miércoles, 4 de marzo de 2009

Filipo y los "Compañeros" la elite de la caballería macedonia

El arma fundamental del ejercito macedonio era la caballería, la cual siempre había sido importante en Macedonia, donde jamás se adopto la falange hoplita como arma militar principal, a diferencia de lo que había sucedido en los estados del sur. El rey de Macedonia era un jinete, aunque a veces combatía a pie, y lo más selecto de la caballería lo constituían los llamados Compañeros del Rey. Los Compañeros llevaban una coraza (un peto o cota de malla) y combatían como tropas de choque más que como escaramuzadores. Como eran aristócratas habituados a cabalgar desde su juventud, tenían una extraordinaria habilidad como jinetes. Aunque es cierto que los datos que tenemos del reinado de Filipo son limitados, basándonos en lo que sabemos del ejercito de Alejandro en el 334, podemos llegar a la conclusión de que la caballería de los Compañeros estaba organizada en catorce o quince escuadrones de unos 200 hombres cada uno, lo que hacia un total de 2.500 a 3.000 hombres. Cada escuadrón tenia su propio jefe, y uno de ellos, el Escuadrón Real (con una dotación de, tal vez, 300 hombres) estaba mandado por el propio rey. Los escuadrones de caballería macedonios formaban en cuña para combatir como lanceros armados de picas largas (sarisas) de madera de cornejo y una larga espada curva de la que hacían uso cuando la necesitaban. La formación en cuña era especialmente buena para penetrar por los huecos de la línea enemiga, de modo que la caballería macedonia no necesitaba desplegar para ejecutar simplemente movimientos de flanqueo. La sarisa de la caballería tenía 2,70 metros de longitud y pesaba dos kilos, de forma que era suficientemente ligera para ser arrojada en caso preciso. Por su tamaño y peso era parecida a la lanza napoleónica, aunque el arma macedonia tenía punta de hierro en ambos extremos. Como se cogia por un punto de relación 3 : 5 (quedaba aproximadamente 1,70metros por delante de la mano y un metro por detrás), la parte corta podía usarse contra la infantería en el combate próximo, y también, si se rompía la punta delantera, podía emplearse la posterior como lanza de penetración. Aunque la caballería antigua carecía de estribos, el golpe de la sarisa de caballería, la cual soltaba el jinete en el momento del impacto o inmediatamente antes de él para no ser desmontado, era verdaderamente mortal. Como nos cuentan los especialistas en esta materia:
“Si se piensa en la gran eficacia de una lanza, aun con una sola punta, creo que la macedonia con su segunda cabeza afilada detrás es superior a cualquier otra de épocas posteriores. Teniendo en cuenta la gran habilidad que hace falta para manejar incluso una lanza de una sola punta, me parece que el lancero helenístico con su mayor número de golpes y maniobras, que exigían más capacidad e instrucción, estaba por encima de cuantos han venido después. Si se considera que la caballería helenística no tenía estribos, sin que por ello pareciera menos eficaz en el combate que la napoleónica, sus destrezas y logros resultan realmente asombrosos. El elevado nivel de instrucción y, por tanto, de costo que hacia falta para desplegar hombres que manejasen con eficacia combativa la sarisa de caballería de doble punta puede explicar la razón de su definitiva desaparición y de su sustitución por la lanza de punta simple.”
Además de la caballería de los compañeros, Filipo uso tracios exploradores (probablemente macedonios, pero no Compañeros) y peonios. Cinco de estos escuadrones, con un total de 1000 hombres, fueron con Alejandro a Asia. Al parecer, iban armados como caballería ligera, con jabalinas en lugar de lanzas (salvo los exploradores) y se empleaban a vanguardia del ejército en misiones de reconocimiento y como escaramuzadores. Para la caballería pesada se utilizaba, además, a los tesalianos, que combatieron al lado de Filipo en Queronea. Armados de lanzas, quizá no tan pesadas como la sarisa de la caballería macedonia, combatían tradicionalmente formando en rombo, lo que impartía más masa y peso a la punta de la cuña.