jueves, 26 de marzo de 2009

Los comandos, la elite guerrera (parte final)

El cuchillo es inseparable compañero para los comandos; los miembros de las fuerzas especiales reciben con él un exhaustivo entrenamiento, es el arma con que podrán llevar a cabo misiones en las que las armas de fuego, aún con silenciador, no podrían emplearse.
Entre los más famosos se encuentra el cuchillo de los comandos británicos empleados en la Segunda Guerra Mundial; el U Mc Ka-Bar, de la infantería de marina USA; el Gerber mark II y mark I utilizados por las fuerzas especiales USA y la mayor parte de los soldados de fortuna de todo el mundo.
Actualmente muchos de los comandos utilizaban también el llamado cuchillo de bota, como el Gerber mark I, más pequeño y escamotable, el último recurso como algunos lo llaman.
Pese a que el lugar donde tradicionalmente se ubica el cuchillo es colgando del cinturón, muchos prefieren sujetar la funda invertida en la trincha (correaje) en el pecho para lograr una más rápida disponibilidad. El cuchillo debe ajustarse firmemente en su vaina a fin d evitar posibles ruidos, que podrán resultar fatales en una determinada situación y para no perderlo por muy violentos que sean los movimientos de quien lo porta, independientemente que su funda incorpore una correílla o cinta de seguridad que abrace el mango. Se observa recientemente en los cuchillos militares la intención de hacerlos “multiuso”, tendiendo en lo que se ha dado en llamar de “supervivencia”, es decir, dotándoles de elementos como sierra en el lomo de su hoja, abrebotellas en la guarda e incluso realizando en mango hueco para llevar en él algo que en un determinado momento puede ser muy útil, como anzuelos, hilo de nylon, fósforos, etc., en algunos se ha dispuesto en su vaina, rígida por supuesto, una pieza en la que se encaja la hoja del cuchillo y con el que se consigue un eficaz corta alambres. Las vainas de todos estos cuchillos poseen unos cordones o correas para sujetarla a la pierna. Otra arma que ha sido y es usada por los comandos es la ballesta. Su principal ventaja: el silencio. Dado que los modernos modelos, construidos con materiales ligeros pero muy resistentes, desmontables para facilitar su transporte y dotados de mecanismos para su carga, son capaces de lograr una potencia superior a los 100 kilos y que pueden dotarse de miras telescópicas, hacen de esta arma del medioevo un elemento eficaz y mortífero, independientemente que con ella se emplee virotes (flechas) tradicionales o hasta explosivos. Si se daba por sentado que el factor sorpresa era fundamental en las acciones del comando, lógico es que muchas de estas acciones se lleven a cabo durante la noche y en esta situación los sistemas de visión optrónicos representan una inestimable ayuda.
El sistema de rayos infrarrojos apenas si se usa actualmente en ningún tipo de país, está anticuado y ha sido ampliamente superado. Su funcionamiento precisa de un emisor-proyector de rayos infrarrojos, rayos que el ojo humano no puede percibir; asimismo necesita un receptor capaz de captarlos, su principal inconveniente radica en que con disponer solamente de un visor el enemigo puede descubrir a quien lo está utilizando, otro grave inconveniente es lo voluminoso y pesado del equipo que lo hace funcionar.
Actualmente los identificadores de visión o intensificadores luminosos cumplen este cometido. Gracias a los avances de la técnica y la electrónica, estos complejos son capaces de aumentar en miles de veces la intensidad lumínica, con un menor peso, mayor alcance y duración de funcionamiento que sus predecesores. Si para pasar inadvertidos la noche es importante, el silencio es fundamental, el uso de silenciadores ha sido ampliado por los comandos. Si bien no existe el silenciador absoluto, estos elementos consiguen amortiguar notablemente el estampido de los disparos. Se podría decir que la misión del silenciador es similar a la del tubo de escape de un coche, principalmente retiene los gases que salen al exterior al producirse el disparo, éste al efectuarse genera dos sonidos aunque sólo se aprecia uno. En primer lugar el proyectil, al romper la barrera del sonido, emite uno de ellos y el segundo se produce al chocar los gases con el aire. La eficacia de los silenciadores aumenta sensiblemente al emplear municiones subsónicas. Existen multitud de tipos de silenciadores y su construcción, tamaño e instalación, está en función del arma en la que se va a emplear y la munición que utiliza. Sería una interminable lista la que debería redactarse en relación a las armas de las fuerzas especiales que todo el mundo utiliza o ha utilizado.
Sin embargo, desde que los comandos británicos en la Segunda Guerra Mundial popularizan esta denominación y sus peculiares tácticas algunas armas han sido características de estas unidades. Por ejemplo el subfusil Sten, aunque los propios británicos prefirieron en muchas ocasiones el americano Thompson, pese a ser más pesado y voluminoso pues era más fiable y la munición que utilizaba, el 45 ACP, le hacia indudablemente mas eficaz. Los norteamericanos emplearon, además del Thompson, el subfusil posterior a él, el M-3, llamado popularmente Grease Gun, dotado en muchas ocasiones de silenciador y carabina M-1 con culatines plegables para reducir su tamaño (M-1 A-1) y cargadores de mayor capacidad como el modelo T-3 que disponía también de visor infrarrojo. Posteriormente, ya en la guerra de Vietnam, las fuerzas especiales utilizaron el Ingram modelo 10, un arma extraordinariamente compacta y pequeña, tan solo 26,7 centímetros de longitud con menos de tres kilos de peso y con la munición que se ha demostrado preferida por los norteamericanos, el 45 Auto. Casi del tamaño de una pistola, con cargadores para 30 cartuchos y una cadencia de disparo de mas de 1100 d/m, el Ingram es un arma mortífera pero requiere estar habituado a ella para no agotar la munición en lo que puede parecer una corta ráfaga. Con él se emplean los supresores sónicos, accesorios que a simple vista puede parecer un silenciador no siéndolo, pues aunque reduce sensiblemente el efecto acústico, no restan apenas velocidad al proyectil, eliminan el fogonazo y dificultan la localización de los disparos.
Citaremos, aun, un arma mas, el XM 177 E2, derivado del fusil de asalto M-16, con culatin telescopico y cañón de longitud reducida que fue usado por las fuerzas especiales y algunas unidades del ejercito. Esta arma se ha denominado precisamente “COMMANDO”.
En definitiva, se ha tratado de reflejar en estas escuetas palabras la verdadera apreciación de un comando, no es solo comando por las armas especiales que usa, sino que es un cúmulo de habilidades especiales, como ser: la emboscada, el camuflaje, el silencio, la oscuridad, el factor psicológico determinan sus acciones. El manejo de explosivos, el dominio de las artes marciales, la destreza con el cuchillo, y un largísimo sinfín de actividades desarrolladas con habilidad por los comandos, desde el paracaídas al equipo de inmersión, actividades que solo un comando puede realizar.