sábado, 28 de marzo de 2009

Walter Rubensdörffer, el halcón suizo

Cuando se estaba acabando la famosa batalla de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, la Luftwaffe creó una unidad especial, la Erprobungesgruppe 210, con el fin de ir poniendo en servicio los Messerschmitt Me.210, caza-bombarderos cuyos prototipos se ensayaban. Cuando se supo que los Me.210 todavía tardarían bastantes meses en estar a punto, la nueva unidad comenzó a operar con Messerschmitt Bf.110 y con Bf.109. A la fuerza recién creada se le dio tanta importancia que a ella se destinaron algunos de los mejores pilotos de la Luftwaffe. El mando fue confiado a un veterano de la guerra civil española, el piloto de origen suizo Walter Rubensdörffer. Rubensdörffer había nacido en Basilea el 1 de agosto de 1910 y había servido durante varios años en la Luftwaffe anterior a la guerra. Era un gran defensor de la táctica de bombardeo o en picado como apoyo a los combates que se libraban en tierra. Sus argumentos a favor de esa modalidad de bombardeo habían encontrado una buena acogida ya en la Legión Cóndor. Diez días después de recibir el mando del Erprobungsgruppe 210, Rubensdörffer declaro que su unidad estaba lista para combatir. El 10 de julio de 1940 llevó a cabo el primer ataque con diez Bf. 110, desde la base de St. Omer, contra objetivos del área de Harwich. El mes que siguió a esta primera salida estuvo lleno de actividad para la unidad del suizo Rubensdörffer, pues dirigió su unidad en 28 salidas contra objetivos situados en el sur de Inglaterra o contra embarcaciones costeras. Por regla general tales objetivos eran considerados como demasiado bien difíciles o como excesivamente difíciles de alcanzar por las unidades normales de la Luftwaffe, de ahí que el grupo de Rubensdörffer adquiriera con rapidez fama de unidad excepcional. Una de las operaciones más espectaculares del Erprobungsgruppe 210 fueron los ataques que su jefe hizo dirigir contra la cadena de radares del sureste inglés, durante los que se golpeó duramente Dover, Rye, Pevensey y Dunkirk, en el norte de Kent, sin sufrir ni una sola pérdida. El 15 de agosto, durante el famoso “martes negro”, Rubensdörffer dirigió por la mañana por los ataques contra Martlesham y Manstom, donde estaban situados dos importantes aeropuertos; por la tarde se le ordenó atacar la base de cazas de la RAF de Kenley. Debía reunirse con una escolta de Bf. 110 en ruta, pero por un error no llegó al encuentro. De todos modos, al ver un aeropuerto al sur de Londres, atacó. Desgraciadamente era Croydon y no Kenley y en aquellos momentos despegaba de Croydon el escuadrón 111 que mandaba John Thompson. Dejando caer sus bombas, los pilotos de Rubensdörffer intentaron desesperadamente volver a la seguridad de las nubes, pero los Hurricanes ingleses consiguieron diezmar la formación alemana. En unos pocos minutos cayeron los aparatos de varios mandos destacados. El mismo Thompson atacó el Messerschmitt de Rubensdörffer, quien sostuvo una larga y angustiosa lucha para poder mantener en el aire su avión. Pero a pesar de sus esfuerzos se estrelló cerca de Mayfield y tanto él como su artillero murieron entre llamas.