martes, 10 de marzo de 2009

Historia del nacionalismo (parte final)

En Italia y Alemania, el provincialismo y la apatía fueron superados por las políticas expansionistas de Piamonte y Prusia. Después de 1854, la nueva generación de estadistas europeos no siguió manteniendo el antiguo orden, y el desarrollo industrial y comercial dio un nuevo impulso al deseo de unidad nacional. La nacionalidad se vio entonces como una fuerza estabilizadora; es decir, se pensaba que los estados nacionales unificados no tendrían mayores ambiciones y algunos apóstoles del nacionalismo como Mazzini (1805-1872), pronosticaban una nueva era en que los estados nacionales, una vez establecidos, cooperarían pacíficamente dentro de una federación democrática de pueblos. Después de 1870, quedó muy en claro que esto era una ilusión. Si bien es cierto que antes de 1918 los checos de Bohemia nunca aspiraron a algo más que a la autonomía dentro del Imperio de los Habsburgo y que los eslavos de Bosnia y Herzegovina se conformaban cambiar el dominio turco por el austriaco, las ideas nacionalistas se propagaron rápidamente, en especial entre los pueblos de los Balcanes. Aunque el criterio normal de nacionalidad era el idioma, los grupos lingüísticos estaban tan entremezclados que una división basada en el idioma era absolutamente impracticable, sobre todo en la península de los Balcanes. Por otra parte, quienes deseaban recuperar a sus hermanos perdidos desde hacia tanto tiempo, no siempre reconocían el idioma como el único criterio de nacionalidad. En Macedonia, los griegos, los serbios y los búlgaros plantearon demandas nacionalistas muy conflictivas y, al igual que los nacionalistas del Imperio Habsburgo, las expresaron en términos tanto de folclor, literatura e historia nacional como de teorías raciales y lingüísticas. Como consecuencia de lo anterior, para 1913, los turcos habían perdido casi todas sus posesiones en Europa. Las inquietudes nacionalistas, sin embargo, no estaban confinadas sólo a los Imperios turco o Habsburgo; Gran Bretaña se veía enfrentada a problemas con Irlanda, y Noruega exigía su separación de Suecia. El sistema de alianzas que existía antes de la guerra no contribuía a mejorar esta situación. En el año 1872, y para aislar a Francia, se realiza la alianza de los tres emperadores (Alemania-Rusia y Austria), que será renovada en 1881. Un año más tarde en 1882, se forma la Triple Alianza, pero esta vez entre Alemania, Austria e Italia. En 1891, y debido a los problemas en los Balcanes, Rusia se aleja de la alianza de los emperadores y en 1894 firma una con Francia.
Inglaterra, que había mantenido una política de aislamiento con el continente, establece una Entente Cordial con Francia en 1906, la que terminará por convertirse en la Triple Entente en 1914. Estos bloques se enfrentan en la guerra y la pérdida del carácter defensivo de las alianzas y su poca flexibilidad hará impracticable un entendimiento que dé como resultado la paz.
Para finalizar podemos mencionar que las grandes personalidades que llevan el nacionalismo patriótico a su mas pura expresión son los lideres nacionalistas del siglo XX, como ser en Alemania Adolf Hitler, el Fuhrer; Benito Mussolini en Italia; El General Perón en Argentina; el Generalisimo, Franco en España, para citar solo unos pocos ejemplos. Los nacionalismos no son convenientes para las grandes y poderosas multinacionales que dominan la economía mundial, de hecho la financiación de la segunda gran guerra corrió por cuenta de los grandes mercaderes.