miércoles, 18 de marzo de 2009

Artillería ligera; el mortero (parte final)

Las granadas de mortero tienen una forma característica que las distingue de los demás tipo de granadas. Al ser el mortero un arma de ánima lisa y, por consiguiente, no salir el proyectil girando sobre su propio eje, es necesario estabilizarle para conseguir una trayectoria limpia y, como consecuencia, obtener precisión. Es por esto por lo que se le dota de una cola provista de aletas, semejante a una bomba. Se pueden distinguir las siguientes partes:

Cabeza-
parte sobre la que va colocado el mecanismo de percusión, espoleta. Esta es la encargada de producir la explosión de la carga de la granada, bien al chocar contra el suelo o bien en un punto de su trayectoria.Cuerpo- parte de acero torneada que contiene la carga explosiva. En el va colocada la banda de forzamiento, pieza hecha de cobre o de latón que tiene como misión el obtener el ajuste de la granada dentro del anima del cañón, y evitar de esta manera el escape de gases propulsores. Cola estabilizadora- formada por un tubo cilíndrico hueco y agujereado en el que se introduce el cartucho de proyección y sobre el cual se colocan los suplementos de pólvora que aumentaran el alcance del disparo. Las aletas estabilizadoras que en número de cuatro o seis se encargan de dotar a la granada de una trayectoria limpia. Una vez asentada el arma, se coloca la burbuja del nivel horizontal para conseguir colocarla paralela al suelo, es decir que el plano sobre el que se mueva el eje del cañón sea perpendicular al plano de tierra. Tras esto, colocar en el goniómetro el ángulo de tiro elegido y hacer subir o bajar el cañón hasta calar la burbuja del nivel de este. Girar el acimut hasta que el tubo este enfrentado al objetivo. Así estará dispuesto el mortero para hacer fuego con la puntería y alcance deseado.
A continuación se prepararan las granadas que se vayan a lanzar. Si el disparo va a realizarse tirando del tirafrictor, se habrá puesto la aleta del seguro en tiro manual. Introducir la granada por el cañón dejándola caer por su propio peso, cuando llega al final del tubo se tira del tirafrictor, produciéndose entonces el disparo. Si lo que se pretende es obtener disparos seguidos sin intervención manual del tirador, se coloca la aleta del seguro en automático y entonces al dejar caer la granada por el cañón y llegar al fondo del mismo se produce el disparo por quedar la aguja percusora asomando y ser el pistón del cartucho de proyección el que choca contra ella. Con la práctica se logran colocar en el aire del orden de 25 a 30 disparos por minuto, lo que es una considerable cadencia. El mortero de mano de pequeño calibre y fácil transporte tuvo su época de oro durante la Segunda Guerra Mundial. La mecanización de las unidades de hoy día permiten el uso de morteros mas pesados y eficaces. Por otra parte, el cambio que ha sufrido la táctica con la guerra moderna hace inútil el empleo del mortero de este tipo, que ya en la actualidad ha quedado en desuso salvo en algunas unidades especiales, como pueden ser las de montaña. A pesar de ello pronto desaparecerá para dejar paso a sus hermanos mayores y solo permanecerá en el recuerdo de los que algunas vez tuvimos la suerte de poder usarlo.