miércoles, 25 de marzo de 2009

Los comandos, la elite guerrera (primera parte)

El comando es ese hombre que por sus cualidades y entrenamiento forma parte de un grupo de soldados capaces de enfrentarse a las misiones más difíciles.
El entrenamiento físico, duro y continuado hace de él un atleta preparado para cualquier esfuerzo. Su formación técnica va mucho más lejos que la de cualquier soldado, adiestrándolos en el manejo de numerosos tipos de armas, explosivos, vehículos e incluso sistemas de comunicaciones. Hasta su mente es preparada: ha de saber vencer la tensión, dominar el miedo, lograr la suficiente agilidad mental para salir de cualquier situación y cumplir su objetivo. Quizá se trate con todo ello de alcanzar una utópica perfección “el súper soldado”.
Los comandos, fuerzas especiales, etc., pueden denominarse de distintas formas según el país o el ejército al que pertenezcan, pero son en suma quienes deben realizar misiones especiales, que todo un cuerpo de ejército no podría llevar a cabo y que una docena de hombres pueden solventar. Los objetivos del comando son innumerables: volar un puente, eliminar determinado elemento enemigo; obtener información, e incluso infiltrarse tras las líneas contrarias y crear confusión en las comunicaciones y abastecimientos. Por supuesto que la preparación y las armas de que disponga un miembro de las fuerzas especiales de algún país poderoso, no serán iguales a la de otro de un país mas pobre, pero de seguro que en ambos casos se utilizan algunas técnicas muy parecidas y armas no estandarizadas en sus respectivos ejércitos. El factor sorpresa suele representar un inestimable aliado en las acciones de los grupos especiales independientemente de elegir el lugar y el momento idóneo para realizar una misión, los elementos del comando utilizan la técnica del enmascaramiento hasta en sus últimos grados. Es famosa y característica la imagen del comando con la cara y manos ennegrecidas por el betún o el tizne de un corcho quemado, aunque actualmente existe todo un surtido de maquillajes especiales para este cometido, con su indumentaria oscura y hasta un gorro para evitar los reflejos del pelo. Sin embargo, no es solo durante la noche cuando estos hombres han de actuar, por lo que durante el día su indumentaria ha de parecerse lo más posible al entorno que les rodea. Cada región, cada estación del año, etc., precisa un camuflaje determinado, por ello se estudian muy a fondo estas características a fin de lograr el mayor mimetismo posible.
La técnica fotográfica ha aportado un gran avance en la obtención de uniformes mimetizados, los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial ya empleaban este sistema. En la infantería de marina de USA se probo, tiempo atrás un traje Chillie, que es un uniforme normal, cubierto por tiras de arpillera de entre 15 y 39 centímetros de longitud, con distintas coloraciones y dispuestos a distintos niveles, colgando incluso del casco y cubriendo casi totalmente la cara. Con ello se logro mejorar, en ese entonces, el efecto óptico al eliminar la línea regular del cuerpo, y variando los colores y la construcción, el soldado podía pasar inadvertido a distancias increíblemente cortas. El ultimo caso, cuando no dispone del camuflaje apropiado, el comando llega a cubrirse totalmente de barro para que, una vez seco y ayudado de ramas y hojas, iguale su apariencia a la naturaleza que les rodea. Indudablemente el camuflaje es un arma fundamental para los comandos. En el entrenamiento de las fuerzas especiales las practicas de tiro tienen como es lógico, una gran relevancia y de estos hombres elegidos se escogerán los tiradores selectos, elementos que infiltrados en las líneas enemigas podrán realizar misiones muy importantes. Con solamente uno o dos tiradores de elite toda una unidad puede perder su eficacia. El efecto psíquico de recibir fuego con mayor o menos efectividad, pero sin saber de donde proviene puede ser mas eficaz que un verdadero asalto. Otra razón para el empleo de francotirador puede ser la de eliminar a un individuo determinado por el efecto desmoralizador que puede representar, también con él se consigue un preciso apoyo de fuego para sus propias tropas en un asalto, entorpecer las comunicaciones y el aprovisionamiento e incluso poner fuera de servicio armas y equipos enemigos al eliminar a sus servidores. Por supuesto que las armas que los franco tiradores emplean son escogidas por su precisión y eficacia probada, reajustadas de visores telescopicos.