domingo, 22 de marzo de 2009

El descarado ladrón ingles consuma el robo. Malvinas Argentinas (parte final)

El 2 de enero de 1833 apareció fondeada en Puerto Soledad la corbeta inglesa “Clio”.
Como correspondía, Pinedo mando a uno de sus oficiales en visita de cortesía a la nave inglesa y a cambio recibió una intimación para arriar el pabellón Argentino y desocupar las islas.
Pinedo, en un primer momento, reacciono como correspondía.
La situación que enfrentaba era difícil, su buque era muy inferior desde el punto de vista bélico al ingles, aunque podía hacer una defensa honrosa por algún tiempo, pero tenia otros inconvenientes. La gente que tenia a bordo era en su mayoría inglesa, y solamente unos pocos eran criollos. El segundo de abordo, el Teniente Elliot, era estadounidense. Consulto a todos: los ingleses manifestaron que cumplirían con su deber, el práctico que se desempeñaría como tal pero que no combatiría. Los cinco grumetes criollos, muchachos entre 15 y 20 años de edad, dijeron que combatirían, y la tripulación, de unos 80 hombres, manifestó que seguiría las órdenes que se les dieran. Empezó entonces Pinedo a ejecutar su plan, que era el correcto. Llamo a Gomila, que estaba preso lo liberto, le dio armas para los 18 soldados que quedaban en la guarnición de tierra y se dispuso a cumplir sus instrucciones. Antes de salir de Buenos Aires le habían entregado el código de honor naval, en el cual en su artículo noveno recomendaba que en caso de que el pabellón nuestro fuera afectado por una potencia extranjera con ocupaciones o ataques, debería defenderlo, hasta las últimas consecuencias, estas instrucciones inician el sumario. Pero a medida que pasaba el tiempo, la fe de Pinedo fue decayendo. Pinedo había sido oficial del Almirante Brown en la guerra con el imperio, en realidad nunca se destaco por su valor. En el combate de Quilmas tenia el buque mas velero; no obstante, mientras la goleta “Río” al mando de Rosales estuvo al lado de la fragata “25 de mayo”, buque insignia de Brown en ese combate, Pinedo se alejo hacia la costa. Lo cierto es que volvió a insistir ante el comandante ingles Onslow, quien ni siquiera lo recibió. A la mañana siguiente, Pinedo, en lugar de defenderse, como habían hecho los ingleses al evacuar Puerto Egmont, lamentablemente no hizo nada. A las 9 de la mañana del 3 de enero de 1833 los ingleses desembarcaron, primero izaron en un mástil que traían, la bandera inglesa, luego arriaron la nuestra, la plegaron pulcramente y se la enviaron a Pinedo para que se la llevara. Esa tarde, Pinedo con unos cuantos habitantes a bordo, abandono las islas y puso proa a Buenos Aires. Cuando Pinedo llego a Buenos Aires, el almirante Brown estaba en la Colonia y regreso a la Capital, se presento inmediatamente ante el gobierno por si fuesen necesarios sus servicios. Mientras se efectuaba la protesta diplomática, se levanto un sumario para aclarar los hechos: en el mismo se trato todo lo sucedido, el problema de la guarnición, el asesinato, etc.
El Sargento Saenz Valiente, el asesino de Mestivier, fue fusilado en la Plaza Mayor previa amputación de la mano derecha. Junto con él fueron fusilados 6 cabecillas que habían participado del asesinato. En cuanto a Pinedo, se le aplicaron cuatro meses de suspensión de empleo, castigo muy leve, y fue separado de la marina y destinado al ejercito. (esto tiene su aclaración, y es la siguiente: con el grado que tenia Pinedo, que era un grado de Jefe, en el ejercito no iba a poder tener mando independiente, mientras que en marina podía comandar una nave y ya había demostrado que era incapaz de enfrentar una situación riesgosa). A partir de entonces comenzaron las reclamaciones Argentinas, hechas en primer término por Manuel Moreno. Se le contesto que los ingleses nunca habían renunciado a su soberanía a las Islas Malvinas. Cuando se hizo otra, varios años después, Inglaterra informo que no había ninguna cuestión sobre las Malvinas, que realmente no se tenía constancia que se tuviera ninguna cuestión pendiente sobre ellas. Desde entonces comienza la usurpación inglesa, basada en la fuerza, y cometida contra una nación amiga con la cual se estaba en paz; demostrando una vez más el carácter cobarde, traidor y malicioso de ese impuro pueblo de piratas y ladrones. Las negociaciones en el siglo XX progresaron muy lentamente; pero los argentinos procediendo con paciencia y serenidad, estamos sin embargo convencidos que la única solución posible es la devolución de las islas a nuestra soberanía, y en ello no cejaremos jamás. Sin embargo, también pretendemos que la solución no se dilate excesivamente.