domingo, 29 de marzo de 2009

Felipe Varela, el último gran caudillo federal

El 9 de noviembre de 1866 se produce en Mendoza la “revolución de los colorados”, cuyo jefe político es el Dr. Carlos Juan Rodríguez, y cuyo jefe militar es Juan de Dios Videla. El contingente que debía ir a cumplir servicio en la guerra contra el Paraguay, se subleva uniéndose a los revolucionarios. El gobernador es derrocado y en su reemplazo asume Rodríguez, amigo del caudillo catamarqueño Felipe Varela. Inmediatamente la insurrección se extiende a San Juan, donde toma el poder Felipe Saa. Poco después es derrotado Paunero por los federales al mando de Francisco Álvarez en San Luís. Todo Cuyo (la región del Cuyo la comprenden las Pcias de San Juan, San Luís y Mendoza), estarán pronto en manos de la montonera, cuyo emblema es la divisa punzo. Pocos días mas tarde, Felipe Varela cruza la cordillera. “…Todo estimulo poderosamente al patriotismo argentino, que ya estallaba estrepitosamente en Mendoza el 9 de noviembre de 1866”, dirá el propio Varela. Los pueblos se conmovían, se agitaban tumultuosa pero sordamente, llorando su libertad perdida y dispuestos a hacer un esfuerzo para reconquistarla. El General Mitre, entre tanto, redoblaba su presión y su energía, infundiendo el terror y el pánico donde quiera, lanceando por centenares a ciudadanos pacíficos y cometiendo toda clase de excesos en las personas de aquellos que creía no partidarios de su política. Entonces, llevado del amor a mi patria y a los grandes intereses de la América, amenazada por la corona de España, creí un deber mío como soldado de la libertad, unir mis esfuerzos a los de mis compatriotas, invitándolos a empuñar la espada para combatir al tirano que así jugaba con nuestros derechos y nuestras instituciones, desertando sus deberes de hombre honrado y burlando la voluntad de la Nación. Y en efecto así lo hice, lanzando a los pueblos argentinos, desde la cumbre de la cordillera de los Andes, el 6 de diciembre de 1866, la siguiente invitación: “PROCLAMA”

“¡Argentinos! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en 100 combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres más grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el General Mitre, gobernador de Buenos Aires.
La mas bella y perfecta Carta Constitucional democrática, republicana, federal, que los valientes entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en caseros al centralismo odioso de los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año 61 hasta hoy, por Mitre y su circulo de esbirros. El Pabellón de Mayo, que radiante de gloria flameo victorioso desde los Andes hasta Ayacucho y que en la desgraciada jornada de Pavón cayo fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre –orgullosa autonomía política del partido rebelde-, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero-Bellaco, Tuyuti, Curuzo y Curupayti. Nuestra nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en mas de 100.000.000 de pesos fuertes y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño que, después de la derrota de Cepeda, lagrimando juro respetarla. COMPATRIOTAS: desde que Aquel (se refiere a Mitre) usurpo el gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre. Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio, Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos, Irrazabal y otros varios oficiales dignos de Mitre.
Empero, basta de victimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin conciencia.
Cincuenta mil victimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio flagrante de la triste e insoportable situación que atravesamos y que es tiempo ya de contener. ¡VALIENTES ENTRERIANOS!
Vuestros hermanos de causa en las demás provincias os saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de armas, al el magnánimo Capitan General Urquiza, os acompañara y bajo sus ordenes venceremos todos, una vez mas, a los enemigos de la causa nacional. A el y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caseros, de cuya memorable jornada surgió nuestra redención política consignada en las paginas de nuestra hermosa constitución, que en aquel campo de honor escribisteis con vuestra sangre.
¡ARGENTINOS TODOS! Llego el día de mejor porvenir para la patria. A vosotros cumple ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el pabellón de Belgrano para enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos. COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS!... Es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos argentinos.
¡Abajo los infractores de la ley!. ¡Abajo los traidores de la patria! ¡Abajo los mercaderes de Cruces en la Uruguayana, a precio de oro de lágrimas y de sangre argentina y oriental!
¡Atrás los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente! ¡SOLDADOS FEDERALES! Nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay y la unión con las demás Republicas Americanas. ¡Ay de aquel que infrinja este programa!
¡COMPATRIOTAS NACIONALISTAS! El campo de la lid nos mostrara al enemigo; haya os invitan a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo.

FELIPE VARELA”
“Campamento en marcha, diciembre 6 de 1866”