que fue capturada casi por entero por una flota de la Tercera Cruzada en Arce en 1191. La reconquista cristiana del Mediterráneo había sido efectuada, en parte, gracias a la colaboración entre potencias cristianas. Los barcos de Venecia, Pisa, Génova y de Bizancio habían actuado juntos para establecer y aprovisionar a los estados cruzados de Levante en sus primeros años. Sin embargo, los aliados que actúan con éxito a menudo acaban por separarse. La relativa seguridad frente a sus enemigos de fe dejó a los vencedores libres para luchar entre ellos. El siglo XII fue una era de competición abierta en el Mediterráneo para controlar el comercio, una competición violenta entre potencias en una situación de equilibrio inestable. En el siglo XII, Sicilia era quizá la potencia más fuerte. Mantenía la única marina permanente al oeste con el meridiano 22, pero la extinción en su dinastía normanda en 1194 marcó el fin de su potencial en cuanto imperio marítimo. Pisa fue un poder naval importante durante los siglos XII y XIII: su guerra contra Amalfi en 1135-7 destruyó con efectividad todas las perspectivas de que ese puerto emergiese como una metrópoli imperial; y la ayuda de sus barcos, junto a los de Génova, fueron decisivos en la destrucción del reino normando de Sicilia; pero Pisa realizó una elección poco brillante de sus aliados en las guerras del siglo XIII y, después de una serie de derrotas que la dejaron aislada, sufrió a manos de los genoveses en la batalla de Meloria en 1284 un golpe del que su marina nunca se recuperó. Se tomaron tantos prisioneros que, según se dijo, “para ver a los pisanos, debes ir a Génova”. Tres rivales aparecen en el transcurso de estas guerras: las repúblicas genovesa y veneciana y la Casa de Barcelona. En épocas diferentes y en áreas coincidentes del Mediterráneo, estas tres potencias establecieron “imperios marítimos”: zonas de preponderancia o control en rutas y costas de gran interés. Las posibilidades existentes fueron demostradas en 1204, cuando Constantinopla cayó frente a una hueste de occidentales de diferentes procedencias y Venecia obtuvo un imperio marítimo a partir de los despojos. La república se convirtió en dueña de “un cuarto y mitad de cuarto” del territorio bizantino. Al comienzo, Génova respondió con el lanzamiento de una enérgica guerra de corso, que fracasó en la práctica cuando el acuerdo de paz de 1218 restauró nominalmente el derecho de los mercaderes genoveses a vivir y comerciar en Constantinopla. En la práctica, sin embargo, continuaron siendo víctimas de la hegemonía veneciana hasta 1261, cuando los irredentistas bizantinos volvieron a conquistar Constantinopla y se restauró una difícil paridad entre los comerciantes genoveses y venecianos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola que tal amigo... encontre su blog por casualidad... y su pagina esta muy interesante... saludos y felicitaciones por su trabajo... si tengo la oportunidad la recomendare...

LURO1076